Definir Canarias
Juan Jesús Ayala
Difícil debe ser buscar una definición cuando se pretenden enrollar las cuestiones o rizar el rizo. ¿Qué es Canarias? La Comisión de Expertos para elaborar una propuesta de Estatuto de Autonomía se estruja los sesos para encontrar con precisión "una definición propia y genuina para Canarias". Cuando se concretó con inmenso júbilo que Canarias era más que una región una "nacionalidad" por aquellos que se bautizan con el nombre de nacionalistas, desde las filas de CC daba la impresión que habían encontrado la piedra filosofal, que ya podían dormir tranquilos porque, al fin, se había logrado la diferencia con eso de la nacionalidad.
Canarias, pues, no era territorio histórico como el País Vasco, Cataluña o Galicia, pero sí que éramos un poco más que Aragón o Andalucía, a las que se les consideraba como regiones. Éramos ya nacionalidad. Y no se habían dado cuenta de que lo de nacionalidad no quiere decir nada, ya que es la ambigüedad andante. No va a ningún sitio, es una finta en el aire, es pretender ser algo sin dejar de ser lo que se es: una región, más meras competencias administrativas y un pseudogobierno atascado y dando palos de ciego.
Y así se ha transitado por los caminos de la política desde un regionalismo cantado por los pregoneros del nacionalismo light. Pero ahora, no contentos con lo que tenían, quieren una tercera vía. 0 sea, ni región ni nacionalidad. Andan, por eso, preocupados para dar con el quid de la cuestión, para definir lo que hace tiempo está perfectamente definido. Se sabe que habrá reticencias con la nueva denominación que se quiere, según sea ésta por parte de aquellos que piensan en centralismo como el PP y el PSOE. No tanto el PSOE, que preconiza un Estado plurinacional. Pero ya se sabe que una cosa es hablar cuando todo va bien y no hay que mojarse, y otra cuando hay que poner la carne en el asador y dejar al aire evidencias que hay que esconder. No entiendo la preocupación de los expertos si es que son capaces de ser lo que dicen ser, expertos, porque dadas las peculiaridades históricas y, sobre todo, el mangoneo que se tiene allende los mares con el futuro de las Islas, qué miedo tienen en llamar a las cosas por su nombre? Y con ello pretendo decir que no hay que atormentarse mucho el cerebro buscando denominaciones originales, ni terceras vías exploratorias. Simplemente, porque el Archipiélago es lo que es. Y es, ni más ni menos, una nación.
¿Por qué nosotros siempre tenemos que andar a traspiés, con el paso cambiado y mirando alrededor como lechuzas asustadas esperando el soplo divino que nos distinga y defina? Si miramos hacia dentro, asumimos nuestras vicisitudes, recordamos nuestros desencantos, las ausencias mantenidas a lo largo del tiempo y repasamos la historia, una historia escrita desde un triunfalismo estolido y desde la más estricta sumisión. Seguro que estos condicionantes nos dirán con fuerza que el Archipiélago no puede llamarse de otra manera como no sea una nación. La Nación Canaria.