El control de la población
Juan Jesús Ayala
Ya desde hace años se debería de haber abordado por aquellos que tienen competencias sobre la materia las barreras necesarias que hay que poner para que las Islas estén soportando en estos momentos una carga poblacional que raya ya en el disparate demográfico. Voces de políticos se dejaron oír en su tiempo operativo para se decidiera qué medidas tomar al respecto pero los oídos taponados de la mayoría no oyeron e hicieron que las miradas se fueran para otro lado sin tomar nota de lo que estaba pasando y de lo que pudiera pasar.
Y el despropósito continua. Y ante lo que se puede avecinar se está poniendo sobre el tapete por parte del Gobierno central y del autonómico las medidas necesarias para controlar los flujos migratorios que, dicho de paso, da la impresión que no cesan ni van a dejar de hacerlo, puesto que es un fenómeno sociológico de suma importancia y vital para aquellos que hasta arriesgan su vida por llegar al mundo de la opulencia.
Pero la realidad esta ahí y no se puede eludir. En apenas un año, lo que va del 2004 al 2005 ha habido un aumento de la población de 46.653 personas. Eso sumando sólo aquellos que se pueden detectar y que hasta cierto punto están dentro de un censo; los incontrolados que circulan ni se sabe por dónde, no se sabe cuántos son. Y otro dato importante a tener en cuenta es que en apenas 14 años la población de las Islas superó las 400.000 personas, lo que nos pone en pista de que si esto sigue así, con el mismo ritmo, en un plazo de 10 años se estará en un aumento de 500.000 personas más que sumados a los cerca de dos millones de ahora ya sitúan en un punto de grave conflictividad social a Canarias.
Si se llega a estas cifras y no adoptan las medidas que hay que adoptar, el desmadre está servido. Y hay disposiciones al respecto que ya deberían de haberse puesto en rodaje. Concretamente el Estatuto de Autonomía y en su artículo 37 expresa que la comunidad autónoma de Canarias y el Gobierno central a instancias de esta podrán regular el cupo de extranjeros o inmigrantes que se determine. Se sabe que por parte de la Unión Europea está permitido la libre circulación de personas, y quizás ahí poco se pueda hacer una vez que a su debido tiempo no se puso en el Tratado una cláusula de salvaguarda de la población como así lo hizo Malta. Sin embargo, las personas que vengan del continente asiático, africano o los iberoamericanos si que se puede actuar de manera decidida y decisiva. ¿Cómo? Cansados estamos muchos de pregonar que hace falta una Ley de Residencia o algo similar que ejerza de control poblacional.
Por parte de algunos se dice que el problema no existe, que Canarias no tiene exceso de carga poblacional porque hay Islas, dicen, como el Hierro y La Gomera que tienen una densidad de población muy por debajo de la media española en su conjunto. Pero lo mismo se dijo en su día de Fuerteventura y Lanzarote; y hoy la población que vive en Fuerteventura más de la mitad ya no son majoreros. Isla que pasó en un año de 37.000 habitantes a 80.000. Disparate total. O Lanzarote que en ese mismo periodo de tiempo de 64.000 a 116.000. Otro disparate.
Y claro que sí, que el Hierro y La Gomera están en esos índices de baja densidad poblacional pero si la población aumenta al mismo ritmo, Islas que no tienen infraestructuras para soportar esa carga poblacional llegaran a su desestructuración y en poco tiempo tendremos cuatro islas perdidas que junto con el sur de Gran Canaria y el sur de Tenerife ya sólo tendrán cabida en ellas la aculturización y la pérdida de identidad.
Se sabe que si la densidad de población a su debido tiempo no se controla la pérdida del territorio es evidente. Y los territorios no sólo se pierden por invasiones y guerras de sometimiento; también porque pierden su historia dado que la que se comienza a escribir en un momento determinado no tiene nada que ver con la anterior y las disonancias sociales que toman presencia son tan trágicas y evidentes que puede suceder que canarios de Canarias cada vez haya menos y si muchos más de otros lugares.
Poner el dedo en la llaga y ver donde está la herida es fundamental para poder curar o siquiera para paliar, pero si la llaga se agranda se puede llegar a la gangrena y un cuerpo social con atonía y desvitalizado estará en manos de cualquiera menos de aquellos que han vivido desde tiempo en un territorio que parece está dejando de pertenecerle.