La polilla de las papas, el cultivo de cereales y la trilla

Wladimiro Rodríguez Brito

El pasado 31 de agosto se celebraron en El Tanque sus fiestas de la Virgen del Buen Viaje, patrona del municipio de El Tanque, vinculada a la emigración, y muy relacionada con nuestras penurias económicas, desde Lanzarote a La Palma. Unos días antes, en San José de Los Llanos, también celebramos la ya tradicional fiesta de la trilla, una de las mayores eras de Canarias. Esta fiesta no debe pasar desapercibidas entre el cúmulo de festividades estivales porque tiene notables diferencias que le confieren un elevado valor etnográfico, es un intento de dar a conocer a las nuevas generaciones de la agricultura tradicional cerealista, que fue fundamental a lo largo de la mayor parte de nuestra historia, hasta bien entrada la segunda mitad del pasado siglo.

Esta cultura cerealista, hoy casi perdida, pretende ser conservada en un museo etnográfico local que será construido en el corto plazo, con el objetivo de dignificar el pasado agrario del maltratado occidente tinerfeño. Se trata de que este museo sirva de faro que alumbre el futuro, que permita alejar a las debilitadas naves agroganaderas de la Isla de los peligrosos acantilados costeros.

San José de los Llanos, la Tierra del Trigo y el Valle del Palmar, constituyeron los oasis cerealistas más importantes de todo el oeste insular. Esto no fue por casualidad máxime si tenemos en cuenta que al este nos topamos con los áridos e inhóspitos malpaíses del Chinyero. San José de Los Llanos se encuentra a tiro de piedra del sotavento insultar. Espacios rurales como Los Baldíos o Valle Santiago han estado severamente castigados por las dificultades geográficas, la escasez de agua, abruptos malpaíses recientes que recubren todo el suelo disponible. Más allá, hacia los límites occidentales, profundos barrancos y gigantescos acantilados complicaban aún más las labores agrícolas, hasta hacerlas casi imposibles.

Es un objetivo fundamental para todos nosotros revalorizar el cereal en la cultura agraria de las medianías de Tenerife. Es bien sabido por todos el daño que la polilla guatemalteca ha hecho estos últimos años al cultivo principal de este territorio noroccidental, las papas. Ahora bien, uno de los métodos que prevendrían este impacto en la agricultura de las medianías sería la reintroducción de la rotación de cultivos, es decir, tal y como hacían nuestros abuelos para garantizar la fertilidad de sus tierras y la salud de sus cultivos. Además, si pretendemos comer gofio que no sea transgénico habrá que producir cereal aunque sea en modestas cantidades, buscando que su producción más ecológica y natural pueda competir con los importados de cualquier lugar del planeta. Hay que insistir en que el monocultivo intensivo de papas agota la tierra y favorece a las plagas, por lo que el modelo actual está condenado al fracaso y a la extenuación del suelo agrícola. Es por lo que debemos releer algunas páginas del libro de nuestros antepasados y poner en práctica su experiencia, acumulada a lo largo de los siglos.

En ese sentido, la Fiesta de la Trilla ha de ser no sólo una revalorización lúdica de la actividad agraria sino que también debe llevar aparejada una siembra de valores hacia el futuro, con otra manera, más sana, equilibrada y ecológica, de entender la agricultura y la economía local e insular, más allá de que jóvenes y menos jóvenes puedan contemplar de nuevo cómo se separaba el trigo de la paja, al pie de la montaña de Tamaseche, donde se encontró hace unos años la piedra Zanata.

Historia, paisaje, cultura y salud constituyen las claves que justifican la necesidad de proteger nuestra agricultura tradicional, los productos del campo tinerfeños, cultivados con esmero y sin abusar de la química, tratando de proporcionar a los consumidores una oferta de productos más sostenibles y ecológicos que además sean de calidad. En definitiva, en la Trilla de San José, en el museo etnográfico y con la agricultura tradicional seguimos apostando por el futuro con lo mejor de las enseñanzas del pasado. Esperemos que no tengamos que recurrir a la Virgen del Buen Viaje y que, por tanto, no sea la compañera de próximas generaciones de isleños que tengan que emigrar por problemas sociales o económicos.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife