Córdoba, 2-07-2005
EN DEFENSA DEL PUEBLO SAHARAUI
J. COBOS RUIZ DE ADANA
En las últimas semanas hemos podido comprobar cómo el Reino de Marruecos ha aumentado la escalada política represiva sobre los naturales de la antigua colonia española del Sáhara Occidental, ante las justas manifestaciones y demandas de éstos, como dueños de su tierra y de su futuro. De igual manera, las autoridades alauitas han visto desfilar por aquel territorio a un plantel de delegaciones autonómicas que, procedentes de la Península, han acompañado a asociaciones diversas y a simpatizantes del Frente Polisario. La última de ellas integrada, entre otros, por diputados andaluces del PP y de IU, pero no del PSOE, al que acusan de complicidad con Rabat. De ahí que el Ministerio de Exteriores marroquí haya tenido que hacer un llamamiento a las autoridades españolas para que "asuman plenamente sus responsabilidades frente a estas iniciativas" o, lo que es lo mismo en lenguaje no diplomático, que acaben con ellas para así no tener que continuar expulsándolas.
Por diversos motivos, los socialistas españoles deberían adoptar una clara posición solidaria y de apoyo activo a un pueblo sometido a la tiranía marroquí. En primer término, porque es obvia la deuda moral que nuestro país tiene contraída con aquél, ya que el inicial conflicto, en buena medida, se debe a la actuación nefasta que en su día tuvieron las autoridades franquistas en unos días ya lejanos en que agonizaba el dictador. En ese momento se culminó, en noviembre de 1975, el Acuerdo Tripartito de Madrid, por el cual España cedía su soberanía a Marruecos y Mauritania, aunque ahora haya quien diga ante la ONU que tan sólo se cedió la administración. Por ello, en esta cuestión el PSOE debería, cuanto menos, tomar la misma posición que ya adoptara con el tema de Irak, puesto que ahora nos hallamos también ante una flagrante violación del Derecho Internacional por parte del país ocupante. De igual manera, el PSOE, como tal, tendría que dejar de disuadir a sus diputados para que no se sumen a las delegaciones que viajan hasta El Aaiún y en su lugar pedir al ministro Moratinos que realice las oportunas gestiones diplomáticas para que cese de inmediato la represión contra dicho pueblo y su cultura, exigiendo a Marruecos la localización y excarcelación de cuantos saharauis hayan sido detenidos arbitrariamente por sus fuerzas policiales. Moratinos no debería, pues, limitarse a "lamentarse" sin haber llegado nunca a protestar por la expulsión de las delegaciones españolas. Nunca deberían olvidar los socialistas que en su XXXVI Congreso se comprometieron a apoyar "activamente" cuantas resoluciones emitiera el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas "tendentes a la resolución del conflicto del Sáhara Occidental en el marco de la ONU y del Derecho Internacional". Por ello, a mi entender, el Gobierno de Rodríguez Zapatero debiera adoptar una clara postura en relación con este tema, para que así se disipe cualquier duda en cuanto al tradicional apoyo que el PSOE tuvo hacia la causa de este pueblo oprimido. Solamente la celebración del referéndum con las adecuadas garantías podría desbloquear la actual situación para abrir las puertas a una resolución pacífica del conflicto. Los socialistas españoles, por ética y coherencia política, jamás debieran aceptar que el pragmatismo condicione nuestras relaciones con Rabat y que éste prevalezca sobre la dignidad, la justicia y la defensa del pueblo saharaui, al que le unen unos sólidos compromisos morales. Menos mal que en el seno de dicho partido también hay quien así piensa cuando plantea que la dignidad de los pueblos se halla en la convicción y en la firmeza con que se defienden los principios y los valores éticos, tal y como recientemente planteara Ramón Villanueva Herrero, de Izquierda Socialista de Zaragoza, quien entiende de igual manera que la dignidad y la libertad del Sáhara Occidental "no puede ser la moneda de cambio ante criterios mercantiles (acuerdos pesqueros y comerciales) y políticos (control de las mafias de inmigración ilegal, lucha contra el terrorismo islámico, etcétera)". Los socialistas, entre otras cosas, se juegan ante aquel noble pueblo su credibilidad como partido, aunque éstos se juegan aún más: su propio futuro en libertad. De ahí que el compromiso en estos momentos para toda la militancia socialista no debiera limitarse tan sólo a lo meramente humanitario, también necesario, sino trascender sobre todo a lo político, entre otras razones porque la causa saharaui así lo merece. Y también por la propia conciencia de la militancia del partido de Pablo Iglesias que así debiera demandárselo.