Páginas 137 y 138
"Castilla
miserable,
ayer dominadora
envuelta en sus andrajos,
desprecia cuanto
ignora"
antonio machado
Portugal, por ejemplo
Si hoy día alguien nos dijera que
por ejemplo los Balcanes, las Antillas, Oceanía, el Cono sur o la
Amazonía deberían ser Estados-nación, lo tomaríamos a risa. Los accidentes
geográficos se recogen en los atlas y en las cartas de navegación; nadie los
confunde -salvo la excepción de algunas islas, como Cuba- con los mapas
políticos de los Estados y naciones.
Los nacionalistas españoles sí. Para ellos su nación es un accidente
geográfico primero, y el basamento de su Imperio después. Su patria es una
península al sur de los Pirineos que los romanos llamaron Hispania,
las actuales España y Portugal, de la misma manera que llamaron Europa a la
tierra delimitada por el mar, el Cáucaso y los Urales. Tierras diversas, pobladas por pueblos diferentes
de variadas lenguas, que convivían o se mataban. Incluso algunos, como los vascos,
vivían dentro y fuera de dicha península.
Castilla dijo que no. El mismo Dios había dibujado sobre el mar una
piel de toro, y sobre su perímetro estaba "su" país (¿Y por qué piel
de toro y no de burro o de conejo? ¿No decían los antiguos que Hispania significaba "país de los conejos"?). Tan
cuadradito, tan perfecto, ¿cómo poner en duda que estaba hecho a su medida? La
anexión de Al Andalus o Galicia, la guerra de las Alpujarras, las conquistas de Granada y Navarra, o las
sublevaciones de Cataluña, no fueron más que intentos disgregadores de un orden
preestablecido por el Destino.
En 1640 Portugal se negó a ese destino y afirmó que no era el
costillar de nadie. Tuvo que defenderse de las armas castellanas primero y del
desdén secular después. Levantaron una nación pequeña y digna, a la que España
jamás perdonó el desgarrón de "su" vestido peninsular. Siguen igual;
hace poco el periódico ABC parafraseaba a Menéndez Pelayo: "Portugal es y
será tierra española, aunque permanezca independiente por edades infinitas; no
es posible romper los lazos de la historia y de la raza...". Sin embargo,
hace ya cuatro siglos que en La Filomena, Lope de Vega mentaba a un
portugués que todos los días daba gracias al Señor "porque no le había
hecho bestia ni castellano".
Portugal demostró que en Hispania, como en
Europa o América, caben diversos Estados. Y que los españoles tienen poca
seriedad: los accidentes geográficos, incluso los que supuestamente tienen
forma de piel de toro, no otorgan derechos.