Diciembre 2004
DANILO FUE LA OTRA MEJILLA.
Carlos Level
Danilo Anderson ha venido a convertirse en la otra mejilla de un proceso de cambio golpeado con impiedad e inclemencia por los cuatro costados y con todas las fuerzas de la intolerancia y el odio. Danilo fue esa otra parte de la anatomía que se había salvado hasta el momento. La otra Mejilla. Tan contundente y brutal fue la bofetada, que aquellos que la lanzaron, no sospecharon que lo convertirían en un Mártir por la labor doctrinaria, casi apostólica que llevaba a cabo. La justicia para todos. En la búsqueda de la extirpación de la impunidad. Convencidos estamos, que en un mundo donde se impone siempre el bien sobre mal, tal cosa no puede ser una utopía.
Aquellos, con su acto cobarde y canallesco del más puro terrorismo; fortalecieron al pueblo y su proceso de cambio. Multiplicaron por mil, el desprestigio de una insulsa, dispersa y brutal oposición, que se sirve de sus deshonrados y degradados medios de comunicación para convertir a los atrapados autores en victimas angelicales, y, al qué había ofrecido la otra mejilla, en un odioso verdugo.
No necesitamos eternizarnos en tal precepto y teoría bíblica. El mismo, a lo largo de dos mil años de cristianismo, sólo se había convertido en un acto muy simbólico. La historia cristiana no reseña ningún gesto fehaciente de santos hombres que hubiesen puesto la otra mejilla.
Nunca tal precepto bíblico, se había hecho tan patético, tan vehemente. Llevando al dolor y a la melancolía a todo un pueblo flagelado y hastiado de la infamia, la mentira, la calumnia y la manipulación de la información. Un pueblo que tiñó de rojo revolucionario el mapa venezolano, pero, para aquellos todavía no existen.
Un pueblo que ha soportado calladamente, desde, aquella absurda sentencia «Que no hubo golpe de estado, sino un vacío de poder» Hasta el increíble y chocante cotidiano antes y después del golpe. De una mentira repetida hasta el cansancio y, otras miles de ellas, laboriosamente inventadas y metódicamente transmitidas.
Un pueblo que se ha sometido al sacrificio con valentía, sabiduría y sin soberbias; a los golpes bajos y contundentes que ha tenido que resistir. Jamás un hombre resistió tanto, cómo ha resistido un pueblo cómo un solo hombre. Danilo Anderson se convirtió para la historia y la conciencia de ese pueblo y de un continente, en la otra mejilla de Simón Bolívar y la Revolución bolivariana.
Con impaciencia y optimismo se esperaba a través de él, un poco de justicia en el desierto de la eterna impunidad comprada o vendida al mejor postor en el oasis habitual de los mejores tiempos cuarto republicanos de la corrupción venezolana.
Nunca, tan pocos vieron a tantos con tanta repugnancia y arrogancia. Nunca, tan descaradamente una clase privilegiada había menospreciado con histerismo e ira colérica, a todo un pueblo por haber despertado a la realidad. Pero el pueblo en acto de conciencia y obedeciendo a su gran líder y al buen sentido del saber vivir. Sigue respondiendo. Ofreciendo la otra mejilla. Y esa mejilla esta vez, fue la de un valiente que asumió y se había comprometido, para llevar adelante la verdadera justicia. Para que ésta finalmente prevaleciera. Justicia, muchas veces mancillada y atropellada. Justicia, a ser aplicada a todos. Sin distingos de clases ni de poder económico o político.
El martirio de Danilo Anderson. El justiciero. Que se resistió a ser comprado por intereses antivenezolanos. Su ejemplo de humildad, patriotismo, honestidad, lealtad. Lo convierten en icono revolucionario bolivariano. Danilo Anderson era un hombre de firmes convicciones, cuyo norte fue la justicia y, por querer administrarla debida e imparcialmente fue víctima de este atentado criminal que acabó con su vida.
Nadie puede resistir sin desfallecer o sin revelarse ante tantas bofetadas. Los golpes siguen arreciando desde adentro y desde afuera. O bien un día, por la fuerza y lo repetido de los golpes, la mejilla se adormece entumecida, y ya no siente más dolor, sino indiferencia. O bien se es incapaz de seguir resistiendo tantos latigazos, y se comienza a devolver golpe por golpe. Ya no cómo venganza, sino por instinto natural de conservación y supervivencia.
Al fiscal Anderson, todo un pueblo lo percibía con respeto, admiración y esperanzas. Pero hubo una fracción mínima de ese pueblo, que tembló ante su nombre y su presencia y escogió erróneamente asesinarlo, por investigar sus fechorías.
