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Siglos de independencia tribal dio lugar a un nuevo
Estado europeo: el Reino de Pamplona. En torno a él se agrupan los navarros,
nuevo gentilicio -afirma Lacarra- que designa a los
vascos del sur. Por eso el Reyno de Navarra se alarga
hasta Araba, Gipuzkoa, Bizkaia
y tierras vasconas de Logroño y Huesca. Por eso el Codex
Calixtinus denomina navarros a los habitantes de
Araba y Bizkaia, y el Fuero de San Sebastián llama
navarros a los habitantes del territorio. Naves navarras comercian en el mar
del Norte y en el Mediterráneo. Es
¿Todo esto no es suficiente para reconocer a los
vascones un pequeño lugar en el mapa de las naciones? ¿Con qué derecho les
ponen apellido -españoles, franceses- los que vinieron mucho después?
Cuestión de fuerza gravitatoria. Del mismo modo que
las estrellas necesitan gran cantidad de masa cósmica y fuerza centrípeta que
posibiliten su violento natalicio, las naciones precisaban tamaño, centralismo
y violencia extrema para consolidarse. Como España; como Francia. Los vascos
fueron demasiado pequeños, demasiado autónomos y demasiado pacíficos para
imponerse a sus codiciosos vecinos. Sí lo suficiente porfiados para seguir
existiendo, en eterna espera de que la ocasión se tercie. Y es que aquí, tal
vez por alguna malformación genética, la independencia es una forma de ser.