Chechenia no quiere ser rusa

Juan Jesús Ayala

Ya desde el año 1785, Rusia quiso penetrar en Chechenia para incorporar este territorio al imperio zarista, lo cual se tradujo de una manera violenta en una guerra que duró hasta 1791 con la retirada y derrota del ejército ruso.

No obstante y en otro período guerrero que va desde 1834 a 1859, Rusia lo intenta de nuevo y una vez más es derrotado por la resistencia chechena. Sin embargo, el empeño de los rusos y su apetencia da sus frutos por la vía de las armas, no por la decisión del pueblo checheno, y Chechenia queda incorporada al imperio ruso.

Andando el tiempo y después de amargas vicisitudes con la expulsión de numerosos chechenos fuera de su patria, en 1990 Zavgayev, miembro del Partido Comunista checheno, es elegido presidente del Parlamento de Chechenia emitiendo una declaración de soberanía. Y este mismo Parlamento al año siguiente declara la independencia de esta república. Y aunque Rusia no reconoce jurídicamente esta independencia, Chechenia funciona como un estado independiente, por lo cual es sometida a un embargo económico por Rusia. Y prácticamente, desde 1994 hasta hoy, el ejército ruso penetra en Chechenia y controla el poder por medio de unas elecciones antidemocráticas donde las fuerzas independentistas no tuvieron la opción de presentarse. Reseñar que la ocupación emperrada de los rusos costó más de 42.000 víctimas de civiles, se arrasaron hospitales, guarderías y no se respetó ni la vida de los niños ni de las personas mayores. O sea, que se ejerció por parte de Rusia un perfecto terrorismo de Estado, como suele suceder, con la aquiescencia y el silencio del Occidente puro e inmaculado.

Pero, la gran pregunta hay que hacerla. ¿Qué es lo que busca Rusia en Chechenia? En primer lugar, el petróleo. Grozni, además, tiene un enorme complejo de refinado de petróleo, ya que hacia ellos va encaminada una parte significada del petróleo extraído, no sólo del Caspio sino también en el Asia Central y en la propia Siberia.

Asimismo, hay que considerar su situación geoestratégica, dado que el Cáucaso norte es hoy la frontera meridional de Rusia con países muy conflictivos y de manera más genérica con el Islam.

Con estas respuestas hay que considerar que lo que menos le interesa a Putín es pelear por la instauración de la democracia en Chechenia; ése es el espejo fatuo donde se quiere mirar de manera equívoca, propiciando elecciones, como antes hemos mencionado, apañadas y en las que no se dejó emitir el voto a los independentistas.

Chechenia, como otros pueblos, seguro que intenta reconstruir su historia y volverla mirada hacia atrás para, creo yo, andar su camino sin tutelajes de ninguna clase. Sucede que los intereses y los influjos imperialistas de unos y otros, en este caso Putin y Bush en íntima camaradería, con el pretexto de que todo lo que sucede en el planeta se debe al terrorismo islámico, están amordazando a pueblos, sometiendo sus voluntades y violentado su historia. Y esto no debe ser, porque la espiral de la violencia no se contiene y las vidas humanas que pagan este elevado tributo con la muerte no merecen se juegue con ellas y menos que se les ponga como escudos humanos ni como rehenes de nada.

Los analistas que estudian el problema checheno sí que han manifestado que nadie sabe lo que piensa el checheno de a pie. Lo que sí se sabe es que están hartos de guerras, de guerrillas y del ejército ruso; e intuyen que en condiciones de libertad el apoyo a una Chechenia independiente es mayoritario.

Y ahí habría que ir. Cuando se oye a Putin decir que establecerá el diálogo, estamos en lo mismo, en la hipocresía descarada instalada en el poder cuando desde ese mismo poder se ha hurtado y demonizado la voz de un pueblo al que se pretende de todas todas que siga integrado en la Federación Rusa, a lo que se oponen. Los chechenos quieren continuar con sus orígenes y con un futuro que pretenden construir por sí solos, sin ayudas de nadie y menos de los halcones que circulan por los alrededores que lo que pretenden es la destrucción, para desde ella levantar el imperio del nuevo zarismo del siglo XXI.