RCTV:
Se cerró, ¿y qué?
Marcelo
Colussi
Mucho se ha dicho ya sobre la no renovación de la
concesión del canal golpista Radio Caracas Televisión -RCTV-. La derecha se
empeña en presentar las cosas como un atentado a la libertad de expresión, como
un atropello dictatorial más del "régimen castro-comunista" del
tirano Chávez, tergiversando con ello la verdad de las cosas. Pero
tergiversación o no, sin dudas toda esa manipulación mediática algún efecto
tiene. Dentro de Venezuela vuelve a generar una partición de aguas polarizando
la opinión pública (cierre o no cierre), y hacia el exterior impone la imagen
de un atropello flagrante contra una libertad primordial ratificando que el
país vive bajo un yugo dictatorial.
Un porcentaje de la población -que lamentablemente no
es poco- ha quedado entrampado en esas redes de la desinformación terminando
por hacer el coro a toda esta infernal orquestación. Una vez más el país se
polariza y es llevado a la disyuntiva de todo o nada, Chávez sí o Chávez no,
supuesta libertad versus dictadura, "democracia" o "barbarie chavista". El mecanismo, en su esencia, es bastante
simple: a través de la continua mentira y el moldeamiento de opinión de la
prensa más golpista, buena parte de los venezolanos y venezolanas -clase media
y alta en lo esencial- ha sido conducida a un estado de confusión tal que no le
permite ver con objetividad lo que está sucediendo, al igual que en los
momentos más álgidos de las arremetidas antibolivarianas
como fueron los pasados intentos de desestabilización con paros y golpes de
Estado en el 2002/2003.
En Venezuela, quizá como en muy pocos países del
mundo, se respeta a rajatabla la libertad de expresión. Como parte de una
política de transparencia en derechos humanos (seguramente para no dar excusas
a la derecha nacional ni internacional en relación a denuncias de violaciones
en este ámbito, para evitar en todo lo posible la confrontación y el desgaste,
fundamentalmente con el imperio estadounidense) el gobierno bolivariano tolera
con la mayor (¡a veces increíble!) tranquilidad todo tipo de agresión mediática
por parte de la derecha. Cualquier observador imparcial que visite Venezuela
sin conocer en detalle los pormenores de la guerra mediática que se vive,
quedaría sorprendido -u horrorizado- al constatar el nivel de agresión por
parte de los medios comerciales hacia las políticas del gobierno o hacia la
figura del presidente Chávez, causante de todas las desgracias cósmicas según
ese discurso. Y quizá más sorprendido aún quedaría al ver la paciencia con que
el gobierno bolivariano soporta esos ataques. De hecho, la cara visible de la
oposición política, sus verdaderos operadores hoy por hoy son los medios
comerciales de comunicación. El canal televisivo RCTV ha sido, seguramente, uno
de los más emblemáticos al respecto.
Después del triunfo en las elecciones presidenciales
del pasado diciembre, la figura de Hugo Chávez y todo el proceso bolivariano
salieron fortalecidos. A partir de ese momento surge la idea de comenzar a
tener una relación distinta con estos medios contrarrevolucionarios. Algunos
canales televisivos comerciales, negociaciones por medio, morigeraron su
discurso anti gobierno. Pero otros, como el caso de RCTV y también Globovisión, siguieron siendo la avanzada beligerante de la
oposición y de la estrategia de Washington. En esa nueva dinámica post
electoral, el gobierno revolucionario tomó la decisión de enfrentarse a este
medio golpista, asumiendo el costo político que ello pudiera ocasionarle
amparado en su fortalecimiento y su legitimación por la vía democrática y en la
movilización popular que viene ganando terreno. Fue así que decidió no renovar
la concesión del espacio radioeléctrico a la empresa 1BC del empresario
golpista Marcel Granier, concesionaria de la señal
desde hace más de cinco décadas.
Están fuera de discusión los aspectos
administrativo-legales en torno al hecho. Ya se ha dicho hasta el hartazgo
-aunque los medios golpistas no lo presenten así- que no se trata de un cierre
sino de una no-renovación. El Estado, como dueño del espacio radioeléctrico,
tiene toda la potestad para decidir a quién otorga esas concesiones. Pero desde
una posición de victimización la derecha insiste en
mostrar el supuesto atropello en juego, el atentado contra la libertad de
prensa. Y sobre esa patraña ha montado una enorme campaña tanto nacional como
internacional.
