Costes ambientales y costes económicos
Wladimiro Rodríguez Brito *
U
no de los problemas clave del recién comenzado siglo en nuestro ámbito territorial es la prioridad que predomina en la economía, y ésta consiste en obtener el máximo beneficio en el corto plazo, olvidando cuando no despreciando las consecuencias futuras de las acciones realizadas, en especial, sobre nuestro medio ambiente pero también, incluso, sobre la propia sociedad. Se defiende y promueve lo inmediato, resolver la papeleta momentáneamente y que del mañana se preocupen otros. De esta manera, aparecen sendas espadas de Damocles sobre nuestro cuello como el calentamiento de la atmósfera, el "efecto invernadero", el cumplimiento del protocolo de Kyoto, entre una larga serie de problemas ambientales, de los que no se escapa ni siquiera Canarias.En este marco de relaciones se celebró la pasada semana en Palma de Mallorca el I Congreso Mundial sobre Gestión de Recursos y Residuos en Islas, al que tuvimos la oportunidad de asistir y compartir con territorios insulares similares al nuestro los problemas que padecen y algunas posibles soluciones que se han diseñado para resolverlos, con el objetivo final de que este tipo de foros sirva para mejorar y facilitar el día a día de la gestión ambiental, de los recursos naturales y de los residuos generados por sociedades como la nuestra. El primer aspecto que se abordó fue el del marco legal en el que nos vemos obligados a operar que está pensado para territorios continentales y extensos, y que complica en muchas ocasiones de forma significativa su aplicación en los medios insulares dadas sus limitaciones y acusada fragilidad.
Hemos comprobado por enésima vez que la aplicación real de los criterios de la tan mentada sostenibilidad están más cerca de las declaraciones de buenas intenciones que de la realidad cotidiana de la gestión territorial. Sin embargo, algunos de los temas tratados en Mallorca representan retos y oportunidades alcanzables para Tenerife, si todos juntos, políticos, agentes sociales y económicos y ciudadanos nos lo creemos definitivamente y apostamos por un desarrollo más armónico con nuestros recursos y también con nuestras limitaciones.
Asimismo, se ha comprobado cómo existen en la mayor parte del territorio europeo una alta inflación legislativa y administrativa que no sólo no favorece la conservación del medio ambiente o la adopción de buenas prácticas empresariales más respetuosas con la ecología sino que, todo lo contrario, la dificulta y encarece. Existe un gran número de tópicos, manifiestos y declaraciones de buenas intenciones que se quedan, en la mayor parte de los casos, sobre el papel. Se necesita una mayor concienciación de la población, que se plasme en un cierto compromiso en el uso de los recursos, desde muchos y variados enfoques, ahorrando agua, luz eléctrica, consumiendo menos suelo, usando menos el coche y más los transportes públicos, apostando por las energías renovables, etc., etc. Está claro que en este proceso no sólo la población tiene un papel que desempeñar, también los empresarios, las organizaciones y, por supuesto, los políticos que debemos liderar este proceso. Sin embargo, las posibilidades de éxito de este proceso exigen unión, diálogo y tolerancia entre las partes y con las opiniones del contrario. Algo que no abunda en nuestra sociedad en los últimos tiempos, más dada a la descalificación, al insulto o al enfrentamiento. No obstante, es necesario y fundamental luchar unidos por invertir esta tendencia y volver a encontrar puntos de encuentro que nos permitan avanzar buscando el interés general de Tenerife y de toda Canarias. El medio ambiente es un recurso para nuestro territorio, que vive del turismo, de la atracción que el paisaje y la naturaleza de estas islas ejerce sobre el visitante.
Su preservación es crucial para garantizar nuestro modo de vida. En ese sentido, hemos de asumir que mantener nuestro paisaje tiene costes que hay que asumir, que hay que destinar recursos financieros y humanos a gestionarlo, por lo que hay que "rascarse el bolsillo" y gastar muchos miles de euros en conservarlo, protegerlo y divulgarlo, como mejor vía para garantizar que podamos legarlo como herencia a nuestros hijos. En definitiva el lema de la reunión de Palma consistió en "lograr una sociedad más solidaria social y medioambientalmente".
Uno de los ejemplos que pudimos conocer de primera mano, entre muchos y diversos casos de islas del Mediterráneo, Caribe o del Pacífico, fue el desarrollado por Malta con relación a la gestión de los residuos. Para que nos hagamos una idea, Malta es una isla estado, recién incorporada a la UE, del tamaño de La Gomera pero con una población ligeramente superior a los 500.000 habitantes, es decir, un territorio muy densamente poblado. Hace unos años, sus responsables políticos decidieron que sólo entrarían del exterior mercancías que viniesen en envases retornables, fundamentalmente de vidrio. De esta manera, se ahorraban un enorme problema con la generación de residuos que debían acumular, careciendo de espacio real para ello. Sin embargo, con la entrada en la UE, deben aplicar la normativa europea que obliga a permitir la entrada de cualquier tipo de envase, aplicando la libre circulación de mercancías. De esta manera, los malteses tienen un nuevo y serio problema con la gestión de este tipo de residuos que antes no padecían. Paradojas de la Europa unida.
Otra de las conclusiones extraídas de estas jornadas fue la percepción generalizada entre los participantes que en la actual Europa de los 25 priman los aspectos económicos sobre los ambientales. Temas ambientales de primera magnitud en islas como el reciclado, el compostaje, etc., pasan a segundo lugar y los vertederos tradicionales con el enterramiento de los residuos, tienen grandes dificultades en los medios insulares. En este contexto parece que la valoración energética es de las alternativas más viable. Para los próximos años la asignatura pendiente es la comunicación e información a los ciudadanos. Para que se conciencien, por una parte y por otra, que se impliquen individual y colectivamente en la gestión cotidiana de los residuos que generamos todos. A1 mismo tiempo, a la administración hay que exigirle transparencia absoluta entre las acciones que se promueven y los motivos que nos conducen a ellas.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife
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