Sobre la decadencia política en Canarias
Bernardo Medina Rodríguez *
Recientemente he podido leer lo siguiente: "Las compuertas de la decencia política se han de abrir de nuevo, toda vez que en estas Islas los actores políticos no se encuentran vinculados al entorno social y político que les condiciona como electos". Leer cosas como ésta ante tanta mediocridad política reinante le toca a uno la fibra sensible, qué quieren que les diga, y surge la necesidad de compartir la siguiente reflexión.
La movilización ciudadana que reclama la ordenación de la totalidad del Frente Marítimo de la ciudad de Las Palmas de G.C., desde La Laja hasta El Rincón, y que en el Istmo decidan todos no podemos contemplarla como una protesta más, y sí verla como una creciente demanda de espacios de participación directa de la población, que no encuentra respuestas a sus expectativas, y que desea sentirse parte activa de la sociedad. Se debe dar voz a los individuos y a las comunidades, cuyas opiniones, anhelos y aspiraciones rara vez hallan eco o atención en las estructuras tradicionales.
Las distintas instituciones deben apreciar que tienen mucho que ganar en confianza, apoyo y colaboración de parte de los ciudadanos si los incluyen en sus decisiones. Las personas que participan en la toma de decisiones son más felices que los que se limitan a aceptar o aplicar las decisiones de otros, debido a que se sienten responsables del mejoramiento de su calidad de vida.
La reducción al mínimo de la participación, la anulación del diálogo, la no aceptación de la crítica y la discrepancia conducen al agotamiento del actual modelo democrático y, por tanto, de legitimidad política, lo que provoca que la toma de determinadas decisiones institucionales y políticas sea cada vez menos comprensible, generándose un claro déficit democrático y los consiguientes problemas vinculados a éste: la corrupción y el clientelismo.
Cuando la participación se limita a las elecciones cada cuatro años y la gran mayoría de la población queda excluida de la participación en las decisiones inherentes a sus intereses cotidianos surge el desencantó civil, aumenta el centralismo asfixiante y nuestros representantes se convierten en élites políticas, más preocupadas en sus intereses y en perpetuarse en el poder para su propio beneficio, en la más amplia acepción del término, que en satisfacer las prioridades de la población, produciéndose el debilitamiento general de la democracia y la creciente disociación entre gestión pública y demanda de los ciudadanos.
En Canarias las instituciones son patrimonio de la fuerza política gobernante, y no de la ciudadanía, como debiera ser. Para cambiar esa situación no es suficiente con la movilización, se necesita también el compromiso para progresar desde el conflicto al diálogo buscando nuevas alternativas, de tal manera que las instituciones no sean instrumentos monopolizados por el poder de turno. Para ello, tenemos que demostrar que estamos, como ciudadanos, capacitados para influir en la gestión de lo público si se nos facilitan los canales adecuados, la información necesaria y facilidades para el entendimiento, es decir, todo lo contrario a lo que nos tienen acostumbrados, que es hacer y deshacer sin transparencia y sin someterse al control público. Se trata de impulsar la revitalización de la democracia y la recuperación de la ciudadanía responsable.
Por desgracia nos sobran en Canarias políticos y directivos que son demócratas ficticios, revestidos de falsos ropajes democráticos, que propician permanentes conflictos sociales. Y faltan gobernantes que generen entusiasmo, energía social, y que escuchen a la población en la formulación de sus propios problemas y en la búsqueda de oportunidades y mejoras, para pasar de ser obedientes ciudadanos gobernados a los que se les imponen las decisiones que adoptan otros a ser ciudadanos responsables de la democracia que aspiramos vivir.
Necesitamos volver a creer en la vida política, donde la construcción de la participación ciudadana debe hacerse garantizando el acceso a los procesos de toma de decisiones. No demandamos lo imposible, sólo una nueva manera de hacer las cosas, aprendiendo cada día a convivir con otros. Promover las redes ciudadanas que permiten acceder a la información y contrarrestar los lobbies industriales.
Transformar el "edificio democrático en ruinas" que tenemos en Canarias antes de que se derrumbe y nos aplaste a todos, y, aunque no lo parezca, todo esto tiene que ver y mucho con nuestra salud.
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Responsable de Comunicación de la Federación de Salud de Intersindical Canaria