Cenit y declive del turismo en Canarias
Juan Jesús Bermúdez Ferrer *
Canarias está afrontando en
esta primera década su techo en la entrada de turistas a las islas y,
previsiblemente, su declive posterior. Desde el año 2001/2 la cifra de turistas
extranjeros llegados a las islas ha disminuido de forma constante, con la
salvedad de este pasado año 2006, en el que se mejoraron algo los datos del año
2005. Sin embargo, ya parece difícil conseguir las cifras de entrada de
turistas alcanzadas por las islas en los últimos años, pese al desmedido
triunfalismo que despliegan algunas administraciones e instituciones, quizás en
la búsqueda de neutralizar de cara a la opinión pública la constatación de un
hecho, fácilmente reconocible por los conocedores del sector: el modelo de
turismo de masas de las islas ha entrado en crisis de sobreoferta, y parece
inevitable un ajuste de carácter estructural de sus dimensiones. Poco importa
remontar hoy los datos de principios de la década, cuando las incertidumbres
que se ciernen sobre el sector tienen carácter crónico.
Los mismos estudios de Exceltur
o de Impactur reflejan estos riesgos de sobreoferta:
se ha constatado en este último quinquenio un descenso absoluto del gasto por
turista, de la estancia media y del precio del alojamiento, lo que está
acercando al sector al umbral de rentabilidad mínima en una zona que quiere
mantener volúmenes importantes de entrada de turistas. Los “saldos” permanentes
que ya emplea el sector en sus reclamos de clientes, así como la reconversión
de camas al sector de venta de propiedades son un síntoma claro de esta
situación de deterioro.
Los riesgos que afronta el principal sector empleador
de las islas son múltiples: la crisis energética global, por la llegada más o
menos cercana del cenit del petróleo supondrá un durísimo golpe para una
actividad económica muy intensiva en consumo energético. El Canadian Imperial Bank of Commerce advierte en
su último indicador mensual de diciembre de 2006 que el petróleo convencional
alcanzó su techo en el año 2004, y que desde entonces está declinando, y lo
seguirá haciendo probablemente ya de forma indefinida, por motivos geológicos.
Quien compensa ese declive hasta ahora, pero no por muchos años (quizás hasta
el año 2010), es el petróleo de aguas profundas, las “arenas bituminosas” y
otros tipos de petróleo “no convencional”. Es un crudo más difícil de refinar y
que inevitablemente provocará incrementos del precio del barril. No existe en
el mundo hoy ninguna aeronave que funcione con otro combustible que no sea el
queroseno, y éste subirá de precio durante los próximos años debido a la que
será una cada vez más insalvable distancia entre los menguantes recursos
energéticos fósiles y la creciente demanda. Las líneas de bajo coste, que
alimentan crecientes porcentajes de llegadas de turistas, y que nacen en una
estrategia de huida hacia delante del sector, tienen un umbral de tolerancia
más bajo ante esas subidas y, previsiblemente, como ya estamos viendo,
sufrirán duros golpes a su viabilidad. Gran Bretaña afronta el profundo declive
de producción del yacimiento del Mar del Norte: el país se está convirtiendo en
un creciente importador de petróleo y se ha embarcado, junto a los EE.UU. en el intento de aseguramiento bélico de
recursos petrolíferos en Oriente Medio. Alemania, por su parte, tiene ante sí
el reto de asegurar un suministro energético globalmente más inseguro, para
mantener el vigor de su economía, y no es fácil tarea ésta en los próximos
años, como nos ha adelantado el corte de suministro energético realizado por
Rusia recientemente. También el “cambio de ciclo económico” global tendrá
incidencia en el turismo nacional, con la subida de tipos de interés para el
hipotecado ciudadano, y la más que previsible reducción del consumo suntuario,
en el que el turismo ocupa un destacado lugar. La burbuja inmobiliaria está
desinflándose, siguiendo el curso de la estadounidense, y la “época de las
vacas gordas” estaría dando paso a una recesión más o menos prolongada. Algunos
hablan de una “segunda gran depresión”. La diferencia con anteriores periodos
de contracción es que, si atendemos a los llamamientos de los geólogos, cada
vez tendremos menos petróleo fácil, barato y accesible, y el turismo es uno de
los sectores más vulnerables ante esa situación. Quizás nos pueda “favorecer”,
como destino turístico, la inestabilidad geopolítica en Medio Oriente, ante un
previsible conflicto con Irán, así como la progresiva reducción de destinos de largísima distancia. Pero semejante e indeseable coyuntura
únicamente estaría anticipando una era de creciente pugna bélica por el
petróleo, derivando al mundo a un escenario poco propicio, desde luego, para la
práctica del ocio intercontinental. De hecho la tendencia, influida también por
el cambio climático, puede derivar hacia una “renacionalización”
de los destinos turísticos, y un acercamiento del comprador de estos servicios
a zonas más próximas a su lugar de origen.
Es paradójico que siga habiendo islas en Canarias que
estén promoviendo la incorporación de nuevas camas al mercado, o planificando
expansión de mercados. Paradójico que se conciten esfuerzos en incrementar la
oferta alojativa cuando hay síntomas tan evidentes de
saturación y declive. Los primeros perjudicados, ante esta planificación, serán
sin duda alguna los trabajadores del sector que, si no se evita, recibirán una
presión cada vez mayor sobre sus condiciones de trabajo y sobre la calidad y
cantidad del empleo que hoy se ofrece en el sector. Difícil dilema el que
debemos resolver, y requeriría la honesta participación de todos. De hecho,
quizás lo que habría que hacer es contemplar el escenario de forma
objetiva, alejarnos de la difícilmente comprensible autocomplacencia y asumir
las evidencias, para afrontar el reto más complejo que afrontará Canarias en
los próximos años, aunque no sea de nuestro agrado: la previsible constatación
de que el cenit y declive del petróleo traerá consigo el mismo fenómeno para el
turismo.
* Departamento de medioambiente de CC.OO.
Canarias.