Debate,
pactos y Estatuto
Justo
Fernández Rodríguez
Había expectación ante el
debate sobre el Estado de
Uno de los hechos más positivos del debate, para miles de españoles, fue el
cambio de actitud de Rodríguez Zapatero, respondiendo con dureza a las
acusaciones, falsedades, invectivas e ignominias de Mariano Rajoy. Ha
desaparecido Bambi. Ha surgido un presidente que no se amilana ante la
desvergüenza política de sus adversarios.
No existe duda alguna de la derrota de Rajoy. Ni siquiera El Mundo ha
podido manipular del todo los resultados de su propia encuesta: "El líder
socialista venció por 12 puntos". Según el Pulsómetro de
Se debatían las resoluciones de los distintos grupos parlamentarios, cuando un
personaje de especial catadura moral, Eduardo Zaplana, después de exigirle a
Zapatero que tenía que demostrar su inocencia por la negociación con ETA -caso
insólito en derecho-, en referencia a su promesa de pagar 2.500 euros por hijo
comparó al presidente del Gobierno con Franco, sin el menor sonrojo,
demostrando hasta qué punto puede llegar su capacidad de cinismo. Sobre Franco
y el fascismo, con independencia de sus propios conocimientos, debería pedir
información a José María Aznar, antiguo militante de Falange Auténtica, y al
presidente de Honor del PP, Manuel Fraga, varias veces ministro de Franco,
incluida la etapa más negra de represión contra los que luchaban por la
libertad y la democracia.
Si el debate dejó a Rajoy en su justo sitio, las últimas decisiones de
Rodríguez Zapatero han liquidado toda esperanza de unas elecciones anticipadas.
El pasado viernes, sin la menor filtración, el presidente anunció una
remodelación del Gobierno con dos objetivos claros: cumplir los compromisos
electorales y preparar los proyectos de la próxima legislatura.
En el Estatuto de Autonomía de Canarias, aprobado en 1982, se establecía un
doble tope electoral, insular y autonómico, para acceder al Parlamento. Debería
superarse el 20% de los votos insulares y el 3% de los autonómicos.
En 1996, Coalición Canaria y Partido Popular, con la oposición de los
socialistas, aprobaron una reforma sectaria, antidemocrática e injusta, con el
único objetivo de eliminar cualquier posibilidad de acceso al Parlamento de
otras alternativas.
Después de reiteradas críticas sobre la injusticia del sistema electoral, en la
clausura del XI Congreso Regional del PP, celebrado en Tenerife, en noviembre
de 2004, José Manuel Soria alertaba a los congresistas: "Si algo justifica
la reforma del Estatuto de Autonomía es la modificación del sistema electoral.
Una cosa es el reparto de escaños desproporcional, para garantizar la
representación de todas las islas, y otra, muy distinta, es que el 82% del
electorado elija a la mitad del Parlamento y el otro 18% a la otra mitad".
Y tenía toda la razón...
Las últimas declaraciones de J. M. Soria, negándose a cualquier reducción de
los más injustos, abusivos y sectarios topes electorales, lo sitúan ante sus
contradicciones e intereses, muy lejanos a los democráticos. Turquía tiene
problemas para que se acepte su incorporación a
Artículo de José Manuel Soria: "Un nuevo Estatuto de Autonomía no es una
prioridad para los canarios; siempre lo hemos dicho. No hay nada tan urgente
como la cesta de la compra, la más cara del país, o la tasa de paro, también la
más alta de España; o como los salarios, los más bajos"; "o como el
sistema electoral, desproporcionado e injusto".
20-6-07. El acuerdo alcanzado por CC y PSC para la renovación del Estatuto fue
calificado por J. M. Soria "como el más absoluto fracaso de la
regeneración democrática en Canarias". "Se ha olvidado totalmente de
la reforma electoral". Definió a CC como "nacionalismo no ideológico,
sino mercantil".
Jorge Rodríguez, en aquella época portavoz del PP, reprochó a Rodríguez
Zapatero "someterse a los nacionalismos insulares". Sin complejos,
acusó al presidente, Adán Martín: "Usted no viene aquí como presidente de
todos los canarios. Usted pasará a
El 5 de mayo último Soria aseguraba que si lograba la presidencia del Gobierno
autónomo no apoyaría la reforma del Estatuto, porque, según él, es inconstitucional,
resta poder a los cabildos insulares y fomenta la desigualdad social.
Mercedes Roldós lo calificaba de "Estatuto nacionalsocialista, que
contribuye a la destrucción de España". No tengo idea de si la nueva
titular de Sanidad conocía el significado político de tal calificación. Si no
la conoce y es, simplemente, una adjetivación sin ton ni son, también debería
consultar con Aznar o Fraga que, con toda seguridad, la informarán de lo que ha
significado el nacional-socialismo.
Coalición Canaria, después de, por boca de sus principales jerifaltes, rechazar
cualquier modificación o retraso del Estatuto, ha tenido que aceptar como
socios de gobierno a quienes más se han opuesto al Estatuto y han votado en
contra en Madrid. La amenaza permanente, "no vamos a tolerar rebajas en el
debate parlamentario", se ha transformado en una merienda de negros para
contentar al PP.
El Estatuto sólo ha sido una excusa. La realidad es que Paulino Rivero, pese ha
haber perdido más de 100.000 votos y cuatro diputados, no podía dejar pasar la
posibilidad de ser presidente del Gobierno y, ante la negativa socialista a
cederle ese cargo, decidió pagar el precio exigido por Soria.
Asimismo, Soria, después del revolcón electoral sufrido en su feudo de Gran
Canaria, con la presidencia del Cabildo perdida, estaba dispuesto a ceder en
algunas cosas, a cambio de
El espectáculo de una formación nacionalista, acudiendo a Madrid para que
Mariano Rajoy diera su bendición a un pacto de gobierno en Canarias entre
Rivero y Soria, con claros objetivos de enconar las relaciones con el Gobierno
del Estado, confirma la propia creencia del líder del PP en Canarias, manifestada
públicamente, de que Coalición Canaria sólo es un conglomerado de intereses
económicos, no una formación ideológicamente nacionalista.