¿Y por qué un gobierno revolucionario no puede CERRAR
un canal golpista? ¿No es potestad (¡obligación! incluso) de un proceso
revolucionario barrer con las estructuras anteriores contra las que,
justamente, arremete? ¿No es eso, precisamente, una revolución: el proceso por
el que se transforma todo, por el que se pone "patas arriba" todo,
por el que no queda ladrillo en pie y se comienza algo nuevo? ¿Las revoluciones
no se hacen para cambiar y mejorar el estado actual?
Hacia fines del pasado siglo con la caída del bloque
soviético y la entrada del capitalismo en China, el socialismo pareció "pasar
de moda". Pero la revolución bolivariana rescató esos sueños mostrando que
las utopías siguen siendo posibles (¡y necesarias!). Claro que la monumental
paliza sufrida por el campo popular estas últimas décadas no pasó en vano: los
retrocesos en las conquistas populares fueron notorios, y todavía no terminamos
de recuperarnos. Ahí están la precarización laboral,
las impagables deudas externas de los Estados del Sur, las recolonizaciones que
implican los tratados de libre comercio, el rosario de bases militares de
Washington por todos los puntos del planeta. Aunque, sabiendo de la crudeza de
este escenario, el proceso que vive Venezuela sirve como fuente de esperanza
para la izquierda y los movimientos sociales de todo el mundo. Los cuales, es
importante remarcarlo, están resurgiendo con gran energía nuevamente.
Ahora bien: la fuerza de esa avanzada de la derecha de
estos últimos años dejó marcas muy profundas. Hoy día ser de izquierda, volver
a hablar de socialismo, volver a levantar banderas antiimperialistas, no es
fácil. Por eso el proceso venezolano va con tibieza, con muchas precauciones
(demasiadas, incluso, para los sectores más radicales). El contexto global no
es, por ejemplo, el de Cuba en la década de los 60, o el de Vietnam en los 70;
hoy día no hay -o no había hasta ahora- mayor espacio para nacionalizaciones,
expropiaciones, para proyectos socializantes. Y si la revolución bolivariana,
en estos primeros años de existencia, se movió con toda esta tibieza, casi sin
tocar cuestiones de estructura (la "revolución bonita"), ello se
debió a esa coyuntura que la fuerza a ser extremadamente prudente.
Pero los procesos comienzan a acelerarse. El empuje
popular va ganando terreno y en el mediano plazo se deberán ir dando
definiciones cruciales: la revolución puede seguir el camino del reformismo o
de su profundización. La medida que ahora se toma con el canal RCTV puede
marcar el camino: es probable (y debemos empujar para que así suceda) que se
radicalice. El poder popular, la auténtica participación desde abajo es la
única garantía que se elija el camino de la profundización.
En nombre de la cacareada libertad de expresión (que,
en realidad, no es sino libertad de empresa), los medios comerciales de
comunicación ponen el grito en el cielo por este supuesto "cierre".
Pero en realidad, si bien técnicamente no es un cierre, funciona como tal. Aunque
veámoslo desde otro punto de vista: el día domingo 27 de mayo se cerró el
proyecto golpista y de la peor calidad ideológica que era RCTV. ¿Y qué? ¿Gana o
pierde el pueblo con ello? ¿Ganan o pierden el proceso revolucionario y la
construcción de una sociedad distinta con esta medida? ¡Ganan!, sin la más
mínima sombra de duda.
Algunas décadas atrás, con un campo socialista vivo y
poderoso, era más fácil cerrar un medio golpista de la derecha. Hoy, luego de
la derrota que hizo retroceder al campo popular en conquistas históricas,
pareciera que hay que pedir permiso para hacer la revolución. ¿Pero no llegó la
hora de tomar la iniciativa? Si la revolución cierra un canal de la derecha,
golpista y ultra reaccionario como RCTV (y además, muy malo estéticamente):
¿qué? ¿Invaden los marines? Si no se toca ningún medio comercial, esos que
viven jugando a la desestabilización de la revolución y transmitiendo los más
repulsivos valores del capitalismo, si por el contrario se les trata
acarameladamente, no se les amenaza: ¿garantiza eso que no invadirán, que nos
respetarán o que la aristocracia dejará de ser golpista? En definitiva, ¿cómo
se hace una revolución: buscando hacer buenas migas con el enemigo de clase, o
mostrando los dientes cuando es necesario?
La lucha de clases, aunque la revolución sea
"bonita" y hasta ahora no haya disparado un solo tiro, sigue
presente. ¿Por qué habría de desaparecer? Y si algunas grandes empresas
mediáticas llegaron a algún pacto de no-agresión con el gobierno (el caso del
grupo Cisneros, por ejemplo, los grandes magnates de las comunicaciones),
¿significa eso que la guerra terminó? Quizá la acumulación de fuerzas por parte
del campo popular pueda estar dando ahora la posibilidad de plantearse
políticas que algunos años atrás se veían demasiado osadas, demasiado
"socialistas". Y si así fuera, ¿no es eso un adelanto popular?
