CON EL POLÍGONO DE EL ROSARIO COMENZÓ LA PESADILLA
El Gran Santa Cruz de los piratas del cemento se pone en marcha
Manuel de la Rosa Hdez.
En los años finales del franquismo se pone en marcha el proyecto del Polígono Residencial de El Rosario, denominado así por que la mayor parte del mismo estaba en ese municipio. Al mismo tiempo había ya un proyecto de Gran Santa Cruz y todo un movimiento especulativo en torno al mismo. Eso explica como casi al mismo tiempo El Rosario "cede" unos 16 kms. cuadrados de su territorio que pasa a anexionarse Santa Cruz, lo que ahora es la zona Suroeste de la Capital, incluida en ellos su parte del Polígono. Será el inicio de procesos de conurbación posterior con los Planes Generales de Ordenación de Santa Cruz y La Laguna, la creación de Añaza y otras urbanizaciones en el Suroeste de Santa Cruz. La gran reserva de suelo para un proyecto urbano metropolitano está ahí en el S.O., pero no solamente en ese territorio. Ya le han echado el ojo a las amplias vegas de La Laguna, el Rosario, Tegueste,... El proyecto del Plan Territorial con sus autopistas sobre el área metropolitana va en ese camino. El Gran Santa Cruz de los piratas del cemento se pone en marcha, en el Polígono del Rosario pusieron la "primera piedra".
Eran los años 70´
En el año 1972 aparecía una espada de Damocles sobre varios barrios, el proyecto de Polígono del Rosario. En el proyecto original se pretendía arrasar inicialmente con un gran número de casas de los barrios situados dentro del proyecto, en torno a unas 5000. Estas viviendas de autoconstrucción hechas con mucho esfuerzo y sacrificio venían a suplir una política de viviendas sociales deficiente.
Esta amenaza suscitó un cierto atisbo de movilización social, a pesar de que la dictadura estaba aún en vigor. Se convocó una Asamblea multitudinaria en Santa Cruz promovida por las asociaciones vecinales de la época, denominadas de "Cabezas de Familia". Esta respuesta social produjo cierta preocupación en el poder. El por entonces ministro de la Vivienda Mortes Afonso prometió a los vecinos respetar estas edificaciones, buscando parar el movimiento reivindicativo.
Tras la muerte del Dictador ese proyecto vuelve a salir a la luz. El proyecto que había seguido su curso "reaparece" en febrero de 1976. Para entonces una parte del municipio de El Rosario ya había sido cedido a Santa Cruz. Es lo que se denomina ahora zona Suroeste.
Con el proyecto de Polígono anunciado oficialmente comienza la organización de los barrios. Se hacen asambleas vecinales en cada uno, se llevan a cabo manifestaciones en sucesivas ocasiones. Se constituye la Asociación de los barrios afectados y una comisión negociadora.
Los terrenos a expropiar en el Polígono Residencial de El Rosario abarcan unos 3.390.000 metros cuadrados. Una serie de barrios y pueblos como Los Andenes, Tíncer, Barranco Grande, El Sobradillo y La Gallega quedaban también total o parcialmente encuadrados dentro del citado Polígono. Estos núcleos de población fueron creciendo al socaire de la inmigración canaria, especialmente la proveniente del Sur o de otras islas, como La Gomera. Estos barrios carecían en muchos casos de planeamiento, equipamientos sociales y de obras básicas de infraestructura como alcantarillado y asfaltado de las calles.
La mayoría de estos terrenos expropiados en el Polígono eran parcelas rústicas pertenecientes a familias que las habían dedicado a uso agrícola o lo hacían aún. En conjunto una inmensa bolsa de suelo apetecible para los especuladores. Con la excusa de crear suelo para viviendas se pondrá en manos de promotores privados millones de metros cuadrados de suelo para que hicieran su gran negocio.
Este suelo considerado a los efectos de la expropiación como rústico se valora a sus propietarios a precios irrisorios, a menos de un euro el metro cuadrado. Estos iban de las 165 Ptas. para el metro cuadrado de terreno en regadío eventual de primera a las 53 pesetas de erial de primera. Se da la paradoja de que cada tunera tenía un precio mayor que el metro cuadrado de tierra. También un número importante de fincas todavía en cultivo fueron arrasadas. Por tanto, teniendo en cuenta los precios fijados, más que de expropiación se trataría de una requisa, un auténtico expolio de patrimonios familiares que no fueron debidamente compensados.
Los propietarios de terrenos representaban una disparidad de criterios e intereses. El movimiento vecinal se movía entre un rechazo a este proyecto de expropiación a gran escala o una negociación de las condiciones de su implantación recogiendo reivindicaciones vecinales puntuales. Ambas tesis convivieron al interior del movimiento. Aunque la segunda tenía mayores visos de prosperar por implantación social, la disposición de medios técnicos y profesionales y un reconocimiento oficial como interlocutores. Lo decisivo fue en todo caso el proceso asambleario y la movilización social para hacer retroceder a la Administración de algunas de sus pretensiones.
