DESDE AJODAR

"EL CHARCO", EN LA ALDEA

Jose Almeida Afonso

"El Charco", en la Aldea, un homenaje a nuestros antepasados como forma de mantener vivo su espíritu.

Muchas son las celebraciones festivas que en la época veraniega, sobre todo, engalanan a la mayoría de los municipios canarios.

Romerías, ofrendas a los santos patronos y procesiones reúnen a los feligreses en un rito común. La mayoría de ellas tienen su origen en la tradición cristiana y datan de los primeros años de la invasión castellana -no conviene olvidar que la conquista se haya todavía inconclusa. Mientras que de uno, un/una solx canarix insumisx, rebelde, libertarix, alzadx, no se puede decir que la conquista se completó plena- y la posterior colonización.

Sin embargo, existen algunas fiestas en Canarias que hunden sus raíces en los ritos ancestrales de los primeros pobladores de estas ínsulas y que, por lo menos para mí, es incompresible que hayan sobrevivido, que hayan pervivido hasta nuestros días, aunque perdieran con el paso de los años su sentido originario.

Son ritos claramente "paganos" desde la óptica del colonizador y por lo tanto, contrarios a su idea de dominación y poder sobre la población que sobrevivió a la barbarie de las sucesivas guerras.

Dos de las fiestas/ritos más famosxs y celebradxs de todas las islas son "La Rama" y "El Charco" en la isla de Tamarant: "La Rama" -existe una "Bajada de la Rama" desde el Pinar de Tamadaba (Agaete); otra, la popular "Rama" desde el casco de Agaete hasta el puerto de Las Nieves y "La Rama" de La Aldea-, y "El Charco", en La Aldea.

Estos ritos/celebraciones son testimonio y ejemplo de que no acabaron con toda la población canaria y que, aún, después de vencidos fueron capaces de mantener en pie dos de sus ritos ancestrales más arraigados entre nuestros antepasados.

**

Pero las preguntas que sólo alcanzan a responderse con hipótesis, no con certezas, siguen ahí: ¿Porqué los responsables clericales que venían con los conquistadores a evangelizar a "los pobres salvajes sin alma" que vivían en las islas, y que de hecho bautizaron y cristianizaron a un buen número de elloxs, permitieron que se siguieran celebrando estos ritos "paganos" y claramente herencia de las creencias más arraigadas y sentidas de los primeros pobladores de estos territorios? ¿Lo tendremos que entender como un acto de bondad de los conquistadores hacia lxs canarixs que sobrevivieron a las terribles sangrías y guerras, a las deportaciones o a las esclavitudes? ¿O habría que entenderlo como una forma de resistencia de los canarios que sobrevivieron contra la forzosa cristianización y las nuevas formas de vida impuestas por los vencedores y que no pudieron hacer desaparecer?.

Las preguntas están ahí. Las respuestas también. Lo cierto es que cada 11 de septiembre lxs aldeanxs -y no pocxs canarixs venidos desde todos los puntos del Archipiélago- siguen celebrando a sus antepasados con el rito de "El Charco".

La actual fiesta de "El Charco" tiene su origen en una forma de subsistencia que utilizaban nuestros antepasados para buscarse su alimento. Un pueblo que encontraba uno de sus principales medios de alimentación en el mar. Cada cierto tiempo todos bajaban a la playa y se repartían el botín por cabeza, incluidos los niños que iban a nacer en el año.

En el Charco, en una zona conocida como Las Marciegas, cuando las filtraciones del valle formaban una gran laguna costera, una mar ciega, los antiguos canarios "embarbascaban", (adormecían a los peces utilizando las savias de los cardones y las tabaibas, que tenían el poder de narcotizarlos y así eran capturados con suma facilidad).

La riqueza que daba el agua era tan grande y celebrada que en un momento llegó a conocerse como la "fiesta de la embarbascá", aunque más tarde tomaría su actual nombre.

Esta fiesta adquirió un tono tan lúdico y desenfadado, que el obispo Francisco Delgado Venegas, en visita pastoral a La Aldea el 23 de agosto de 1776, cortó con un mandato episcopal, que caracterizó la modalidad típica de lo que hoy es la "fiesta del Charco". Después de este mandato, lxs aldeanxs para estar seguros de no caer en penas canónigas, comenzaron a arrojarse al Charco vestidos y con zapatos. El decreto -ordenado por el obispo Venegas- es digno de reproducir en parte por lo aberrante y oscurantista de su contenido.

Este venía a decir que "hallándose su Itma. Informado del desorden que siempre ha avido en este lugar quando se celebra la embarbasca o fiesta del Charco; que está donde dicen la mar ciega, echándose en él hombres y mujeres casi desnudos, olvidando con las obligaciones de cristiano, aquel pudor y vergüenza, natural de todo racional, pecando mortalmente en tal depravada diversión, no sólo todos los que se echan al Charco, sino también aquellos que sabiéndose frágiles y en peligro próximo de caer en alguna tentación se hallan presentes, por lo que siendo preciso de dar una providencia que corte este abuso perjudicial a las buenas costumbres".

*

La pena para los que incurrieran en tan "depravada diversión" era de "quatro" ducados de multa y de quince días de cárcel. Aún así, la fiesta del Charco nunca perdería su lado lúdico y desenfadado. Si no lean lo que le escribía Grau Bassas a un amigo el 18 de septiembre de 1887, un siglo después del famoso decreto episcopal:

Grau Bassas escribía un 18 de septiembre de 1887:

".Pues siendo al día siguiente la Fiesta del Charco debía asistir a ella. No puede Vd. Imaginarse nada más original que esa fiesta digna bajo todos los conceptos de ser presenciada tanto por gente estudiosa como por diletantes.

"Allí encontrará Vd. el tipo canario puro en la gran mayoría de los concursantes entregadxs a la expansión más sensual inimaginable. Las mujeres, en las cuales se conservan más pronunciados los caracteres de la raza, bailan y cantan, corren y luchan con verdadero frenesí y los alegres alaridos y los sones y la más espontánea expansión no cesa hasta las tres de la tarde en que el alcalde da la voz de ¡al charco!".

"Con anticipación hombres y mujeres provistos cada cual de sus arreos (cestos, guelderas, pedazos de red, etc.), se hayan preparados en la orilla y cuando suena la deseada voz todos se precipitan al agua con sus correspondientes chismes y no se preocupan de otra cosa que de recoger abundante pesca, de modo que el imprudente compañero o la inesperada piedra del fondo hacen perder el equilibrio a pesacadorxs tomando posiciones muy artísticas, sí, pero que no permite la iglesia y enseñando cosas que no son para ser vistas".

"Estos percances producen en el público estrepitosos aplausos y este jaleo sigue en aquellos organismos de bronce hasta que la noche no permite ver más y se retiran a sus casas cantando y sonando guitarras, corriendo y gritando como locos. ¿Cree Vd. que a descansar? No señor, a freír el producto de su pesca y a continuar el baile y el jaleo; esta gente tiene algo de demonio por lo incansable. Yo salí loco."

*

Y el "espíritu" lúdico, desenfadado, festivo no ha podido ser desterrado de esta celebaración después de casi seiscientos años de cruenta, voraz, infame colonización.

Lxs aldeanxs -así como muchos canarixs de todos los puntos de la geografía archipielágica- seguimos homenajeando la memoria de nuestros antepasados cada 11 de septiembre.

Para los canarixs que no hayan disfrutado, vivido, gozado de la "Fiesta del Charco", que no se lo piensen dos veces y se acerquen este año, el 11 de septiembre -una fecha tan significativa en muchos sentidos-, a conocerla en vivo y en directo. Están avisados con meses de antelación para que programen su agenda. No se arrepentirán.

20 mayo 2006