RAÍCES DE BEJEKE
CONSTITUCIÓN EUROPEA
Félix M. Arencibia
Aquí, en Canarias, hemos tenido contactos contradictorios con el llamado viejo continente: esclavismo, conquista, colonización, monocultivos, ideas humanistas, comercio, intercambios culturales, pirateo…
El otoño gime garujiando sobre los campos sedientos, desesperados por sequías eternas. Oramas riega nuevos anhelos con estas primerizas lluvias que llegan. Mientras, medita sobre el actual y trascendente asunto de la Constitución Europea. Ante todo, piensa el viejo profesor, Canarias ha de seguir relacionándose con Europa como lo ha hecho desde la antigüedad. Cree que debemos estar con la Europa de la democracia ateniense, la de los librepensadores, la de los ideales de la Revolución francesa y la Revolución Rusa, el anarquismo libertario… No deberíamos identificarnos con la Europa conquistadora, colonial, explotadora e insolidaria con los países pobres… Tampoco con la Europa que se cree el ombligo del planeta, cuando los demás continentes han aportado a la humanidad valores tan importantes como ella.
En cuanto a la nueva Constitución Europea, Oramas opina que tiene lagunas substanciales, tanto en su forma de elaboración como en su contenido. En cuanto a su creación, no se ha contado con la participación de la mayoría de la ciudadanía europea. Ha sido gestada por una minoría, por lo que nace con un importante déficit democrático. Otro aspecto a tener en consideración, es que no reconoce el "derecho de autodeterminación" de los pueblos; en cambio, consagra la "integridad territorial" de los estados. Ello siembra, ya de entrada, la semilla de la discordia, al negar la realidad de la riqueza diversa, que aportan los distintos pueblos que la integran. Además, pone la defensa de las políticas neoliberales por encima del estado del bienestar y las políticas sociales, desmantelando a su vez los servicios públicos. No garantiza el derecho al trabajo, a un salario justo, a una protección frente al desempleo, a una pensión digna de vejez y viudedad… Se dice que se puede modificar, pero resulta poco creíble, pues se necesita casi la unanimidad de los estados miembros. El parlamento europeo va a seguir teniendo un poder casi simbólico, ya que carece de control efectivo de la Comisión y del Banco Central Europeo. Sin embargo, supone un gasto significativo en sueldos a los parlamentarios, no sirviendo de ejemplo a las políticas restrictivas que se aplican a los trabajadores. No preconiza políticas solidarias para con los países pobres, al contrario, levanta barreras proteccionistas.
Aquí, en Canarias, hemos tenido contactos contradictorios con el llamado viejo continente: esclavismo, conquista, colonización, monocultivos, ideas humanistas, comercio, intercambios culturales, pirateo… Por lo expuesto no queremos una relación de mendicidad con UE, sino de reciprocidad y sin intermediarios interesados. Más que un trato especial, necesitamos que sea justo, no olvidando lo que Canarias aporta a Europa. Tampoco nuestra agricultura tradicional y biológica se siente protegida en esta Constitución Europea. A pesar de todo, el otoño se debate ilusionado en Oramas.
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