No podríamos bajo ninguna circunstancia, decir que Danilo era un chavista, por que estaríamos parcializando y etiquetando su trabajo. Estaríamos poniendo en duda sus valores profesionales. Llevaba adelante su labor con el sentimiento imparcial de un hombre dedicado a la justicia. Pero sin lugar a dudas, Danilo era un Revolucionario. Porque de no haberlo sido, su justicia no hubiese pasado más allá de ser un dibujo calcado al carbón de la aplicación de la amañada «justicia» de la cuarta república.
Danilo estaba por encima de ese mundo corrupto. Públicamente denunció, que se le había tratado de sobornar. Pero sólo un hombre cabal con conciencia revolucionaria y deseos de cambios profundos. Sólo un hombre probo, con criterio, dignidad, ética; pudo resistir. Había nacido (Se puede decir) Amedrentado e intimidado, al igual que millones de venezolanos. Observando, cómo desfachatada, desvergonzada y cínicamente; los intocables, las elites, la burguesía en general; era un mundo a parte para quienes la justicia era una vía en un único sentido. Que sólo ellos se permitían circular y violar a su guisa. Por eso no existe duda, que éste Quijote de la justicia era un revolucionario, que llamaba las cosas por su nombre. Un verdadero enemigo de la impunidad.
Es fácil imaginarlo en el mundo universitario. En ese mundo de manifestantes rebeldes contra las injusticias del sistema. Un sistema del que todos fuimos de una manera u otra victimas. Pero cuan pocos continuaron esas luchas. Sólo un luchador nato y neto para y por la justicia, la igualdad y la paz social, pudo perseverar como lo hizo Danilo.
Su mérito y gran virtud de éste luchador sempiterno, fue llevar su sueño de justicia social, más allá del Diploma. Ese sueño, que la mayoría abandonó en el camino que va del Aula Magna al sillón con mesa lustrada que deslumbrá. Atrás quedó aquel saco pleno de ilusiones y deseos de un mundo mejor y más justo. Hoy no son más que una masa de conformistas, defensores asalariados de aquellos contra quienes protestaron. Conveniente, pero inexplicablemente, enemigos hoy del proceso de transformación de las mayorías Bolivarianas. Pero Danilo continuó con su saco terciado al hombro. Con hambre de justicia. Con su alma siempre revolucionaria y esperanzada, dentro de los cambios seguros de la Revolución bolivariana.
Muy lejos estaba Danilo de ser una pieza más al servicio de los eternos manipuladores intocables. Y eso lo juzgaron mal todos esos protagonistas y participantes de Primer Plano del golpe de estado del 11 de abril, que estupidamente creyeron que suprimiendo a Danilo se suprimirían sus culpas.
Ingenuos. Creyeron que matando a Danilo se intimidaba al revolucionario. Ilusos. Creer que el bolivariano daría un paso atrás en la búsqueda de esa otra justicia. La social, la de la igualdad y equidad. Necios. No saben a caso que matando a uno. Ese uno, volverá hecho miles, cómo lo prometió el Cacique.
Anderson, Era un amante defensor de la naturaleza, fiscal del ambiente, atleta. Y por su probada honestidad e imparcialidad, llevaba adelante diversos casos de importancia relacionados con el golpe de estado. Los firmantes del decreto del usurpador de 47 horas. El caso del ataque a la embajada de Cuba. Así como varios casos relacionados con los militares golpistas «Querubines, preñados todos ellos de muy buenas intenciones» Los mismos que convirtieron a la plaza Altamira, en un monumento a la desvergüenza. Un reducto simbólico de la impunidad y la tolerancia de la todavía imperante mayoritariamente, justicia de la cuarta república.
Si se vuelve hecho miles, entonces, éstos son tus hermanos, tu sangre. Hagamos cuenta que esos otros cientos de fiscales, seguirán con ahínco y pasión la labor de Danilo. En su nombre. En el de cada uno de los venezolanos dignos de esta patria grande y en el de su gentilicio. En el nombre de un mejor porvenir para sí y para sus descendientes. En el nombre de Simón Bolívar. Vayan fiscales y hagan labor de justicia patriótica. En el mismo camino que anduvo y andará por siempre el imperecedero recuerdo de un verdadero revolucionario con valores humanos, éticos y morales, cómo lo practicó su colega Danilo Anderson. Que Dios y la patria os premien, si la justicia prevaleciera en lo sucesivo. Sino que sus conciencias, sus descendientes y la historia os lo demanden, por el daño que pudieran ocasionarle a la misma.
Viva Danilo Anderson y su ejemplo, por siempre.