CONTRA
EL SILENCIO
José Luis
Real Baltar
El 23 de enero de 1937, en la Batería del Barranco del Hierro de Santa Cruz de
Tenerife, 19 civiles eran fusilados en cumplimiento de una sentencia dictada por
un Tribunal Militar. Caían bajo las balas de la represión franquista por su
militancia sindical e ideológica, pues todos eran de la anarcosindicalista
Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.).
Trabajadores cuyo único delito fue el creer y luchar por una sociedad más justa,
eran asesinados acusados de “adhesión a la rebelión” y “traición” por quienes,
paradójicamente, se habían alzado en un principio contra el Gobierno de la II República
española, en aquel momento ocupado por el Frente Popular, ampliando dicho
objetivo al de la destrucción de la propia República.
La muerte de los “19 de la
CNT” es uno de los episodios más recordados sobre la
represión en Canarias, pero ello no significa que sea conocido por la mayoría
del pueblo del que formaban parte los trabajadores llevados al paredón. En la
memoria colectiva canaria hay una laguna que abarca tres períodos de nuestros
últimos cien años de Historia. Los años previos a la guerra civil, época de
efervescencia reivindicativa y lucha sindical. Los propios de la contienda que
en el Archipiélago, territorio alejado de los campos de batalla, se tradujeron
en sangrientos actos de represión, reclusión y torturas. Y por último los
primeros de la posguerra, con todo su bagaje de miseria, hambre, dolor y sufrimiento,
acentuado en quienes todavía siguieron penando en las cárceles del franquismo
y/o habían perdido para siempre a familiares, amistades, compañeros.
Este lapso temporal es al que un puñado de historiadores, y algunas
organizaciones como la
Asociación por la Memoria Histórica
de Arucas o la propia CNT intentan dar contenido,
contrarrestando con ello la voluntad
política de seguir manteniendo en el silencio lo ocurrido en aras, según dicen,
de mantener el espíritu de la “reconciliación nacional” que se logró durante la Transición.
“Reconciliación” que desde luego no tuvo en cuenta a las miles de víctimas que
aún hoy en Canarias no han tenido el más mínimo reconocimiento u homenaje
oficial, y cuya memoria siguen mancillando nombres de calles y monumentos erigidos
en exaltación de los inductores y perpetradores de actos infames como el
fusilamiento de “los 19”.
Ellos y ellas, las víctimas de la represión, no necesitan una placa
que ostente su nombre en una calle de alguna ciudad, villa o pueblo de nuestras
islas. Ni un acto protocolario de las clases políticas. Ni tan siquiera una Ley
sobre la Memoria
Histórica (menos si es la que el PSOE ha elaborado), sino
simplemente que la verdad prevalezca, que su historia sea sacada a la luz,
divulgada en los Centros Educativos y en los de Trabajo, conocida por el pueblo
canario de cuyo seno fueron arrancados violentamente, para que su recuerdo
perdure y su voz rompa ya, de una vez por todas, el silencio.
* Secretario de Acción Sindical y Social de CNT Tenerife.