Centenario de la visita de Alfonso XIII
La codicia
extranjera
SERGIO LOJENDIO, Tenerife
El
rey necesitaba estrechar lazos con Canarias, una provincia olvidada y
vilipendiada por el Gobierno central, que era apetecida por las potencias
extranjeras, en una coyuntura marcada por la internacionalización de los
mercados y la posición geoestratégica de las Islas. Como telón de fondo, el
desastre por la pérdida de las colonias y los anuncios de invasión contribuían
a aumentar la incertidumbre.
"El
rey vino a Canarias para conocerla y para asegurarla políticamente" frente
a la codicia de las potencias extranjeras. Así lo manifestaban el Gobierno,
además de la prensa canaria y peninsular. No en vano, desde hacía tiempo se
venía hablando sobre determinadas cuestiones que comprometían las relaciones
entre las Islas y el Gobierno central, por lo que se hacía necesario
comprobarlas y terminar con ellas, tal y como señala la historiadora María Elsa
Melián González en su libro "Alfonso XIII en
Canarias".
Esta
tesis también es compartida por el prestigioso hispanista Paul
Preston, un británico que subraya cómo por entonces
"se vivía una época en España de mucha inestabilidad y preocupación por
parte de la monarquía. En todo caso, los monarcas, e incluso los políticos
dinásticos de entonces, no se preocuparon tanto de Canarias hasta que se dieron
cuenta de la posibilidad de que el Archipiélago pasara aún más a la órbita de
influencia británica. El motivo principal de esa visita fue establecer y
subrayar el interés de la monarquía por estas pertenencias".
Lo
cierto es que antes de que se produjera la visita oficial del monarca y su
séquito a Canarias, hecho que tuvo lugar entre el 26 de abril y el 5 de marzo
de 1906, ya en la primavera del año anterior, y a modo de avanzadilla, habían
sido enviados al Archipiélago, primero, el fiscal del Tribunal Supremo, Juan Maluquer y Viladot, bajo la
encomienda de resolver los problemas de
El
joven monarca pudo percibir en su tránsito por territorio isleño la huella y la
hegemonía de la que gozaban las colonias inglesas y alemana,
y así se lo haría saber a Benito Pérez Galdós años
más tarde: "En Canarias hay tantos ingleses como españoles", decía.
La
prensa peninsular ponderó la importancia del viaje de Alfonso XIII,
fundamentalmente en una coyuntura marcada por la pérdida de las últimas
colonias y en pleno auge de los nacionalismos. En este sentido, el diario
"
Por
su parte, la prensa isleña se afanaba en subrayar la españolidad del
Archipiélago, sin ocultar la dejación y el abandono que sufría por parte del
Gobierno central. Así, el "Diario de Tenerife" reproducía en su
edición de 9 de mayo de 1906 la siguiente impresión sobre la visita del
monarca: "(...) Que las dudas y las desconfianzas las justifican
plenamente la experiencia y el recuerdo de un olvido que ha sido sistemático,
de muchas innumerables injusticias, de grandes ingratitudes, de positivas
ofensas que no en pocas ocasiones han revestido caracteres de verdaderos
ultrajes, que sólo un pueblo tan sumiso, tan paciente y tan honradamente leal
como el nuestro ha podido sufrirlas sin trascendental protesta".
De
nuevo, el "Diario de Tenerife", en su edición del 14 de mayo de 1906,
publica un artículo que lleva por título "Tomando notas", donde
responde a unas manifestaciones del gobernador civil Joaquín Santos y Ecay, quien ponía en entredicho la españolidad de Canarias
ante la guerra de Cuba. El diario tinerfeño no desaprovechó la ocasión para señalar
a los gobiernos de "trabajar por desespañolizar a Canarias", con sus
"atropellos y burlas", y refiriéndose a la situación de indefensión
que padecía Santa Cruz de Tenerife: "(...) esta Capital sin defensa,
desguarnecida y siempre vilipendiada".
En
el número del 6 de junio de este mismo diario, una colaboración bajo el
epígrafe "¿Peligran las Canarias?", hacía alusión a que "los
periódicos ingleses hablaban de lo conveniente que sería para Inglaterra la
posesión de las Islas Canarias", en el sentido de que el Archipiélago
representaría para los británicos una "llave para las colonias del sur de
África; incomparable estación de parada y estratégica en eventualidades del
porvenir. Que vendan los españoles esas islas, que las pierdan, se decía entonces
y ahora también...".
El
diario dirigido por Patricio Estévanez incluyó el
siguiente comentario a renglón seguido: "Nada de lo que en él se dice es
nuevo. Es más, nos parece naturalísimo que Inglaterra se piense en coparnos de
cualquier manera. (...) Lo que es muy triste, lo que exige la más enérgica
protesta, es que también en España copien esos artículos, se acojan esos
propósitos con indiferencia y se comenten como cosa natural, no ya por los
periódicos, sino por los mismos gobiernos".
Y
era cierto. La codicia extranjera no representaba algo nuevo. Ya en 1748, Lord Chatham exponía en un folleto el interés que tenía
Inglaterra de devolver Gibraltar, pero recibiendo a cambio una de las Islas
Canarias. En Basilea, en 1795, Francia había pedido la isla de
En
1873, el Gobierno norteamericano propuso al español comprar la isla de
En
1893, al discutirse la inutilidad del canal de Suez en caso de guerra, un
articulista británico resucitó la idea de Lord Chatham,
suscitando una gran inquietud en la prensa canaria y peninsular.
El
ultimátum británico a Portugal en 1890 y la presión de EEUU sobre Cuba y
Filipinas, alentando la lucha por la independencia desde 1895, convierten al
Archipiélago en una pieza codiciada.
El
diario "El Cronista" del 22 de marzo de 1898, insistía en un artículo
titulado "Los fantasmas del mar", en la sensación de intranquilidad
que existe en Canarias, donde "la población está absorta en la
contemplación en el horizonte de navíos guerreros que se aproximan".
El
mensaje encierra una moraleja poco agradable para los gobiernos españoles,
indolentes y descuidados. De este modo, en
La
repercusión de la guerra de Cuba se deja sentir en las islas. Con la pérdida de
la llamada Perla del Caribe, Canarias se verá desposeída de una de sus
principales fuentes de ingresos, las remesas de los emigrantes, a lo que se
sumaría la interrupción del ya tradicional flujo migratorio y la afección a las
relaciones comerciales en un momento de grave crisis.
En
una coyuntura marcada por la internacionalización de los mercados, el carácter
geoestratégico de las Islas se acentuaba y, en consonancia, el valor que
representaban los puertos de Santa Cruz de Tenerife y de Las Palmas.
Para
entonces, los rumores de una posible venta a Inglaterra y la sombra de una
hipotética invasión se habían convertido en comentario generalizado en la
prensa.
El
diario "Heraldo de Tenerife", destacaba el 18 de abril de
El
"Heraldo de Madrid" describía así la situación en marzo de 1898:
"Los canarios siempre han sido muy leales españoles, pero no hay que
olvidar que las transacciones comerciales que existen con Inglaterra han creado
allí tales y tan grandes intereses, que conviene mucho, para neutralizarlos,
establecer grandes corrientes de atracción entre España y Canarias"
Desde
hacía tiempo, la prensa peninsular y canaria se hacía eco de noticias que
comprometían las relaciones entre las islas y el Gobierno central.
La
pérdida de las últimas colonias había hundido a España en una crisis política
ideológica y moral y, en Canarias, este desastre se vivió con mayor intensidad,
dados los íntimos vínculos económicos y humanos. Además, las relaciones
comerciales se vieron interrumpidas pero, sobre todo, se cortaba el flujo
migratorio.
En
este escenario de incertidumbre, la sensibilidad de Madrid cambia con respecto
a las islas. El periódico "
Al
otro lado del mar, desde Venezuela, la revista "El Guanche", fundada
en 1897 por Secundino Delgado, se alineaba a favor de
la independencia cubana. En su número 3, Nicolás Estévanez
escribía: "Las Islas Canarias, cada vez más codiciadas, pudieran ser
teatro de sangrientas luchas en el siglo XX (...). No es difícil tomar uno o
más puertos canarios, y aún las siete islas, mientras estén como ahora, casi
desguarnecidas y sin fortificar".
Las
ideas independentistas habían comenzado a extenderse como un reguero a finales
del siglo XIX y cuando Secundino Delgado se trasladó
hasta Canarias en 1902 para difundir esas ideas con el soporte del diario
"¡Vacaguaré!", se generó la alarma. Con su
encarcelamiento, en 1904, el Gobierno central se aseguraba que en las islas no
se iba a forjar ningún movimiento nacionalista.
De
hecho, los partidos políticos y sus facciones habían acogido
Fuente: El Día, 3-11-2006