EL
“CRACK DEL
ALBERTO VÁZQUEZ-FIGUEROA
A principios de los años veinte, una terrible sequía asoló el
Medio Oeste americano con lo que la tierra de las grandes praderas, muy ligera
y carente de humedad, comenzó a levantarse por efectos del viento, formando lo
que acabó por llamarse “El Gran Cuenco de Polvo”, una
gigantesca nube marrón que se dedicó a girar sobre si misma aumentando de
tamaño hasta que su diámetro llegó a alcanzar casi desde el Golfo de México
hasta las Grandes Lagos, y desde las Montañas Rocosas hasta las orillas del
Missisippi.
Fue sin duda la peor catástrofe natural de la historia americana,
infinitamente más dañina que el huracán “Katrina”, sobre todo en los estados
centrales que pasaron años sin ver el sol de lo espesa que llego a ser la capa
de polvo.
En “Las uvas de la ira”,
John Steinbeck describió de forma impresionante cómo la sequía y ese polvo en
suspensión llevaron a la ruina a unos desesperados agricultores que se vieron
obligados a solicitar préstamos con el fin de intentar salvar sus granjas, pero
al no conseguirlo tuvieron que abandonarlas con el fin de emigrar en masa hacia
la soleada California.
Y ese constituyó el principio del verdadero desastre puesto que el
incontrolable éxodo de los campesinos del Medio Oeste americano durante los
años veinte provocó la crisis económica de principios de los treinta.
Actuó como un efecto dominó, ya que
los agricultores abandonaron sus granjas sin pagar las hipotecas lo que llevó a
los bancos agrícolas a encontrarse dueños de inmensa cantidades de tierras
improductivas que nadie quería comprar, a la par que con una total carencia de
liquidez.
Lógicamente fueron quebrando uno
tras otro, y en su caída arrastraron a los
bancos comerciales e industriales a los que habían solicitado préstamos.
Los desconcertados ahorristas
temerosos de nuevas quiebras bancarias se dedicaron a invertir en una bolsa
cuyos títulos comenzaron a aumentar de valor de forma injustificada en lo que
no era mas que un juego de especulación sin la menor base económica fiable.
Lógicamente un buen día la burbuja estalló en lo que se conoce como el “Jueves
Negro” que dio origen a “
Sorprende que la debacle de la primera potencia económica mundial
fuera el resultado de una simple sequía, pero lo cierto es que las sequías
nunca son simples. El ser humano puede resistir dos semanas sin comer, pero no
sobrevive a dos días sin beber, y de igual modo los países, e incluso las civilizaciones,
pueden soportar muy duras pruebas excepto una falta de agua cuyos nocivos
efectos siempre perduran aunque no se advierta a simple vista.
Pese a ello los empresarios, los bancos y las cajas de ahorro
españolas aun no se han dado cuenta de que se está jugando el futuro; cuando la
agricultura, el urbanismo y el turismo de nuestras costas entren en crisis por
problemas hídricos se dejaran de pagar créditos y se producirá el mismo efecto
dominó que concluyó en el terrible “Crack del
No obstante, en lugar de tomar medidas al respecto invirtiendo en
estudios sobre nuevas tecnologías, lo único que hacen es invertir en bolsa
siguiendo el sendero que en su día siguió Norteamérica, y que ya la pasada
semana dio un serio toque de atención.
Quien no escarmienta en cabeza ajena suele perder la propia;
docenas de civilizaciones han desaparecido de la faz de la tierra por falta de
agua pero nos preocupa mas averiguar si es posible que existiera en Marte hace
cien siglos, que si la habrá en
Este año apenas ha nevado, por lo que las estaciones de esquí,
incluidos sus hoteles, se han visto obligadas a solicitar créditos con el fin
de cubrir perdidas.
¿Qué ocurrirá si el año que viene tampoco nieva?
¿Cómo pagaran sus créditos y qué harán los bancos cuando se
encuentren dueños de hoteles y estaciones de esquí que no producen beneficios
porque la alta montaña sin nieve únicamente atrae a las vacas?
En estos momentos el gobierno proclama orgullosamente que nos
hemos convertido en la octava potencia económica mundial, pero oculta que
ocupamos el puesto 73 en lo que se refiere a patentes de utilidad pública.
El turismo constituye una de nuestras principales fuentes de
ingresos pero no nos estamos preocupando por averiguar qué ocurrirá cuando en
nuestras costas los veranos resulten extremadamente calurosos mientras que el
norte de Europa disfrute de nuestras temperaturas actuales.
De hecho, ya esta ocurriendo.
Nuestros peores enemigos, sequía, desertificación y calores extremos,
llaman a la puerta, pero los bancos prefieren financiar una orquesta sinfónica
a una investigación sería sobre las nefastas consecuencias del cambio
climático.
Opinan, y no les falta razón, que son problemas de los que tiene
que preocuparse el gobierno, pero no se detienen a meditar en el hecho de que
los gobiernos pasan y se olvidan, pero los bancos deben permanecer cualquiera
que sea la ideología o la ineptitud del político de turno.
La señora Cristina Narbona tiene los días contados al frente del
Ministerio Medio Ambiente: trescientos ochenta en el mejor de los casos, visto
que dentro de un año se celebrarán elecciones generales, si es que no se
adelantan al otoño como ya empieza a insinuar el propio gobierno.
En el supuesto de que el partido socialista volviera a ganar
dichas elecciones, y dejando a un lado la celebre frase: “Errar es de humanos y preservar en el error es de
políticos”, el Presidente Zapatero deberá remodelar su gabinete dejando fuera
a los ministros peor considerados, y ella es la penúltima de la fila.
Le consta que la solución
que no ha sido capaz de encontrar en tres años no lo encontrará en cuestión de
días, por lo que dedicará sus ultimas actuaciones a adjudicar costosos proyectos
a empresas a las que se les deben favores o de las que se espera recibir
favores, y colocar “Primeras Piedras” de plantas desaladoras que los
agricultores no quieren debido al alto coste de su agua, de la misma manera que
su antecesora en el cargo colocaba a toda prisa “Primeras Piedras” del
malogrado “Trasvase del Ebro”.
Y es que la mejor manera de resolver el problema hídrico ha sido
siempre dejárselo en herencia a un sucesor.
Y así “sucesivamente”…
Cuatro titulares han pasado
por el Ministerio de Medio Ambiente desde su creación, y ninguno de ellos ha
llevado una sola gota de agua más a los agricultores.
Por ello creo que deben ser los empresarios, las cajas de ahorro y
los bancos quienes tomen cartas en el asunto si no quieren enfrentarse a una
debacle de incalculables consecuencias.
Aunque tal vez a los banqueros les consuele saber que cuando su “Titánic”
particular naufrague, las orquestas que financiaron seguirán tocando hasta el
último instante.