CANARIAS,  LA CULTURA RACISTA Y ÁFRICA

 

Andrés García Montes

 

Hace tiempo llegó a mis manos un editorial del diario El Día de Santa Cruz de Tenerife de fecha 20 de mayo del 2006, debió, como es lógico, tener su autor, aunque como editorial es atribuible a la dirección del periódico. Dicho editorial se titula “Mauricio el Africano”. Su lectura me originó una perturbación psico–emocional de tal magnitud, que, a pesar de leerle varias veces, mi cerebro se negaba a procesar la información que transmitía aquella página y media, pues era una fotocopia.

 

Solo al día siguiente, y después de tres sucesivas lecturas, pude procesar el mensaje que dicho editorial  transmite. Mi primer impulso fue contestar lo que interpreté como un insulto al pueblo canario, pero después de escribir dos hojas las rompí y las boté a la papelera y decidí contestar cuando estuviese más calmado, más sosegado. De esto han pasado dos meses y hoy, al abrigo de la tranquilidad que da el tiempo y siguiendo los consejos de Secundino Delgado, me he sentido anímicamente preparado para contestar lo que juzgo un denigrante y degradante mensaje no para mi, ni para el señor José Carlos Mauricio, sino para el pueblo canario.

 

He sido soy y seré  canario más allá de la tumba, solo que soy emigrante desde hace mas de 50 años. Quizá esa circunstancia me permita ver el aludido editorial con la profundidad y el alcance que muchos de mis queridos hermanos que han venido sufriendo la transculturización socio–cultural que el bombardeo publicitario y los grandes intereses en juego, han venido introduciendo y que han desvirtuado mucho de los valores culturales heredados de nuestros ancestros, y que hoy se levantan como invisibles cortinas que le impiden ver con los ojos y la conciencia de pueblo e identidad, con que los veo yo.

 

Comienza el editorial con la siguiente frase: “Siempre nos hemos considerado europeos los canarios, por razones obvias...”. Como se dice en Venezuela, no más empezar y ya dejó el plumero. Estos señores ignoran o creen dirigirse a tarados mentales, cuando hacen esa afirmación, pues hasta finales del siglo XIX, cuando España pierde las últimas colonias de su otrora amplio imperio, a los canarios nos llamaban moros y como tales fuimos tratados, pero a raíz de aquel descalabro, pusieron sus barbas en remojo y comenzaron a llamarnos españoles y Canarias pasó a la categoría de provincia. ¿cómo sentirse europeo recibiendo el nombre de moro?. 

 

Como canario me siento ofendido al considerar a mi pueblo como una manada de ignorantes que no sabemos historia ni tenemos capacidad crítica y analítica, pues entre otros aspectos son hechos muy conocidos que los canarios que poblaron las tierras del Nuevo Mundo recibían  el mismo trato de los esclavos indios y negros, de otra forma no se explica la tremenda reacción del mantuanaje caraqueño cuando Don Sebastián de Miranda Ravelo, padre del Generalísimo Francisco de Miranda, comprara su título de nobleza o limpieza de sangre, allá por el siglo XVIII, lo que generó un histórico enfrentamiento que culminó cuando a finales de dicho siglo, Carlos III, emitiera real cédula del 8–5–1790 decretando que a partir de esa fecha los canarios y su descendencia fuesen inscritos en los libros de los blancos, generando este hecho en Venezuela una verdadera revolución cultural, por cierto, poco conocida, que permitió destacar y ampliar el papel que los canarios hemos jugado en el devenir histórico de Venezuela y cuyos hechos también jugaron importante papel en los conocidos acontecimientos que sufrió el hombre más universal que ha parido la sociedad venezolana y que terminara sus días preso en la Carraca en Cádiz,  cuya descollante actuación en la libertad de estos pueblos, aun hoy, sea poco conocida. Tal fue el Generalísimo Francisco de Miranda, cuyo pecado o mejor delito, era ser hijo de un isleño. Esto describe muy bien como éramos tratados los canarios, tanto en las colonias americanas como en nuestras islas. ¿Cómo sentirse europeo en estas condiciones?.

 

Otro  párrafo del aludido editorial dice: “... y ahora viene el Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno Canario, José Carlos Mauricio, a pregonar ante la prensa y las autoridades mauritanas que somos África...”. Esto seguido de un conjunto de argumentos y preguntas que por decir lo menos, asombran, pues hay preguntas como estas: ¿qué pretende este hombre?, ¿que dejemos de ser una región más de Europa y vivamos en el desierto?.  Muy a pesar mío, tengo que darle la razón, pues desde el mismo instante en que reconozcamos que somos África, de ipsofacto, nuestras bellas Canarias se convertirán en desierto?. A quien creen que están hablando o dirigiéndose estos  señores, ¿a ineptos, a retrazados mentales, a imbéciles que se chupan el dedo?. Pero su demencia no concluye aquí, a esa pregunta le sigue la otra. ¿Pretende darle argumentos  a las ansias anexionistas de Marruecos...?. De nuevo aquí le salta el plumero. Este argumento ya desgastado y bien identificado por su profusa difusión, sabemos de donde viene y los objetivos que persigue y pone de manifiesto su falta de originalidad. Pero ¡oh! sorpresa, en su delirio parece que un destello de luz le hizo una mala jugada, pues la pregunta que le sigue dice: ¿Y el Gobierno Central?, ¿va a colaborar con Mauricio y continuar con la política que nos trata como si fuésemos colonias de ultramar?. Aunque sea en forma interrogativa, reconoce que aun hoy no somos tratados como europeos. Algo, es algo y la contradicción surge, no perdona. Esta primera parte concluye con el siguiente planteamiento: ¿no tiene este gobierno autónomo preparado un nuevo estatuto de autonomía donde Canarias se autodefine como Archipiélago Atlántico? La capacidad de asombro se pierde, cuando este señor, nos dice que el pertenecer o no a una región geográfica se decreta, por tanto, no es facultad de la naturaleza. Así que los textos de geografía y los entendidos sobre la materia, tienen que corregir su garrafal error.

 

El o los aludidos aun no se han  enterado o no quieren entender, que de todas las islas que circundan al continente africano las más próximas son las Canarias, que distan menos de 100 kilómetros de sus costas y más de 1000 del punto más cerca del continente europeo, la punta de Cádiz en España. Eso se puede apreciar con solo mirar un mapamundi, ahí nos colocó la naturaleza nos guste o nos disguste, aceptémosle o rechacémosle. Ante tal afirmación no dejan otro camino más que  mandarles a que estudien geografía. Los canarios tenemos la suficiente capacidad para leer tan simple realidad en cualquier mapa, allá con su problema los ciegos y enfermos de racismo. Póngale usted respetado lector, el nombre que se adjudica quien reacciona de esta forma por decir una verdad como lo hizo el señor José Carlos Mauricio, es algo para no creer, pero hay que rendirse ante las evidencias.

 

Si usted, amable lector, cree que con lo dicho termina el festín de incongruencias lamento decirle que se equivoca., solo que ahora comienza a transitar los repulsivos caminos del racismo y la segregación racial. Así que dirigiéndose al Presidente del Gobierno Canario hace la siguiente pregunta: ¿qué conocimientos tiene Mauricio para estar en un Gobierno canario, español y europeo?.... con estas declaraciones –prosigue– está diciendo que son bien venidos los cayucos, los subsaharianos, la miseria ... y que compartamos lo que tenemos con millones de africanos... Después de pedir al presidente canario que lo sustituya, sigue diciendo: “... está poniendo en peligro el bienestar de la población mayoritaria del  archipiélago, es decir, la de raza blanca y origen europeo. Que imprudente y torpe, decir  que somos Africa, justo cuando el archipiélago padece la mayor oleada de desembarcos con inmigrantes ilegales de su historia...”. Un viejo adagio en Canarias define muy bien al autor. “ Ningún camello se ve su joroba”. Me refiero a su proceder no a su persona. ¿Si el señor José Carlos Mauricio por decir una incuestionable verdad se hizo acreedor de una reacción que le trata desde torpe e imprudente hasta ignorante e incapaz, ¿qué calificaciones merece este señor que arriba de ignorar la Historia de Canarias en su fase mas conocida como es la emigración, nombra la soga en casa del  ahorcado?. En situaciones más o menos similares a las que él describe para los infelices que hoy nos invaden desde el Continente Africano, muchos miles de canarios, hace solo medio siglo, llegaron a las costas americanas, principalmente a Venezuela, quizá por lo más largo del trayecto a un costo más dramático en sed, hambre, sufrimientos, dolor y muerte. No soy el único que cree que el tormento que sufrieron estos hermanos les llevó a cometer actos de antropofagia que luego pagaron los tiburones del Caribe. Y lo más conmovedor y doloroso, que ese no ha sido el único caso en que nuestro atormentado pueblo explotado, maltratado, acosado,  y abandonado, por los blancos y civilizados europeos, no tuvo más salida que abandonar  su casa y cruzar el Atlántico en busca de esta América salvadora, donde siempre fueron recibidos con consideración y respeto, sin manifestaciones xenofóbicas de exclusión, segregación, rechazo, racismo y desprecio, como el que usted manifiesta. Pero los que le enseñaron a usted esa cultura son los civilizados, éstos en el mejor de los casos son gentes del Tercer Mundo, honrosa e inteligente conclusión que surge de su expresada conducta. No incluyo en estos alegatos a nuestros aborígenes tratados como, bestias y vendidos como esclavos, porque a aunque a usted no le guste eran y siguen siendo canarios. No me crea a mi, consulte la excepcional obra del catedrático e historiador Julio Hernández García, titulada “La Emigración de las Islas Canarias en el Siglo XIX”, y si quiere profundizar conocimientos, la obra “Al Suroeste la Libertad” del autor también canario, Javier Díaz Sicilia, para que se entere de una vez, que la emigración clandestina ha sido una constante en nuestra historia, en condiciones que nada tienen que envidiar a los que usted trata con esa indolencia y desdén. ¿No es eso un desprecio a la memoria de nuestros héroes de ayer?.

 

Que nuestro pequeño archipiélago no puede con la avalancha de los infelices hambrientos y desesperados que nos llegan del Continente Africano, no admite discusión, pues es un problema cuyas dimensiones van mucho mas allá de nuestra capacidad y buena disposición. Ello exige la busca de una solución, y la búsqueda de la misma nos conduce a darnos un paseo por la historia, apenas hurgamos en los hechos aparece la verdad en la cual nuestro archipiélago sigue siendo víctima precisamente de lo que usted reconoce, un trato de “colonias de ultramar”.  Analizando su enfoque del problema, me parece mucho pedirle que haga un análisis histórico del hecho, de esa especie de invasión que en nada se parece a las salvajes, destructivas, asesinas, explotadoras y ladronas, que caracterizaron a la expansión colonial europea, que por cierto, se inicia en 1402, con el intento de Francia y luego la anexión de Canarias por la Corona de Castilla.

 

Aun aceptando el exabrupto de justificar las atrocidades que los invasores europeos cometieron en el mundo a cambio de traer una supuesta “civilización” que solo ha necesitado unos pocos años para pudrir el agua, envenenar el aire, desertizar  amplias extensiones de la Tierra, destruir gran parte de la flora y la fauna, destruir la vida en la Tierra con la muerte de millones de peces, aves, y otros animales, destrucción de los bosques, provocar las lluvias ácidas, destrucción del equilibrio ecológico, incremento del calor que entre otras cosas determina la destrucción de los casquetes polares, y un muy largo etc., para desembocar en la crisis de nuestros días en la cual más de la mitad de la humanidad sobrevive con menos de dos dólares diarios y de éstos 1200 millones solo cuentan con un dólar o menos para sobrevivir. Esa situación que es la que genera esas emigraciones clandestinas y que el autor lo ve con tanta ligereza y miopía, como si algo tan grave no tuviese causa y responsables. En otras palabras: esa civilización ha puesto a la humanidad a caminar al borde del precipicio a nombre del progreso, del desarrollo y la felicidad del hombre, las mismas mentiras que han venido repitiendo hace 500 años.

 

Me atrevo a creer  que no tenemos grandes diferencias en reconocer que los conquistadores saquearon los recursos de las colonias y se los llevaron a las metrópolis. Primero fue el oro, la plata y otros metales preciosos, luego los minerales, como el  hierro, la bauxita, el cobre, etc., siguieron con la madera y la explotación del suelo, primero imponiéndolo a través  de la ley de la selva bajo las bayonetas de sus ejércitos de ocupación, y cuando fueron botados esos ejércitos, la explotación, el robo y el saqueo, prosiguió bajo otros métodos mas sofisticados. Todo el que tenga solo nociones de historia sabe que no estoy exagerando, que lo dicho está a la luz de quien quiera verlo. ¿Qué espacio queda para negar que la mayor parte del bienestar de la opulenta Europa se debe a estos hechos?, ¿y que duda puede haber que la inmensa mayoría de estos pueblos que sufrieron tal despojo, huérfanos de sus riquezas naturales, víctimas de modelos culturales impuestos a fuego y sangre, hechos para el estancamiento, la involución y el subdesarrollo, solo le dejan el camino de la emigración?, ¿es tan difícil entender algo tan simple? De forma que ese pomposo Primer Mundo del cual tanto se ufana el autor, está cosechando lo que ha sembrado a lo largo de más de 500 años. Esto es un hecho histórico, que sobrepasa la capacidad de respuesta que los estrechos parámetros de los intereses con que se identifica el autor tienen.

 

Como bien puede observarse, Canarias, que entró en la lista de los saqueados y explotados, es víctima de ese pecado que no ha cometido, pero que sus nexos con la metrópoli le enredan en un problema que sobrepasa su capacidad y voluntad. Pero como siempre, los verdaderos y auténticos culpables, beneficiarios directos de la causa central del problema, se hacen los locos y tratan tan serio problema con pañitos calientes y demagógicas declaraciones. Al igual que el autor del editorial, como canario, me siento preocupado y siento el peso de la impotencia, pero no caigo en el craso error de reaccionar contra las víctimas y menos en esa forma racista y excluyente, mientras guardo silencio y con ello me convertiría en cómplice, en señalar al verdadero y auténtico culpable, que tiene mucho más recursos que Canarias para enfrentar el problema. Por cierto, con el debido respeto invito al amable lector a ver un trabajo publicado en este mismo medio titulado “La Historia y su Veredicto” (*) donde trato este problema con mucha mas profundidad.

 

Por último, este señor termina de soltar el plumero dirigiendo su esfuerzo a profundizar la artificial  y creada división del Pueblo Canario. Como ya hemos dicho, al poner las barbas en remojo, la metrópoli española al perder los últimos vestigios de su imperio americano, nos comenzó a llamar provincia, pero tanto a ellos  como a sus aliados internos les pareció peligroso que los canarios estuviésemos unidos en una sola entidad política y, para 1927, inventaron unos supuestos enfrentamientos entre las islas de la Gran Canaria y Tenerife, donde el caciquismo y la oligarquía, tataranietos de los conquistadores, jugaron el papel central, creando un enfrentamiento cargado de ansias hegemónicas y de poder que obligaron a la sufrida metrópoli a devanarse los sesos buscando la paz y la armonía de sus queridos hijos canarios. En su atormentada búsqueda, la mente no les parió otra cosa más idónea que dividirnos en dos provincias, de esa forma se limpió las manos la metrópoli y los socios encontraron la solución, previamente acordada, para dividir al pueblo canario, creando este artificial enfrentamiento. Desde entonces y montados en esta plataforma, los serviles de las castas dirigentes canarias, han venido creando las condiciones para profundizar las divisiones en el pueblo canario. Así que no es por casualidad que este señor exponga en su editorial cosas como estas: “Mauricio al declararnos africanos a todos los canarios, se ha dejado llevar por una percepción que es más propia de su provincia, Las Palmas, donde mucha gente no considera a los berberiscos tan extraños étnicamente... y no ha respetado los sentimientos de tinerfeños, palmeros, gomeros y herreños, que están a años luz de esas ideas...”. Después de algunas expresiones despectivas y descalificadoras para el señor José Carlos Mauricio, continúa: Don Adán Martín, no somos “ hipercríticos “, lo que pasa es que decimos las verdades. No lo tome con el mensajero de las malas noticias que protagoniza su consejero y ataque los problemas en su raíz. Tiene usted cuatro “bestias” políticas en su equipo que están machacando a Tenerife y a sus más altas instituciones y ahora, a toda Canarias. Deshágase de ellos sustituyéndolos por otros ...”.  Sigue todo un conjunto de  descalificaciones concluyendo con la urgencia de sacar a los aludidos personajes del  Gobierno de Canarias.

 

Si algo se destaca es que el autor del editorial es sincero, se hace entender, es bastante directo y expresa su conformidad con las enseñanzas en toda su estructura de la metrópoli y sus serviles internos, se esfuerza y lo logra, en demostrar ser un aventajado alumno de las doctrinas y enseñanzas de la “blanca y civilizada“ Europa, es un excelente portador del “Síndrome del Colonizado”, entre otras ¿virtudes? a que puede hacerse acreedor.

 

Como estudioso de los procesos culturales y la influencia que la cultura tiene en los patrones de conducta del hombre, en su forma de ver y de pensar y ateniéndome a las enseñanzas de Secundino Delgado que nos pide reaccionar en forma comprensible ante un compatriota confundido e inducido a través  de la imposición, el engaño, la enseñanza de una historia tergiversada o simplemente ignorada, como es nuestro caso, para la inmensa mayoría de los canarios, trato no sin esfuerzo de comprender, pero me es difícil digerir tanta premeditación y alevosía, un insulto de tal magnitud al pueblo canario, a nuestra cultura, a nuestro gentilicio, a nuestra nobleza y valores humanos, a nuestra condición de pueblo, que a pesar de las múltiples adversidades siempre hemos sabido empinarnos sobre los despojos de nuestras desdichas y escribir nuestra historia en el limpio y pulcro papel y con la dignificante tinta del trabajo honrado y creador, solidario y respetuoso, igualitario y humilde, rechazando siempre el orgullo, la prepotencia, la pedantería, los complejos de superioridad, el racismo, la exclusión, la segregación y el desprecio, como norma en las relaciones con nuestros semejantes. Como canario, como emigrante,  como lo que siempre me he considerado un ser humano, ni superior ni inferior a cualquier semejante, no importa su tamaño, raza, religión, idioma o lugar de procedencia, mucho menos el lugar del planeta donde nació, para mi es un ser humano digno de respeto y consideración, trato justo y humano, forma de proceder y cultura, que me enseñó mi pueblo. La indignación que me embarga al suponer que un canario es el autor de tal ofensa, desconociendo y pisoteando los valores socio–culturales que mamamos de nuestro pueblo y que con orgullo puede exhibir el pueblo canario y que con tanta euforia y satisfacción he pregonado donde quiera que la oportunidad y el medio me lo   han permitido, siento que se multiplica y por tratarse de un compatriota y las otras razones ya expuestas, me muerdo la lengua y no le pongo  el nombre a semejante inconciencia e irresponsabilidad. Con el debido respeto, invito al distinguido lector a  que se lo ponga.

 

Por último, me permito una sugerencia, eso si, con el máximo respeto y consideración que le debo a un semejante tal como me lo enseñó mi pueblo canario. Para demostrar que se es fiel al amo, no hace falta descender a niveles tan bajos y degradantes.

 

(*)