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Luzuriaga, mi
patrón
aquellos ardores de obrerismo vasco
no estaban exentos de contradicciones. Entonces no podía entender que, además
de las reuniones clandestinas, acudiera a otras -poco menos clandestinas, todo
sea dicho- para impulsar el embrión de ikastola de Tafalla, y allí coincidiera con el director de mi fábrica,
que ha blaba vascuence mucho mejor que yo y andaba
embarcado en la misma filantropía. Aunque Lenin
explicaba por algún sitio esos contubernios con la burguesía nacional, se hacía
duro redactar un panfleto demandando derechos a la Dirección y después
redactar otro con la
Dirección demandando derechos para la ikastola.
La solución al dilema me vino al tiempo.
En 1976 la Policía mató en Hondarribia al
compañero de Comisiones Jesús Mari Zabala. La huelga
estalló en las cuatro provincias y la Policía entró disparando fuego real en la
factoría Luzuriaga de Pasajes, causando varios heridos. Entonces ocurrió algo
que sólo puede ocurrir en el país de los vascos: Francisco Luzuriaga, patrón
de 4.000 obreros, ni se amilanó, ni mucho menos justificó a la Policía: reunió a los más
importantes empresarios guipuzcoanos -Patricio Echeverría, Orbegozo,
Ibarra, Estarla y Ezenarro- y se presentó ante el gobernador
civil a protestar por el ataque "a sus obreros" que, no olvidemos,
estaban en huelga. El gobernador los echó a puntapiés. Fue entonces la propia
empresa la que redactó con los empresarios citados un panfleto durísimo -en
papel couché, eso sí- que nos ofreció a
firmar en sus fábricas a las CCOO, todavía ilegales. De nuevo Lenin: ¿Qué hacer? Firmar por supuesto, y regarlo por las
calles.
Entonces me quedó claro que si para la Policía española, todo
vasco, sea patrón u obrero, es parecido, mucho más parecida resulta toda la Policía española para
cualquier vasco. Continuamos pues construyendo la ikastola
con nuestros enemigos de clase, y peleándonos duro en las fábricas; pero
habíamos descubierto que toda "la derecha" no es igual. El fascismo
español era otra cosa.