Conmemoraciones y realidad
Justo Fernández Rodríguez
En poco más de un mes se han celebrado tres días internacionales, como una manera de despertar la conciencia de los ciudadanos, sobre tres aspectos de importancia vital para el futuro de la humanidad. El 22 de abril se celebró el Día de la Tierra, el 5 de junio el Día Mundial del Medio Ambiente y el 9 de junio el Día Mundial de los Océanos.
Como siempre, los centenares de actos oficiales, organizados por distintas administraciones y poderes públicos que -pese a su falso discurso, aparentemente, proteccionista, del medio ambiente, desarrollan una política, de diluir las protecciones establecidas, en beneficio de los intereses especulativos de determinados sectores económicos, depredadores del medio ambiente- se enfrentaron a los protagonizados por organizaciones ecologistas, que intentan evitar el deterioro progresivo y continuo de la tierra, el medio ambiente y los océanos. En definitiva, defienden un modelo de desarrollo sostenible.
Durante muchos años, importantes sectores económicos, especialmente las empresas multinacionales y sus gobiernos satélites, han venido ejerciendo un chantaje sobre los sindicatos y ONG, advirtiendo que si continuamos por el camino reivindicativo o de protección del medio ambiente, se obstaculizará el desarrollo económico y se perderán miles de puestos de trabajo.
No podemos aceptar el falso dilema, utilizado por gobernantes, poderes económicos y sus voceros mediáticos, de enfrentar desarrollo económico con protección del medio ambiente. Resultaría suicida que las fuerzas del mercado dictaminen e impongan las políticas sociales y ambientales. La contaminación del medio ambiente es una realidad más evidente en las comunidades de minorías o en los suburbios urbanos donde la pobreza se hace más visible.
En septiembre de 2002, los jefes de Estado y de Gobierno, reunidos en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, en los albores del nuevo milenio, aprobaron la denominada ’Declaración del Milenio’, reafirmando el compromiso en los valores fundamentales, esenciales para las relaciones internacionales en el siglo XXI: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto de la naturaleza, responsabilidad común, paz, seguridad, desarme, desarrollo y erradicación de la pobreza.
La declaración instaba a actuar "con prudencia en la gestión y ordenación de todas las especies vivas y todos los recursos naturales, conforme a los preceptos de desarrollo sostenible. Sólo así podremos conservar y transmitir a nuestros descendientes las incomesurables riquezas que nos brinda la naturaleza. Es preciso modificar las actuales pautas insostenibles de producción y consumo en interes de nuestro bienestar futuro".
Aunque en estos cinco años en algunos aspectos se ha observado algún progreso, en la mayoría no es posible hacer un balance favorable. Sólo nos vamos a referir al "respeto de la naturaleza". El mundo se enfrenta actualmente a toda una panoplia de problemas urgentes, incluyendo graves fenómenos atmosféricos, efecto invernadero, destrucción de las selvas tropicales, recalentamiento global, desertifización, contaminación de mares, lagos y ríos, creación y eliminación de desechos, cuestiones referentes a energía y transporte y disponibilidad suficiente de agua potable.
Tienen razón Adán Martín, Paulino Rivero y otros dirigentes de Coalicion Canaria cuando, para conseguir ayudas o subvenciones del Gobierno central o de la Unión Europea, argumentan que somos un "territorio pequeño, frágil, lejano y fragmentado en siete islas".
Pero, deberían ser coherentes con sus razonamientos y aplicar una política medioambiental que tenga en cuenta las circunstancias de "territorio pequeño, frágil y fragmentado", en lugar de someterse a los intereses de quienes pretenden que se realicen grandes obras de infraestructuras, costosas e innecesarias, que destrocen el territorio, donde el negocio de realizar las obras tiene mayor importancia que las necesidades de los ciudadanos. Cuando se acabe el negocio, se trasladarán a otro territorio donde encuentren otros gobernantes fáciles de "convencer".
La directora del Instituto Oceanográfico de Canarias, haciendo referencia a datos de la Unesco, constataba que "en los últimos cinco años el mar se ha contaminado más que en la historia de toda la Humanidad", lo que afecta gravemente a Canarias, que tiene los índices más altos de la Unión Europea de vertidos al mar de aguas residuales sin tratar. Ayer se celebró una concentración, en Tacoronte, convocada por la Coordinadora de Pueblos y Asamblea de Tenerife.
Un día antes, CC.OO. denunciaba que, en Canarias, las emisiones de gases de efecto invernadero, desde 1990, se ha incrementado un 81,8%, muy por encima del aumento experimentado en el resto de España, pese a la escasa planta industrial de que dispone.
En estos días nos enteramos de algo que podemos comprobar recorriendo las Islas. Canarias se encuentra en una situación de alto riesgo de desertización. El Ministerio de Medio Ambiente estudia un plan para paliar la desertización de Canarias, sin que los gobiernos de Coalición Canaria y sus socios del Partido Popular hayan hecho nada para evitarlo, sino todo lo contrario.
Mientras la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, se solazaba con la contemplación del Teide, miles de tinerfeños se manifestaban en la playa del Médano, cubiertos con bolsas de basura, para mostrar su protesta por la agresión medioambiental que significa la construcción del puerto de Granadilla y sus nefastas consecuencias para la mejor y más extensa playa natural, de Tenerife.
¿Puede creerse la ministra que el puerto va a mantener las dimensiones aceptadas para engañar a los ciudadanos? ¿Cuánto tiempo tardarán en inventarse otra mentira sobre la necesidad de ampliación, porque se ha quedado pequeña? ¿Han engañado a la ministra, o la ministra pretende engañar a los ciudadanos?
En los últimos días se ha producido un hecho positivo: la Organización Marítima Internacional (OMI) ha aceptado que Canarias sea Zona Marítima de Especial Sensibilidad, lo que permitirá una protección especial de los espacios marinos, en un área de 12 millas alrededor de las Islas, estableciéndose dos pasillos para los barcos que transporten materias contaminantes. ¿Servirá para algo?
El deterioro paisajístico de Canarias no es un problema de especialistas. Todos podemos comprobar su progresión con solo recorrer los montes, los valles, los barrancos y, especialmente, las costas de cualquiera de las Islas especialmente, Tenerife y Gran Canaria.