Corrupción de ’cuello blanco’

Justo Fernández Rodríguez

 

En España se han escrito ríos de tinta sobre los casos de corrupción urbanística, de costa a costa y de archipiélago a archipiélago, mientras muchos españoles se preguntan cuándo explotarán los escándalos de corrupción de su ciudad o isla que son objeto de los comentarios de muchos ciudadanos y que, en muchos casos, barajan nombres concretos de responsables políticos implicados y de los, más que conocidos, promotores beneficiarios.


Más del 90% de los casos de corrupción denunciados e investigados tienen que ver con la connivencia de los alcaldes o concejales con promotores urbanísticos, cuando no reúnen, en una misma persona, ambas condiciones. Tampoco los gobiernos autonómicos han sabido o querido corregir estas situaciones, especialmente cuando tienen el mismo color político que el ayuntamiento donde se producen las irregularidades. Además, la falta de competencias del Gobierno estatal, con la actual legislación, impide una actuación más eficaz que recae fundamentalmente en la Justicia, donde algunos fiscales y jueces, decididos y honestos, han de tomar un protagonismo quizás excesivo, pero imprescindible, en la represión de la corrupción.


La Unión Europea mantiene abierto un procedimiento de infracción contra la Ley Urbanística de Valencia, por vulnerar la ley europea en materia de contratos públicos. Hace unos días, el creciente número de denuncias ciudadanas que se reciben en el Parlamento Europeo, sobre abusos urbanísticos en la Comunidad Valenciana, ha obligado a que la Comisión de Peticiones estudie enviar una nueva misión de parlamentarios, la tercera, a Valencia.


En los mismos días, Miloon Kothari, relator especial de las Naciones Unidas para la Vivienda, después de visitar Zaragoza, Bilbao, Madrid, San Sebastián, Barcelona, Sevilla, Almería, El Ejido y Roquetas de Mar, ha alertado de la "especulación urbanística desenfrenada"
, "mucho más grave de lo que la opinión pública ha podido saber", considerando que "Marbella es sólo la punta del iceberg". "España tiene un problema muy grave con la especulación y el enriquecimiento de los promotores". Finalmente, recomendó "extremar la vigilancia y aplicar el Código Penal".


La financiación de los partidos y sus campañas electorales es una de las puertas de entrada para la corrupción. En demasiadas ocasiones, cuando los cargos públicos muestran un excesivo celo en favorecer intereses empresariales, anteponiéndolos al interés público, con recalificaciones, licencias, privatizaciones y concesiones de explotación de servicios públicos o se busca una financiación partidaria o el enriquecimiento particular o familiar.


Ocurre con frecuencia que, cuando se produce la imputación o la detención de un cargo público, cuyo patrimonio ha crecido geométricamente, por su posible implicación en casos de corrupción, en sus diversas modalidades, lo primero que hace es declararse inocente e inmediatamente considerarse víctima de una maquinación, por envidias o intereses políticos, del Gobierno, si es de distinto color político del concejal, alcalde, consejero o presidente de Diputación o Cabildo. Se recurre a los mejores bufetes de abogados y sus compañeros de partido e instituciones públicas intensifican las gestiones, ante las más altas esferas de la judicatura y de la política, para diluir cualquier responsabilidad. Se limpian las cajas fuerte, los ordenadores y se destruye la documentación que pueda evidenciar las responsabilidades imputadas y, en último caso, se inundan los juzgados de documentos que señalan falsas pistas, abriendo nuevos frentes y nuevas alegaciones, para eternizar la investigación. Se niega la posibilidad de crear cualquier comisión de investigación, con la complicidad de otras formaciones políticas, cuyos casos de corrupción aumentan día a día.


Se saca a la palestra a antiguos dirigentes retirados con una gran fortuna, amasada en los años en que tenían un gran poder partidario o gubernamental, mientras los centenares de adláteres, enchufados, protegidos o asesores de nada se lanzan a una campaña, con sistemas propios de repúblicas bananeras, para defender al ’líder’ de las "agresiones externas".


Paralelamente, algunos medios de comunicación, escritos, televisivos o radiofónicos, los más beneficiados, discrecionalmente, en la contratación de campañas y espacios publicitarios, opinadores agradecidos y ’líderes de opinión’ subvencionados, se suman a la campaña de engaño a los ciudadanos.


Lo peor es que algunas veces lo consiguen y personas que, permanentemente, están criticando la gestión del político acusado de estar detrás de múltiples negocios o de enriquecerse gracias a su cargo, están dispuestos a luchar contra los "envidiosos" que pretenden cuestionar su actuación.


Informe de Transparency International (TI). Coincidiendo con el Día Internacional contra la Corrupción, ha aparecido el Barómetro Global de la Corrupción 2006. A diferencia de otros años, este informe, al que sólo le prestábamos atención unos pocos, se ha visto reflejado en muchos periódicos españoles.


Con independencia de una referencia más amplia, señalaré alguna de sus valoraciones y conclusiones que más nos afectan a los españoles.


- Ha aumentado la corrupción en todo el mundo. Se mantiene la percepción de que los partidos políticos y los Parlamentos son las instituciones más corruptas, seguida de las empresas, la policía, el sistema judicial y los medios de comunicación.

- En la mayoría de los países no se considera que la actuación del Gobierno sea la más adecuada en la lucha contra la corrupción.

En el informe de TI, en el que son analizados 62 países, se considera que las "acciones gubernamentales para luchar contra la corrupción" constituyen una decepción: Muy eficaces, 5%. Eficaces, 17%. Ineficaces, 38%. No lucha contra la corrupción, 16%. Fomenta la corrupción, 15%. No contesta, 8%.


En España, los datos no son satisfactorios, pero han tenido un cambio significativo en los dos últimos años. Muy eficaces, 18%. Eficaces, 15%. Ineficaces, 36%. No lucha contra la corrupción, 13%. Fomenta la corrupción, 10%. No contesta, 8%.


Si los comparamos con los de Francia, Alemania, Reino Unido, Suecia, Italia, Suiza o Dinamarca, podemos estar más que satisfechos.


Pongamos dos ejemplos, Alemania y Francia. Muy eficaces, 0%, 1%. Eficaces, 12%, 14%. Ineficaces, 51%, 45%. No luchan contra la corrupción, 12%, 18%. Fomenta la corrupción, 19%, 15%. No contesta, 5%, 6%.