Cifras inquietantes
Juan-Manuel García Ramos
En ocasiones pienso que mi disposición a la crítica con respecto al Gobierno actual de Canarias puede haberme nublado la vista y llevado a análisis algo apocalípticos que no participan de la realidad. Los años me dan ya estos mensajes subliminales y me animan a reposar datos y a meditar más los diagnósticos. No está nuestra gente, tampoco, para recibir malas noticias de manera sistemática.
Pero esta semana pasada, al poner al día mis notas sobre algunas variables, como las del paro y las de la inmigración y el crecimiento poblacional en nuestras Islas, no he podido menos que alarmarme.
¿Han pensado ustedes en la gravedad del cruce de esas dos informaciones recientes?
Mientras que la nueva EPA (donde se hace un seguimiento más serio de la ocupación esporádica y de la situación laboral de la población extranjera en las comunidades) incrementa el número de parados de nuestro Archipiélago, durante el primer trimestre de este año, en 21.000 personas, el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos informa que el crecimiento de la población en Canarias durante el año 2004 ha sido de 46.653 personas.
Es decir, mientras Canarias sufre un 12,79 % de paro, el mayor índice de los últimos seis años, como ha destacado la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, y está 2,59 puntos por encima de la tasa de paro media española, durante 2004 hemos aumentado nuestra población en esas 46.653 personas, cifra debida más a la inmigración que al aumento vegetativo interior.
¿No debe ser motivo de alarma este simple cruce de cifras? ¿Cuál es la capacidad demográfica de nuestras islas? ¿Podemos seguir creciendo a este ritmo?
Por seguir echando cuentas, en 2003, el aumento de población fue de unas sesenta mil personas.
¿Y qué ocurrió antes?
Aunque ya lo hemos recordado en otra ocasión, vale la pena saber que Canarias en 1940 tenía 690.000 habitantes y en estos momentos tiene 1.962.193; es decir, que en apenas sesenta años ha multiplicado casi por tres su número de habitantes. La densidad de población de municipios como Las Palmas de Gran Canaria, Telde, Arucas, Ingenio, Santa Brígida, Santa Lucía de Tirajana, Santa Cruz de Tenerife, La Laguna, Puerto de la Cruz, Los Realejos, Tacoronte, Arrecife, Los Llanos de Aridane, Tazacorte, llega casi a los 500 habitantes por kilómetro cuadrado, cuando la media de densidad demográfica española no sobrepasa los 75 habitantes por kilómetro cuadrado. Otro dato espectacular es el crecimiento demográfico entre 1978 y 2003: de un 24 %; tres veces más que la media española.
En todo cálculo de sobrepoblación en Canarias hay que contemplar un hecho imprescindible: casi el 42 % del espacio de las islas está protegido de forma específica: Parques Naturales, Parajes Protegidos de Interés Nacional y Parques Nacionales (El Teide, La Caldera, Garajonay, Timanfaya), Zonas Patrimonio de la Humanidad, Zonas de Especial Protección para las Aves y Reservas de la Biosfera.
A los que nos hemos preocupado de buscar alternativas a esta situación nos satisfizo en su momento que el primer diagnóstico ofrecido por el Comité de Expertos sobre Población e Inmigración el 23 de diciembre de 2002, a instancias de la Presidencia del Gobierno de entonces, ocupada por Román Rodríguez, afirmara sin titubeos que la Comunidad Autónoma tenía posibilidades de "ordenar y regular" la residencia y el trabajo de foráneos sobre la base del Tratado de Ámsterdam (artículo 299.2; hoy habría que recurrir al artículo III-424 de las disposiciones comunes de la Constitución Europea en marcha), de la Constitución Española (artículo 150.2: transferencia o delegación a comunidades autónomas competencias de titularidad estatal, como las recogidas en el artículo de la CE 149.1. 2º: "Nacionalidad, inmigración, emigración, extranjería y derecho de asilo"), y del Estatuto de Autonomía (artículo 37.1: "La Comunidad Autónoma de Canarias podrá elevar al Gobierno las propuestas que estime pertinentes sobre la residencia y trabajo de extranjeros en Canarias").
Ese Comité de Expertos venía a darnos la razón en los fundamentos jurídicos que permitían al menos el inicio de un diálogo institucional entre la Comunidad canaria, el Estado español y la Unión Europea, diálogo que hasta entonces había sido cercenado por los partidos presentes en el Parlamento de Canarias, incluido Coalición Canaria, que entre 1998 y 1999 votó, en esa cámara de soberanía, en contra de cualquier medida que supusiera un freno al crecimiento poblacional de las islas, aunque, ahora, en vísperas de su III Congreso, haya invocado medidas contra el disparado aumento de nuestros censos.
En unas islas que reciben al año doce millones de turistas, cada vez se hace más necesaria una planificación de nuestra demografía estable vinculada sin discusión a un "Plan de Inmigración para Canarias", un plan donde se prevea el retorno de nuestros inmigrantes americanos, se calcule la cuota de mano de obra europea comunitaria y extracomunitaria que somos capaces de integrar, la entrada por nuestros aeropuertos de ciudadanos de otras nacionalidades, con preferencia hispanoamericanos, y la inmigración en pateras, algo atenuada en los últimos meses pero que amenaza con dispararse en cualquier momento. Como nos contaba el senegalés Moisés Ndiaye, de la etnia wolof, durante el acto de presentación del libro Héroes de ébano, de Juan Manuel Pardellas, el pasado día 20 de abril en el Ateneo de La Laguna, son millones los desheredados africanos que están pensando atravesar los ochenta kilómetros que nos separan del continente vecino para instalarse en estas islas a las que llaman "Europa" sin pensárselo dos veces.
Ni la Ley de Extranjería peninsular nos sirve a los insulares atlánticos, ni el Plan de Inmigración del Ministerio español del ramo se adecua a nuestra realidad.
Si no nos ponemos a pensar rápidamente y por nosotros mismos, poco se podrá hacer con unas islas desbordadas por una población que necesita casas para vivir, centros de salud, hospitales, geriátricos, escuelas, parques móviles para trasladarse, depósitos para residuos sólidos…
Algunos lo dijimos desde hace ya siete u ocho años: negociemos con nuestros marcos de convivencia español y europeo una sistematización de la residencia en Canarias y llamen a eso como quieran si tanto daño les hace y les hizo la idea de una Ley de Residencia para Canarias. Mañana ya es tarde.
La UNESCO ha advertido con claridad que la superpoblación en pequeños territorios como los insulares es cuatro veces más dañina que en la grandes plataformas continentales, pues una alta demografía en las islas termina incidiendo en la psicología y las costumbres de sus habitantes, en el aumento del desempleo y de la marginación, en la destrucción del medio ambiente y de los endemismos, entre otros deterioros no menos graves.