No sabemos qué vendrá a partir de la reacción de la
derecha del lunes 28 con la nueva señal; por lo pronto vemos que se acaba de
montar una monumental campaña comunicacional de desprestigio -nacional e
internacional- que está intentado dejar al gobierno como una tiranía
sangrienta, preámbulo de cualquier tipo de intervención externa.
En lo tocante al nuevo canal propiamente dicho hay
muchas expectativas, quizá demasiadas. Es un tanto ampuloso decir que ahí nace
una "nueva televisión". De hecho el Estado mantiene ya canales bajo
su administración, y muchos canales alternativos independientes están en
sintonía con la revolución bolivariana. En todo ese campo tenemos ya la nueva
televisión, por lo que no es correcto decir que sólo con la señal que ahora
usufructúa la empresa de Marcel Granier, a partir de
la expiración de su concesión vendrá la nueva propuesta. Y nada asegura que
allí tendremos la mejor televisión. Pero definitivamente lo que es un paso
adelante es que ya no estará al aire el proyecto de RCTV, que no sólo es
detestable por golpista, sino que debe ser sacado de circulación porque es un
bastión de la cultura capitalista con toda su carga de valores, que son
precisamente los que una revolución debe transformar: consumismo, machismo,
racismo, autoritarismo.
Si hoy el escenario mundial no fuera el que es luego
de estas décadas de ultra liberalismo, de entronización del capital sobre las
fuerzas del trabajo y de hegemonía militar unipolar absoluta; en otros
términos, si hoy el campo socialista no estuviera tan debilitado: ¿sería tan
escandaloso cerrar un medio de comunicación del enemigo de clase? ¿No es eso lo
que continuamente vivió haciendo la derecha con cuanta propuesta contestataria
surgió? No se trata de repetir lo que hace la derecha, obviamente. En modo
alguno estamos justificando -y muchísimo menos aplaudiendo- las prácticas
dictatoriales. Pero llega un momento donde inevitablemente la
"armonía" social entre las clases enfrentadas se rompe. La
convivencia pacífica tiene límites, y la resolución consensuada de conflictos
no alcanza para la dinámica social, para la lucha de clases. Allí no hay
diplomacia: hay violencia estructural, guerra, y así siempre trató la clase dirigente
a los trabajadores. ¿Hasta dónde un gobierno revolucionario debe seguir
tolerando la embestida mediática de la derecha? ¿No es esta medida tomada una
obligación revolucionaria? Insistimos con la pregunta: ¿no es que estamos en
revolución? ¿No es que estamos construyendo un nuevo mundo? "Para hacer
una tortilla hay que romper algunos huevos", inexorablemente.
Todo esto, sin dudas, remite a cuestiones básicas en
relación a la construcción del socialismo: ¿cómo se edifica una nueva sociedad
con los viejos sectores y las viejas prácticas culturales que aún persisten?
¿Se debe pasar por las armas a cuanto "reaccionario
contrarrevolucionario" ande por ahí? ¿O son esos excesos, justamente,
contra los que debemos estar precavidos para evitar repetir errores de las
pasadas experiencias socialistas? De todos modos el debate está abierto en
torno a ese tema: ¿qué sucede con los sectores que no se alinean con la
revolución sin ser la aristocracia propiamente dicha? ¿Hasta dónde es posible y
conveniente negociar con el enemigo de clase? ¿Cuándo la revolución debe
ponerse firme y tomar decisiones fuertes como el cierre de un medio
reaccionario y golpista?
En definitiva, más allá de la propaganda de la derecha
y de todas sus campañas mediáticas sensibleras apelando a la indefendible
libertad de expresión irrestricta y absoluta (que, ingenuidades aparte, no
existe -ni puede existir- en ningún lugar), ¿no es un signo de fortaleza
revolucionaria poder tomar una medida fuerte como la de poner un alto al
enemigo y no permitir seguir saliendo al aire a RCTV? Sin repetir en forma
mecánica el esquema de "dictadura del proletariado" -que la
experiencia nos enseña tuvo más de dictadura que de proletaria- ¿no es una
buena noticia para el campo popular poder mandar cerrar un instrumento del
enemigo de clase? ¿Debemos sentir miedo por cerrar una herramienta de
dominación que lo único que hizo durante décadas es atrasar/dominar al campo
popular?
En definitiva: si es cierto que se CIERRA este canal,
¿qué?