LA COMUNICACIÓN, ENTRE LA LIBERTAD Y EL MERCADO (Y II)

Ramón Moreno

La creciente desconfianza, y el cada vez mayor grado de escepticismo de los ciudadanos en los medios de comunicación se debe, fundamentalmente, a la galopante concentración de los medios, como consecuencia de la mundialización liberal; y al papel desempeñado por la televisión en el tratamiento de la información.

Estos fenómenos hacen que estemos asistiendo a la consolidación de un nuevo y peligroso orden económico-comunicacional, que se ha ido instalando poco a poco, dejando cada vez menos espacio a una prensa libre, verdaderamente independiente y al amparo de apetencias de todo tipo.

A ello hay que unir el sesgo de la publicidad, donde los grupos financieros que han acaparado los medios son los principales anunciantes, influyendo hasta en los contenidos; situación propiciada, por la desenfrenada búsqueda de publicidad por parte de los medios, quedando estos en una relación de dependencia con respecto a los anunciantes, que se convierten así en una especie de propietarios clandestinos de numerosas cabeceras.

Ante este desolador panorama, los ciudadanos tienen la impresión, cada vez mayor, de que, en el seno de los periódicos, tres factores están pilotando la nave: el marketing, la publicidad y la maqueta. Esta última imponiendo un marco de restricción y constricción que se convierten en una verdadera cárcel para las redacciones, que han acabado cediendo en casi todas partes.

La prensa que, históricamente, se ha construido contra el poder político, tiende cada vez más a identificarse con él. La connivencia entre ambos alcanza a veces proporciones escandalosas, hasta el extremo de silenciar - haciendo dejación de los valores éticos y deontológico, inherentes a su labor investigadora- hechos supuestamente delictivos.

¿Quién está investigando, por ejemplo, la presunta corrupción generalizada existente en Canarias, donde se mezclan política y negocios?.

¿No son suficientes indicios las veladas acusaciones que se han proferido unos y otros en los últimos días?

Los propios medios se han convertido en un poder más importante que el poder político, y no desarrollan un sentido crítico sobre ellos mismos. Se erigen en amos del juego (los gobernantes son hoy responsables, no ante el pueblo y los parlamentos, sino ante los medios y los institutos de opinión). Un juego cuyas reglas son fijadas con frecuencia por poderosos grupos económicos, que marginan absolutamente a la sociedad en general.

Todo esto contribuye a desarrollar entre los ciudadanos el sentimiento mayoritario de que numerosas publicaciones no cumplen su papel esencial de contra-poder, y que el espíritu democrático retrocede. Y que es necesario, por tanto, movilizarse de nuevo para defender la libertad de expresión y la independencia de la prensa como el tradicional "cuarto poder".

En este contexto, cuando la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación y la puesta en marcha de las autopistas de la información exacerban la guerra de los medios entre la prensa escrita, radios y televisiones, ¿Puede sorprendernos acaso ver multiplicarse las manipulaciones, las mentiras y las supercherías?. La desconfianza de los ciudadanos respecto a los medios y a los periodistas nunca ha sido tan grande, como lo testimonian numerosos informes recientes.

Otra señal de alarma, el dramático agravamiento de la crisis de la prensa. La mayor parte de los diarios nacionales y la casi totalidad de los grandes semanarios, ven caer su difusión y registran considerables pérdidas financieras. Estas cabeceras son acechadas por toda suerte de carroñeros que representan al poder político o al poder del dinero. Las intenciones económicas e ideológicas de estos predadores son, al menos, contradictorias con los intereses de los lectores-ciudadanos. Por eso, el formidable movimiento social que sacude al planeta, necesita de una gran cobertura mediática –no contaminada, impóluta ante la voracidad de las multinacionales- que sea garante de una democracia de calidad y de la independencia de la información que, en este siglo, está seria y gravemente amenazada.

Porque, cuando las fusiones entre grandes grupos de comunicación se multiplican en una atmósfera de feroz canibalismo, ¿cómo estar seguros de que la información aportada por un medio no estará orientada a defender, directa o indirectamente, los intereses de su grupo, antes que los del ciudadano?.

En un mundo dirigido cada vez más por empresas colosales que basan su estrategia únicamente en la lógica del mercado, y en el que los Gobiernos parecen un tanto desbordados por las mutaciones en marcha, ¿se puede asegurar que la democracia será preservada?. En semejante escenario de guerra mediática encarnizada, a la que se unen gigantes que pesan miles de millones de dólares, ¿cómo puede sobrevivir una prensa libre e independiente?.

Resulta pues, aleccionador y hasta saludable que, cuando se propaga por todas partes la capitulación intelectual, y vientos huracanados de turbulencia social asolan nuestra sociedad, se planteen iniciativas con la férrea voluntad de disponer de una prensa libre, independiente y estable, al abrigo del chantaje publicitario, de intimidaciones económicas y de presiones políticas.

rmorenocastilla@hotmail.com

Canarias, julio de 2005.