En los años 70´ en plena transición los pactos sociales tenían un gran peso. Se firman por entonces los Pactos de la Moncloa. En este contexto se firma un Convenio el 9 de junio de 1978 entre la Administración representada por el Instituto Nacional de Urbanización (INUR) y la Asociación de Vecinos afectados en los núcleos de edificación consolidada por el que se priorizará la urbanización de los barrios señalados sin cargar un canon a los vecinos por las obras ("urbanización de los núcleos de edificación consolidada", "ejecución de una red viaria elemental" )y "la promoción de suelo urbanizado en las zonas que en la actualidad se encuentran más libres de edificaciones", "conservándose todas las edificaciones existentes en cuanto sea posible", la reposición de viviendas sustituyéndolas por otras de similar tipología, la liberación de "aquellas parcelas destinadas a la construcción de viviendas para uso exclusivo del propietario de las mismas y familiares de primer grado".
El Convenio suponía algunos logros para los barrios a cambio de que los firmantes aceptaran el Polígono de El Rosario al que muchos ciudadanos se oponían. La mayoría de los afectados propietarios de parcelas de terreno, quedaban mal recogidos en el acuerdo y en total desamparo frente a la expropiación de su patrimonio familiar. Es más, en uno de los apartados del Convenio se fijan los exiguos precios para la expropiación de los terrenos. Podían, eso sí, acogerse al beneficio de obtener un solar para si y otro por cada uno de sus hijos.
Al día de hoy
Muchos de los afectados del polígono se han visto de nuevo en la picota con el Plan General de Santa Cruz. Por ejemplo una afectada del Sobradillo declaraba: "El Polígono nos expropió la mitad de la finca, la otra mitad nos la expropia el Plan General de Santa Cruz, ˇno hay derecho!"
El Polígono de El Rosario ha crecido paralelo a un gran proceso urbanizador de toda el área metropolitana. Donde encaja perfectamente como si de una pieza de puzzle se tratara. Cuando se puso en marcha parecía imposible que llegara a culminarse, pero los dineros de la Reserva de Inversiones de Canarias (la RIC) y todo el movimiento especulativo que ha crecido a su calor han contribuido a llenar los espacios de suelo de la misma con multitud de promociones urbanísticas.
Aquellas tierras expoliadas a sus propietarios a precios ínfimos el metro han llegado al día de hoy, una vez urbanizadas con el aprovechamiento medio que tiene reconocido, a un valor en torno a las 70.000 pesetas metro cuadrado en muchos lugares del Polígono. Cifras éstas manejadas por los propios promotores urbanísticos y por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. El negocio ha sido por tanto redondo. El "Muñeco de Nieve" ha sido testigo mudo de estas transformaciones producidas en tan poco tiempo. La gestión del Polígono se ha hecho mediante una sociedad pública: PROSA..
Hoy desde los poderes públicos y desde las inmobiliarias y constructoras se señala que este suelo tiene poco aprovechamiento por estar limitado a pocas plantas. Ellos hoy hubieran puesto más alturas a las construcciones resultantes de las parcelas del Polígono de El Rosario. Esto es lo que pretenden ahora suplir en zonas próximas al actual Polígono de El Rosario en El Sobradillo, en La Gallega,... proyectando torres que triplican, cuadriplican y quintuplican la volumetría permitida actualmente en el Polígono.
Estamos en los comienzos del siglo veintiuno. Ni ellos soñaron tal revalorización del suelo. Ahora han visto las posibilidades que les ofrece este modelo depredador. Ayuntamientos como el de Santa Cruz se hacen eco de las demandas de estos sectores empresariales. Los responsables municipales hablan de un misterioso "nuevo motor que impulse la economía de la ciudad". Lo que se esconde tras sus discursos empalagosos es la especulación pura y dura que domina la actividad económica de estos sectores, que es el norte que guía la política de la gran mayoría de las Administraciones públicas canarias. Hay una alianza de hecho entre estos políticos y estos empresarios. Juntitos estuvieron en el Recinto Ferial el último verano y juntitos aparecen en comidas e inauguraciones.
Este proceso urbanizador no ha significado aumento de la calidad de vida de los habitantes del Polígono ni de los barrios colindantes, sólo ha crecido el deterioro social, las infraestructuras no se mantienen al día, los ruidos y la contaminación han ido en aumento,... Los supuestos beneficios que señalaban algunos, como contar con una rambla central (la Avenida de los Majuelos) no compensan lo perdido: un modo de vida más vinculado a la tierra, más espacios libres, más naturaleza, mayor tranquilidad,... Como ejemplo: un emblemático barranco de cumbre como el de Marrero, de gran valor paisajístico y arqueológico fue techado por estos desaprensivos. Hoy ese techo se hunde.
Debemos sacar conclusiones para la pelea en la que estamos hoy inmersos en defensa de nuestros pueblos y barrios. Nuestro progreso debe ir vinculado a otros parámetros que no tienen porque pasar por ese disparatado proceso urbanizador destructor de nuestros recursos.