HUGO CHÁVEZ Y EL MARXISMO-LENINISMO

 

Teodoro Santana *

 

Suele ocurrir que quién encabeza una revolución no es quién mejor la comprende. Viene esto a propósito de unas declaraciones del presidente Chávez durante la transmisión del programa Aló, Presidente número 287, el pasado domingo 15 de julio de 2007.


En ellas afirmaba, por una parte, que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no tomará las banderas del marxismo-leninismo porque es una tesis dogmática que ya pasó y no está acorde con la realidad de hoy.


Además señaló que tesis como la de la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución están obsoletas. “El trabajo hoy es otra cosa, es distinto, está la informática y la telemática, y Carlos Marx ni siquiera podía soñar con estas cosas”, indicó.


De ser literales estas afirmaciones (y las tomo de www.aporrea.org), habría que hacer algunas observaciones.


En primer lugar, es cierto que el llamado marxismo-leninismo es una “tesis dogmática”: de hecho, no es más que una versión falseada y vulgarizada de las posiciones de Marx y de Lenin puesta en pie por Stalin y el stalinismo. Claro es que si es dogmático hoy, también era dogmático ayer. Pero eso no quiere decir que, porque hubo stalinismo, deba desecharse la obra de Marx y Lenin. Es como botar el niño con el agua sucia del baño. Tampoco deben culpa ni Marx ni Lenin de las discrepancias entre el PSUV y el Partido Comunista de Venezuela (PCV).


En segundo lugar, hay que precisar que lo que realmente expresó Marx es que la lucha de clases es el motor de la historia. «La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. El trabajo asalariado presupone, inevitablemente, la concurrencia de los obreros entre sí. Los progresos de la industria, que tienen por cauce automático y espontáneo a la burguesía, imponen, en vez del aislamiento de los obreros por la concurrencia, su unión revolucionaria por la organización. Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre que produce y se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores. Su muerte y el triunfo del proletariado sin igualmente inevitables»[1].


El papel del proletariado como sujeto revolucionario no viene dado, por lo tanto, por el tipo de herramientas o medios tecnológicos que use. Hugo Chávez confunde, como tantos otros, “clase obrera” (en el sentido de clase obrera industrial) con “proletariado”. Es decir, confunde la mecánica con las relaciones sociales.


No es casual que Marx y Engels utilicen el término proletariado. El mismo Engels aclara que “por proletariado se entiende a los asalariados modernos”. «El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX»[2].


Que estos asalariados usen máquinas de vapor u ordenadores no cambia la cuestión principal. Y la cuestión principal es que quienes no son dueños de los medios de producción deben vender su fuerza de trabajo (manual o intelectual) a los propietarios de esos medios. Ni la informática ni la telemática hacen obsoleta esa realidad. Más bien, y aunque Marx no era futurólogo, la hacen más viva y más actual cada vez.


Es muy socorrido el recurso de, para no tener que estudiar una cuestión, decir que ya está anticuada. Es como si dijéramos que la ley de la gravedad no funciona porque ahora a Newton no le caería una manzana en la cabeza sino un tarro de mermelada de manzana. O porque Internet “no tiene peso”.


Si deshecha al proletariado como sujeto revolucionario, el presidente Chávez debería decir qué clase social es el “motor” para construir el Socialismo. También es cierto que no cabe pedirle al líder bolivariano que sea lo que no es. De ser literales sus afirmaciones, queda claro que Chávez es un gran revolucionario antiimperialista, con una gran capacidad de improvisación y una gran voluntad, pero no un teórico socialista.

 

NOTAS.

[1] Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista.


[2] Friedrich Engels, Principios del Comunismo.

 

(*) Teodoro Santana es miembro del Consejo Nacional de UNIDAD DEL PUEBLO.

consejonacional@unidaddelpueblo.org