DESDE EL GUINIGUADA

LAS CHARCAS DE SAN LORENZO

Félix M. Arencibia

La primavera se emperifolla maquillándose con los rayos de Magec que abrasa a nuestro Archipiélago Canario. Gara Sánchez, está extasiada por el embrujo de la luz azul de la tarde. Mientras, recuerda la zona de las Charcas de San Lorenzo que conoce, pues ejerce de trabajadora social en el barrio de Tamaraceite. Recuerda el platanar que existía hace unos años y cómo ha ido disminuyendo. Esta zona estaba condenada a convertirse en un campo de golf y solar para unos chalés, cuando escasean las zonas verdes en la capital. Las Charcas de San Lorenzo son el hábitat de numerosas aves migratorias y el almacenamiento del agua para regar la zona agrícola. Los vecinos y grupos ecologistas han luchado para que se conserve su uso y se respeten los valores ambientales. Este paisaje, en tiempo de los primeros canarios, estuvo ocupado por un gran bosque de palmeras, de ello procede el nombre de Tamaraceite: atamaraseid-tamarasayte. Actualmente aún existen palmeras de una gran altura que espera Gara que se conserven e incluso se multipliquen para completar este hermoso paisaje.

Con la resolución del cabildo, aprobada por mayoría de los partidos, parece que al fin los políticos se han dado cuenta que no se puede invadir con el cemento y el césped todas las zonas de la isla. Los grupos ecologistas se han enfrentado a los intereses, a veces depredadores, del gigantesco poder económico en todas las nuestras Islas Canarias. Su lucha tendría más eficacia si tuvieran más apoyo de todos los canarios y residentes sensibles a una adecuada calidad de vida.

El problema ahora es que se respete lo acordado por la corporación cabildicia y qué se va a hacer con esos terrenos. Habría que mantenerlos en parte como zona agrícola y a la vez como disfrute de sus diversos valores ambientales. Extrapolando al ámbito de la isla, la agricultura puede ser un medio que en parte abastezca a la población residente y turística. Tendría que ser una agricultura reciclada y ecológica que permitiera vivir dignamente a nuestros pequeños agricultores. El aprovechamiento del agua, tanto de las lluvias, las residuales y las potabilizadoras, ha de producir un líquido más barato y competitivo. Habría que apoyar nuestros productos agrícolas y menos a los procedentes del exterior. Con la agricultura también se crea paisaje y se establece una alternativa al monocultivo turístico. Esto puede parecer utópico, pero cree Gara, según le ha contado su tío Teodoro, el agricultor, sería viable si hay voluntad política.

Esta decisión, tomada con la zona de las Charcas de San Lorenzo, ojalá sea el inicio de la toma de conciencia de los políticos, de la importancia y rentabilidad que tiene la conservación de nuestro medio ambiente. Debería ello extenderse a todo nuestro Archipiélago y se evitarían todos los atentados ecológicos que se dan en todas nuestras islas. Gara Sánchez, mientras, evoca los versos que le producen la magua: "Llorando están nuestros mares / llorando por tanto cemento / ya no contemplan las islas, / sus cuerpos encendidos de flores / como sus los ojos la vieron".

Felix194@hotmail.com

SUMARIO:

─ Los vecinos y grupos ecologistas han luchado con tenacidad para que se conserve su uso y sus valores ambientales.

─ Ojalá sea el inicio de la toma de conciencia de los políticos de la importancia y rentabilidad que tiene la conservación de nuestro medio ambiente.

─ Con la agricultura también se crea paisaje y se establece una alternativa al monocultivo turístico.