Cultivos ambientales e infancia: la educación en valores

 

Wladimiro Rodríguez Brito

En esta sociedad urbana en la que vivimos, tan condicionada en su cultura y mentalidad por el consumismo y la televisión, parece normal que se nos presente un futuro con numerosos interrogantes con relación al conocimiento y la vivencia del territorio y de su naturaleza. Este hecho es aún más preocupante cuando se trata de las generaciones más jóvenes, los hombres y mujeres del mañana, que tendrán la responsabilidad de gestionar y gobernar esta tierra. Así, resulta prioritario para esta sociedad acercar a los niños a la naturaleza y no, como ocurre con demasiada frecuencia, que cada día estén más alejados de ella.

Las consecuencias de este alejamiento son más que preocupantes: continuar viviendo en una "burbuja" llena de artificialidad y cuya religión predominante es el consumismo a ultranza, al margen de las leyes de la naturaleza, de la protección del medio ambiente y, en definitiva, del sentido común.

En este inquietante panorama debemos situar algunas actitudes que nos permiten afrontar con mayor optimismo y garantías el futuro. Durante la pasada semana santa, un amplio colectivo de voluntarios, padres y madres, sensibilizados con el medio ambiente, logró que alrededor de 2.000 niños scouts se alejaran de la Game boy, play station y la tele por unos días y respiraran aire puro, pinos y naturaleza, a raudales. Más allá del enriquecimiento personal e interior que proporciona el breve tránsito por estos rincones tan especiales de nuestra Geografía -no olvidemos que son nuestros "tesoros" naturales-, prescindiendo por unos días de todas las comodidades de la vida diaria urbanícola a cambio de disfrutar y sentir el mundo de sensaciones de la naturaleza, durmiendo en el suelo, en un saco de dormir, en una tienda de campaña, sin luz eléctrica o agua caliente, los niños han aprendido a valorar lo que tienen y lo que deben proteger a toda costa para que lo puedan disfrutar de mayores y, más adelante, legar a sus hijos. La educación ambiental en plena naturaleza es la mejor de las lecciones y -tal vez la más emocionante- que pueden recibir nuestros jóvenes. Otra enseñanza que no debemos minusvalorar es la de la humildad, un valor en recesión en nuestra sociedad y que, en esos ambientes, se practica a diario, porque no queda otro remedio.

Los Campamentos de Medio Ambiente en Fuente Pedro, Barranco de la Arena, el Lagar, San José de los Llanos, Orticosa, entre otros, se han convertido en puntos de encuentro y de enriquecimiento para la impresionante cifra de dos millares de jóvenes que, en estas fechas vacacionales, se atrevieron -en palabras de Pedro Guerra- a "contaminarse" de naturaleza y de vida sana. En el futuro, nuestra esperanza y principal motivación es que estos niños se convertirán en adultos comprometidos con los problemas ambientales y sociales de esta tierra y del resto del planeta. Asimismo, la vida al aire libre proporciona algo más que educación ambiental -que no es poco-, además se convierte en una escuela de convivencia y ciudadanía, unos valores que cada día nos harán más falta -basta con leer la prensa diaria- si queremos aspirar a un futuro mejor con una sociedad más sana, responsable y consciente.

En definitiva, queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a los Scouts y a otros colectivos similares que comprometen su tiempo libre para educar a las nuevas generaciones de canarios y canarias en el respeto a la naturaleza, ayudándonos a los que tenemos la responsabilidad pública de gestionar y velar por ella. De esta manera será más fácil y abordable la ingente tarea de proteger, conservar y divulgar nuestro importante patrimonio natural.

* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife