De Esaú y Jacob al Riquer y el Charco del Viento

Wladimiro Rodríguez Brito

A lo largo de los tiempos, en todas las sociedades y culturas encontramos tensiones antiguas o recientes entre los agricultores, por un lado, y los pastores y cazadores, por otro. Esto es tan viejo como la propia historia de la humanidad. El agricultor que lucha por defender un terreno concreto en el que ha puesto su trabajo y sus ilusiones, con un culto a lo permanente como apuesta para un futuro mejor para él y para los suyos, contra el recolector, el pastor y el cazador, que se apoyan en una actividad itinerante y coyuntural sobre el territorio, es decir, día a día. Sus lecturas del medio son contrapuestas y casi siempre chocan

El avance de la humanidad se estableció sobre el sedentarismo que la agricultura permitió por primera vez en el Neolítico, consolidando de esta forma la mayor revolución que ha experimentado el hombre desde que existe como tal. El "plato de lentejas" motivo de la disputa bíblica entre Esaú y Jacob aparece por doquier en casi todas las culturas, desde la antigüedad hasta los tiempos actuales. Se puede ver hoy mismo, en pleno siglo XXI, en la costa de Icod y La Guancha: los agricultores versus cazadores, cultivos versus campos de entrenamiento para perros de caza, en un territorio escaso y limitado, son las nuevas caras de esta antigua leyenda.

Las costas de estos dos municipios del norte de Tenerife se configuraban sobre un campo de lavas reciente, coladas y malpaíses que dibujan una áspera topografía en la que generaciones de agricultores han logrado sacar adelante importantes campos de cultivo. Asimismo, en esa escasa franja de tierra se han añadido nuevos usos del suelo, desde el residencial, con la proliferación de viviendas, hasta el industrial, pasando por urbanizaciones turísticas, espacios naturales protegidos, carreteras y pistas de acceso limitado, tierras de cultivo abandonadas, etc. Por si fuera poco, estos malpaíses constituyen un campo ideal para que proliferen los conejos y, por tanto, para el desarrollo de la actividad cinegética que -no olvidemos- practican de forma ordenada y legítima miles de tinerfeños desde hace muchas generaciones. Para empeorar la situación tenemos que el actual campo de entrenamiento es el único espacio habilitado para los cazadores de todo el norte tinerfeño, entre Acentejo y El Tanque.

A esta "ensalada" de intereses y presiones contrapuestas, se añade la inevitable politización de algunos para obtener ganancias del "río revuelto", en lugar de buscar el entendimiento y el diálogo, que es lo que persigue, sin lugar a dudas, el Cabildo Insular de Tenerife. Tenemos claro que las soluciones "salomónicas" son casi imposibles de conseguir cuando confluyen tantos usos poco compatibles en tan poco espacio, pero no es menos cierto que sólo a través de una búsqueda de acuerdos y consenso es factible convivir en paz en este territorio, respetando el bien ajeno y demostrando civismo y solidaridad. Los agricultores no deben salir perjudicados ni su actividad tradicional dañada por la caza, que debe continuar siempre que se respeten a las personas y sus bienes. No hace falta añadir que la actividad cinegética contribuye a la protección de la biodiversidad y de la propia agricultura, evitando la proliferación incontrolada de conejos, entre otras razones.

Desde el Cabildo Insular de Tenerife no escatimaremos esfuerzos por lograr acuerdos que permitan el uso racional del territorio, pero no es menos cierto que este tipo de problemas son cada día más habituales en Canarias, en donde la superpoblación de algunas islas, combinada con una cultura de consumismo en insolidaridad creciente, origina que este tipo de problemas aparezcan por doquier en cualquier ámbito del territorio. En primer lugar, hemos de dar una salida que garantice la actividad agrícola, dejando para el deporte el suelo no cultivado. Es evidente que los cazadores han de ser respetuosos con los agricultores, de lo contrario tendremos que suspender toda actividad cinegética en dicho territorio. No obstante, ésa debe ser la última medida a tomar. Primero debemos reclamar civismo y solidaridad a todos los implicados para resolver ciertas diferencias de forma cabal.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife