Declive del turismo británico en
Canarias
Juan Jesús
Bermúdez *
En los últimos cuatro años el turismo británico
ha descendido un 10% en Canarias, según los datos oficiales. Supone actualmente
la mayor aportación a la tarta de clientes de las islas, de ahí lo
significativo de este descenso. El Reino Unido es uno de los grandes emisores
mundiales de turistas, porcentualmente muy por encima
de su población, alimentando un mercado mundial que no ha parado de crecer de
forma exponencial en las últimas décadas y, especialmente, como en el caso de
Canarias, desde los años ochenta.
Sin embargo, esa aparente fortaleza del flujo
mundial de pasajeros tiene unas grandes debilidades, que podemos calificar de
crónicas. Como sabemos, es un sector de actividad muy vulnerable a los vaivenes
de la situación económica del país emisor, a los factores geopolíticos, etc. La
gran economía del ocio viajero está fundada en una paz económica y social más o
menos duradera de la que han gozado los países desarrollados en las décadas posteriores
a la segunda guerra mundial y que, como sabemos, tiene su base en la gran
desigualdad de intercambios internacional y en el uso creciente, igualmente
desigual e insostenible, de recursos naturales finitos, especialmente
energéticos. Pareciera, a tenor de algunas afirmaciones, que esta situación
pudiera perpetuarse de forma indefinida, cuando lo cierto es que los
crecimientos geométricos no son posibles mantenerlos de forma indefinida.
Canarias llegó a su cenit de entrada de turistas
extranjeros en el año 2001, experimentando desde entonces un declive,
amortiguado en el pasado año, pero que parece confirmarse en el actual. No es
ajena a esta situación la compleja situación energética del Reino Unido. Como
ha advertido Chris Vernon,
experto inglés en recursos energéticos y editor de www.theoildrum.com, su país está entrando en una nueva era energética
caracterizada por la creciente importación de energía del exterior. Bajo el
mandato de Margaret Thatcher
se dio el impulso definitivo a la producción del yacimiento del Mar del Norte,
descubierto en los años sesenta, y cuya extracción llegó a suponer el 8% anual
de la producción mundial de crudo, según James Howard
Kunstler, el autor de “La gran emergencia”. Este
poderoso yacimiento, que se encuentra ya en agudo declive de producción desde
comienzos del siglo XXI, insufló una gran potencia energética a un país que
fue, durante décadas, un gran productor mundial de carbón. Sin embargo, hoy las
cosas han cambiado: el petróleo y el gas siguen declinando, el Reino Unido
importa dos tercios del carbón que consume y planea el cierre de sus obsoletas
minas, y varias de sus catorce centrales nucleares se encuentran en el comienzo
de un proceso de cierre por obsolescencia.
El gran poder energético ofrece el
poder económico prolongado. Y viceversa. De hecho, el Reino Unido ha vivido un
largo festín de esfervescencia productiva, apoyado en
la abundancia de recursos, lo que apuntaló muchas de las decisiones tomadas:
grandes privatizaciones, burbuja inmobiliaria británica, endeudamiento masivo
de su población, consumo conspicuo y, evidentemente, turismo de masas. Las
subidas de tipos de interés del Banco de Inglaterra, y las subidas de los
precios del gas y otras materias primas, así como el creciente déficit comercial
británico, están ensombreciendo este panorama, y anunciando que el lobo del
retroceso económico energético ya ha asomado sus fauces en las islas
británicas.
Parece que el Reino Unido está
intentando solventar las crecientes carencias energéticas manu
militari, desplegando, en el más genuino estilo
imperial británico, tropas militares en los lugares donde hay mayores recursos
energéticos fósiles en el Planeta y, donde, casualidad de las casualidades, se
despliegan los terroristas que amenazan nuestro bienestar…
El declive del petróleo, tras su
cenit más o menos inmediato, supondrá un empeoramiento global de las economías
turísticas, vía descenso del flujo de los países emisores. El fenómeno
turístico mundial pende de una estabilidad energética y macroeconómica que
veremos cuestionar crecientemente con cada subida del precio del barril del
petróleo. El ocio masivo como fuente principal de actividad económica está
pasando su cenit en Canarias, como lo está haciendo hoy la actividad
constructiva, y las perspectivas advierten de un empeoramiento de la situación
global en la pugna por los recursos.
Es muy probable que vivamos el
mantenimiento de una tendencia declinante en la entrada de turistas. El
complejo y preocupante panorama que se presenta para la sociedad canaria
debiera ser abordado con perspectiva histórica. Ignorar el escenario de declive
nos sitúa en una posición de gran debilidad para afrontar los cambios
socioeconómicos que traerá la creciente crisis energética global.
* Presidente de la Asociación “Canarias
ante la crisis energética”