Las contradicciones de los socialistas canarios
Eustaquio Villalba MorenoLa parte de la sociedad tinerfeña que defiende la conservación de las riquezas naturales y patrimoniales, la que está en contra de un modelo económico perfectamente definido, tanto en sus protagonistas como en la manera tan portentosa de multiplicar las inversiones por el negocio de Las Teresitas, estamos en deuda con Pedro Anatael Meneses por su dedicación y trabajo en todo lo relacionado con el puerto de Granadilla.
Tan conocida es su oposición al actual proyecto portuario como su militancia socialista, en función de la cual ha ocupado importantes cargos en la administración del Estado, el último ha sido el de miembro del Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife. El Gobierno de España conocía cuál era la posición de Pedro Anatael con respecto al futuro portuario de la provincia y, muy en concreto, con respecto al proyectado en Granadilla. Sin embargo, fue nombrado como representante del Gobierno en el Consejo de Administración y, por tanto, representante de la política del Ministerio de Fomento en este órgano.
Sin embargo, lo que no sabíamos era la posición de los socialistas pues, sin el menor rubor, han defendido simultáneamente todas las posturas posibles: unos están a favor del macrocropuerto, otros postulan un puerto chiquito, unos pocos se oponen frontalmente e, incluso, hay quienes lo rechazan pero votan a favor de su construcción en el Parlamento. Esta forma de actuar en la política no es nueva entre los socialistas canarios, es su tradición y, por eso, la gestión de sus alcaldes y de su presidente de Cabildo no se diferencia lo más mínimo de la que hacen CC y PP. Recurren al clientelismo caciquil, el de las buenas palabras para el interés general y los hechos para unos pocos particulares. El puerto de Granadilla no ha sido una excepción, basta repasar las hemerotecas para comprobar lo que la unánime votación en el Parlamento canario dejó bien claro: los tres partidos tienen y defienden el mismo modelo económico, aunque en sus declaraciones digan defender otra manera de ejercer la política en las que las palabras se corresponden con los hechos.
A pesar de esta larga tradición de los socialistas canarios, el caso de Pedro Anatael resulta especialmente esperpéntico y, quizás por ello, ilustrativo de cómo entienden el ejercicio de la política. Recientemente una diputada nacional de este partido presumía (¿?) de la cantidad de grandes infraestructuras que el Estado había incluido en los presupuestos, entre ellas la segunda pista del aeropuerto Reina Sofía, una obra rechazada por los socialistas del Cabildo tinerfeño con sólidos y contundentes argumentos. ¿Para qué hace falta ampliar unas instalaciones aeroportuarias que están experimentado un continuo descenso de su tráfico? La respuesta la conoce esta diputada igual que el resto de la población: se hace para obtener áridos destinados a los rellenos del puerto de Granadilla.
Si un ciudadano vota al partido socialista sabe que su voto al actual alcalde de Granadilla es a favor del macropuerto, la macrourbanización y el urbanismo salvaje, si vota la lista socialista al Cabildo debe saber que ellos quieren un puerto chiquito y se oponen a la segunda pista en el aeropuerto. En el ámbito nacional deben saber los electores que los discursos de nada sirven una vez que alcanzan el poder (véase en las hemerotecas el cambio con respecto al puerto de la actual ministra de Medio Ambiente). Pero si el PSOE había cambiado su calculada ambigüedad por un apoyo claro al puerto, ¿para qué nombró a Pedro Anatael como miembro del Consejo de la Autoridad Portuaria?
Los socialistas canarios dicen que ellos no tienen nada que ver, incluso han protestado por el fulminante e inexplicado cese. Este dislate es comprensible si se considera que el partido socialista canario no es un partido político, es la franquicia de un club de amigos unidos por su pasión a las prebendas que acompañan a los cargos públicos. No hay ideología, están ausentes los valores éticos propios de una democracia y la política se sustituye por la publicidad. No les importa el cómo, lo importante es captar votos y no hacer nada que pueda restarles apoyo electoral. Un ejemplo lo deja claro: premian al director, editor, propietario de El Día y no condenan su cerrada defensa de valores frontalmente opuestos a los que consagra nuestra Constitución. No reprueban oficialmente las falsas imputaciones, la xenofobia, las mentiras que domingo tras domingo vierte en sus editoriales, arrogándose, para más inri, la opinión de todos los tinerfeños. Por el contrario, con tal de salir en sus páginas, lo nombran hijo adoptivo si hace falta.
Fuente: Canariasahora.com