Cría cuervos

Wladimiro Rodríguez Brito *

En una lectura de Pedro Nolasco Leal Cruz sobre trabajo de Gaspar de Frutuoso, en torno a 1560, nos describe cómo los cuervos en las islas constituían una seria plaga contra la agricultura, y citando la Isla de Tenerife, comenta que "hay muchos cuervos, que causan mucho daño en los sembrados tanto cuando se siembran como cuando comienzan a granar, y también causan daño a los animales pequeños...". Incluso, en las ordenanzas del Cabildo de La palma de esos años encontramos recogida la obligatoriedad de que cada vecino mate no menos de 5 cuervos al año, con el compromiso de mostrar sus cabezas a la autoridad competente, so pena de sanción de 300 maravedíes.

Resulta muy interesante ver cómo han evolucionado los cuervos en las islas a lo largo de estos siglos transcurridos. Pasar de una sociedad ganadera, (Los Guanches), que convivía con los cuervos a una sociedad agroganadera que ponía en peligro la subsistencia de los nuevos pobladores por la merma en las cosechas, hemos pasado a casi su total extinción en tiempos actuales, donde en islas como Tenerife perviven apenas una docena de parejas. Esto se explica por varias razones. La primera por la desaparición del ganado suelto por los campos de la isla y, en consecuencia, la pérdida de la carroña para alimentar a estas aves. Y, por otra parte, la afortunada idea para nuestra sociedad de construir el PIRS de Arico, eliminando progresivamente los más de 300 vertederos incontrolados repartidos por todo el territorio insular, en los que se alimentaban los cuervos. Si bien en Arico las gaviotas han sustituido a esta especie, más habituada a vivir en medianías o en terrenos forestales.

Asimismo, los nuevos sistemas de tratamiento de las basuras, complican aún más la alimentación de estos córvidos. Por ejemplo, en el Área Recreativa de Chío, donde aún sobreviven unas pocas parejas, la reciente instalación de un contenedor cerrado les impide acceder a las sobras de las comidas y, por tanto, alimentarse.

Hasta los cuervos de la isla tienen que adaptarse a la nueva situación de los recursos y si no lo consiguen, sólo a través de acciones directas y específicas de la Administración conseguirán sobrevivir los pocos que aún nos quedan. Es oportuno plantear que en este nuevo sistema de ocupación del espacio y de relacionarnos con el medio, el cuervo no tiene cabida como antaño y tiende a desaparecer, a no ser que se apueste por una serie de medidas urgentes que permitan su supervivencia. Acciones como crear unos muladares en los hábitats en los que todavía detectamos su presencia, a los que llevar restos de animales procedentes de mataderos o de otras instalaciones, permitirían sostener su mermada población. No es contradictorio pensar que hasta los cuervos sobreviven si el hombre se preocupa de los mismos.

De esta manera, podemos comprender las dificultades que entraña la gestión de la naturaleza en un territorio tan sensible como el nuestro. Mantener en armonía los intereses humanos, la protección del medio ambiente y de la biodiversidad, los usos tradicionales, las actividades lúdicas, etc., entrañan un verdadero desafío diario para los gestores. Una dificil tarea en la que no puede primar ni el proteccionismo a ultranza ni una actitud permisiva despreocupada. El cuervo y la evolución de su población en Canarias supone un magnífico ejemplo de la existencia de una especie que no sólo ha dependido de la propia naturaleza sino sobre todo de la coyuntura socioeconómica de la sociedad insular. En los primeros 500 años en los que la sociedad canaria era eminentemente rural, esta especie se multiplicó y constituyó una plaga para el hombre. El mismo hombre que ahora trata de salvar los escasos ejemplares que han sobrevivido en medio de una sociedad decididamente urbana.

En definitiva, para cambiar esta situación hay que reuhir la burocracia y afrontar el problema con acciones urgentes y decididas.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife