La peor corrupción: la sanidad (I)
Josto Fernández Rodríguez
En las últimas semanas, la corrupción se ha enseñoreado de la actualidad política. Me molesta que muchos ciudadanos se muestren sorprendidos, por la extendida desvergüenza y deshonestidad de personajes sin escrúpulos, que utilizan la democracia y el ejercicio del cargo público como una oportunidad de enriquecimiento, a cambio de favorecer los intereses de los grupos empresariales que merodean ayuntamientos, cabildos, diputaciones o gobiernos autónomos, siempre dispuestos a "recompensar" a quienes se muestren proclives a acceder a sus pretensiones, violentando la legalidad, ciscándose en la ética y perjudicando intereses generales de los ciudadanos. Aunque, en ocasiones, los empresarios tienen que entrar en la rueda del soborno, la dádiva, la ’mordida’, la ’coima’ el ’unto’ o la ’compensación’, si quieren competir por una obra pública o una recalificación de terrenos.
Estos días, no faltan los ejemplos de desafueros empresariales e indecencia de los servidores públicos. Valencia, Alicante, Castellón, Logroño, Murcia, Cataluña, Madrid, Marbella, Las Palmas, Telde, Fuerteventura, El Hierro o Tenerife han aparecidos en los medios de comunicación, con escándalos de corrupción, tráfico de influencias, enriquecimiento injustificado, fraude electoral, amiguismo, soborno, cohecho o nepotismo. Está claro que la construcción, la especulación, la recalificación de terrenos, la concesión de licencias y servicios o la privatización de servicios públicos son las principales causas de la corrupción en el mundo. Pero, si estas práctica son rechazables, por la estupidez de una mayoria de ciudadanos, resulta repugnante e inadmisible la corrupción en el sector de la salud pública y la privada.
El pasado 7 de abril se conmemoraba el Día Mundial de la Salud. Según la OIT, pese a que unas 100 millones de personas trabajan en profesiones relacionadas con la atención sanitaria, no son suficientes para cubrir las necesidades, ni en los países desarrollados, ni en los países en desarrollo. En 2000, más de la mitad de los médicos de la Unión Europea tenía más de 45 años. La migración de los profesionales de la salud ha dejado a muchos países sudafricanos y latinoamericanos con menos de un doctor por cada 5.000 habitantes. "La migración es parte del derecho humano a la libertad de movimientos y de la búsqueda de una vida mejor. Pero, los efectos negativos que la contratación internacional de personal de la salud ocasiona un gran retraso a los sistemas sanitarios de los países pobres".
Una encuesta en la que participaron más de 300 organizaciones de pacientes de todo el mundo indica que, practicamente, en todos los paises, la calidad de los servicios médicos es mucho peor que lo que reflejan las estadísticas oficiales. En muchas ocasiones, la falta de calidad de los servicios médicos tiene menos que ver con los recursos que con la mala gestión y la corrupción. Los encuestados de muchos países, incluido EE.UU., denunciaron que una gran parte de los pacientes no tienen acceso a tratamientos médicos, debido su alto coste.
Según el Informe Global de la Corrupción, de Transparency Internacional (TI), recientemente publicado, la corrupción en los servicios de salud, sean privados o públicos, priva a los más necesitados de los cuidados médicos básicos. "Cada año, se gastan más de 3.000 billones de euros en servicios de salud, la mayoría de los cuales son financiados por contribuyentes fiscales. Este inmenso flujo de fondos resulta un objetivo atractivo para el abuso, el fraude y la corrupción". Huguette Laballe, presidente de TI, denunciaba: "La corrupción en los servicios de salud cuesta mucho más que dinero. Cuando un niño muere durante una operación, porque la inyección de adrenalina, utilizada para revivir su corazón, era sólo agua. ¿Cómo ponemos precios a esto? El precio de la corrupción en los servicios de salud se paga con sufrimiento humano". Dora Akunyili, jefe de la Autoridad de Medicamentos de Nigeria, se queja: "La adulteración de los medicamentos, facilitada por la corrupción, mata en masa y todos podemos ser víctimas".
La corrupción invade la provisión de servicios de salud, públicos o privados.Y son los pobres, como en tantos otros aspectos, los más afectados por la corrupción en el sector de la salud. Los principales defectos detectados son:
- Los presupuestos sanitarios públicos se distorsionan para beneficio de la sanidad privada.
- No hay suficientes programas de prevención, los diagnósticos son muchas veces tardíos y el número de personas enfermas es más alto que el que muestran los registros.
- Los hospitales funcionan como tiendas de auto-servicio, para el enriquecimiento ilícito de proveedores, con adquisiciones de instrumental y suministros poco claros y empleados fantasmas en sus nóminas.
-Mientras en Gran Bretaña, con mecanismos de control estrictos, han reducido las pérdidas generadas por la corrupción en más de 300 millones de euros, desde 1999 en Costa Rica casi el 20% de las cantidades asignadas para compra de equipos médicos se desvía a bolsillos privados.
- La connivencia y los sobornos en las compras generan sobreprecios en bienes y servicios contratados o fallos en el cumplimiento de las normas de calidad. Además, la falta de planificación da lugar a la permanente construcción de edificios complementarios o a la adquisición de costosas tecnologías, particularmente susceptibles a la corrupción.
Algunas técnicas de márketing compran el apoyo de los médicos para recetar medicamentes específicos que no siempre responden a las necesidades de los pacientes, pero generan miles de millones de euros cada año para las empresas farmacéuticas, que aumentan el presupuesto destinado a márketing masivo y a lobbys, olvidando las necesidades de investigación y desarrollo, para crear medicamentos nuevos que podrían salvar vidas en países subdesarrollados.
La corrupción hace viable el lucrativo comercio de medicamentos falsos y dificulta el éxito de los esfuerzos globales para controlar y reducir la epidemia del VIH/Sida. El aumento de la financiación no será suficiente si no se combate la corrupción, que secuestra fondos asignados al tratamiento del Sida, por parte de ministerios y organismos internacionales. Hace diez días, la ONU ha reconocido el fracaso de su plan para tratar a tres millones de enfermos de Sida. Casi 600 millones de niños mueren, cada año, porque no reciben tratamiento.
David Nussbaum, director ejecutivo de TI, reitera: "La corrupción socava la confianza del público en la comunidad médica. Las personas tienen derecho a esperar que los medicamentos de los cuales dependen sean auténticos. Tienen derecho a creer que la industria de los servicios de salud está pensada para curar, no para matar".
Es preciso que reguladores, médicos, farmaceéticos y administradores del sistema de salud establezcan códigos de conducta, como referencia para prevenir la corrupción y sancionar las violaciones que se produzcan. Entre las recomendaciones de TI, de acuerdo con el sistema sanitario de cada país, la participación de la sociedad civil, resulta fundamental: "Las autoridades sanitarias deben propiciar el monitoreo público, lo que mejora la responsabilidad y la transparecia". "Las políticas, prácticas y gastos públicos deben estar sujetos al escrutinio legislativo y de la gente, mientras que las etapas de preparación de presupuestos, ejecución e información deben estar abiertas a la consulta de la sociedad civil". Demasiado bonito para creerlo.
Continuará...