LA COMUNICACIÓN,
ENTRE LA LIBERTAD Y EL MERCADO (I)

Ramón Moreno

Un demoledor estudio del Observatorio Internacional de Medios de Comunicación (Media Watch Global), realizado en diversos países, revela que la confianza de la mayoría de los ciudadanos en los medios de comunicación se ha perdido, y que el escepticismo se está generalizando.

El número de los que aceptan el modo y la forma en que la prensa refleja los acontecimientos ha pasado del 56 al 45%, ˇuna bajada de once puntos!. Y en lo que respecta a la televisión la caída -de un 60 a un 43%- es ˇmás de quince puntos!. Una desconfianza que sin duda viene dada por los "estragos informativos" de la prensa en general y de la propia televisión (recuérdese toda la propaganda masiva que precedió a la guerra de Irak, hasta hoy), y por la lamentable censura de los acontecimientos que suceden en el mundo, para mostrar solo la parte que interesa a los poderes fácticos, en una execrable manipulación de la realidad.

Tal desconfianza es absolutamente insana en democracia. En primer lugar, porque pone en cuestión la función cívica de la información, que consiste básicamente en orientar la opinión de los ciudadanos -que jamás debe convertirse en "opinión publicada"-, lo que en definitiva influye en el sufragio popular. Por otra parte, esta desconfianza aleja de la prensa escrita a numerosas personas, agravando la crisis del sector.

En Estados Unidos, por ejemplo, siete de los diez periódicos más importantes -entre ellos "The New York Times", "The Washington Post", "The Los Ángeles Times" y "The Wall Stree Journal"- han visto descender sus ventas en los últimos años. Otro tanto ocurre en Europa. En el Reino Unido, el popular diario "Today", cuya tirada superaba los 500.000 ejemplares, ha cerrado. Y en Francia también ha desaparecido "Info Matín", y el matutino "Libération" (fundado bajo el padrinazgo de Jean-Paul Sastre en 1973), ha pasado al control del grupo industrial Chargeus.

El grupo Havas, propietario de un conjunto de agencias de publicidad, controla importantes publicaciones ("L'Express", "Le Point", "Courrier Internacional"). El prestigioso "Le Monde" que sigue aumentando su difusión, es uno de los pocos diarios europeos mayoritariamente sostenido por sus accionistas internos, la Sociedad de redactores que posee, ella sola, el 34,28% del capital de la empresa.

En el tiempo de las autopistas de la información, el sector que experimenta la más fuerte expansión económica es el de la comunicación. Atrae inevitablemente hacia si inversiones masivas de los mastodentes de la industria y de la banca. Grupo de gran envergadura financiera y de vocación planetaria, como Bertelsmann o Ruper Murdoch, siguen expandiéndose por todas partes. Las concentraciones se multiplican, como las que se han consolidado en EE.UU, donde la cadena de televisión ABC se ha fusionado con Disney, CBS con Westinghouse, NBC con General Electric, y la CNN con Time-Warner. Un nuevo orden económico-comunicacional se instala poco a poco, dejando cada vez menos espacio a una prensa libre, verdaderamente independiente.

En este nuevo sistema mediático, la información es considerada como una simple mercancía cuyo valor oscila en función de la oferta y la demanda. Gracias a las nuevas tecnologías, la transmisión de la información puede hacerse en tiempo real. Esta inmediatez es planteada con frecuencia como un valor en si mismo.

La instantaneidad se propone en lugar de lo verídico o lo auténtico. A instancias de la televisión, que ofrece a los teleespectadores la promesa de "asistir al acontecimiento en directo", los medios ofrecen espejismos desprovistos de relación con el objeto mismo de la información. La verdad y la mentira, que permanecen como criterios fundamentales del oficio de informar, se convierten así en algo secundario. Y los deslizamientos se repiten una y otra vez, sin que nadie trate de evitarlos.

La colusión entre las potencias industriales y financieras por una parte, y los medios, por otra, reduce considerablemente la credibilidad de estos últimos. Porque, con frecuencia, los órganos de información evitan evocar el grado de participación que los ligan a tal o cual grupo. Mientras que el mercantilismo y la corrupción se extienden, las revelaciones (o las ocultaciones) concernientes a determinados inversores están en función a veces de la existencia o no de lazos de dependencia con ellos.

Debido al sesgo de la publicidad, estas potencias, a veces los principales anunciantes, pesan igualmente sobre los medios, influenciando sensiblemente incluso contenidos. La búsqueda desenfrenada de publicidad sitúa a numerosos medios en relación de dependencia con respecto a los anunciantes, que se convierten así en una especie de propietarios clandestinos de numerosas cabeceras. Para seducir a estos anunciantes y construir un buen soporte de publicidad, las publicaciones acaban modificando su apariencia en el sentido de la trivialidad.

Resulta enormemente gratificante, por tanto, que cuando la capitulación intelectual se propaga, mientras que vientos de turbulencia social azotan a nuestra sociedad, se mantengan, pese a todo, iniciativas con el firme propósito de disponer de una prensa libre, estable, al abrigo de presiones políticas, de intimidaciones económicas y del chantaje publicitario.

Continúa...

rmorenocastilla@hotmail.com

Canarias, Julio de 2005.