Los delincuentes populares

 

Lorenzo Doreste

 

Un cuerpo humano, por muy saludable que esté, es corruptible. Algún día le lle­gará la muerte y se corromperá. Esto es una ley de la Naturaleza. De aquí surgió la metáfora de la corrupción aplicada a las conciencias. Decimos que un indivi­duo es corrupto si roba dinero público, por ejemplo; y que es incorruptible si lo consideramos incapaz de hacer eso. Yo me pregunto dos cosas: qué grado de corrupción padece una sociedad, y por qué existen delincuentes que son tan queridos y admirados, tan populares. Creo que el grado de corrupción y el fe­nómeno de los delincuentes populares dependen del sistema político y socioe­conómico de un país.

 

El narcotraficante colombiano Pa­blo Escobar, en vez de ingresar su di­nero en bancos de Estados Unidos, lo repartía entre los pobres, unos pobres a los que el Estado no les reconocía ni el derecho a la educación, pues había más de seis millones de niños sin escolarizar. Al Capone vio también las desidias y opresiones de la Administración pú­blica, y estableció comedores popula­res, con lo cual se ganó simpatías entre los pobres y aumentó su poder político. En España, en el siglo XIX, Luis Can­delas era muy popular porque nunca mató a nadie y porque sólo robaba a los ricos. Él quería ser militar y llegar al generalato, pero en aquella época los po­bres no podían aspirar a tanto.

 

¿Y en Canarias? ¿Por qué no refle­xionamos un poco sobre los delincuen­tes que son tan estimados por tantas personas a las que han favorecido? Creo que para que exista corrupción se necesita una amplísima colaboración ciudadana. Se necesita el amparo de los partidos, la tolerancia o cobardía de los funcionarios, el aplauso de los trabaja­dores cuya prioridad es tener trabajo aunque sea con obras ilegales, la dispo­nibilidad de los empresarios... Este mal tan generalizado exige una reforma ur­gente de las leyes. Un concurso público no lo debería decidir una sola persona, tendría que hacerlo una comisión, y además en audiencia pública. Es como en la Universidad, que nos presentamos los profesores a un concurso para conseguir fondos con destino a nues­tras investigaciones, y te juzga un tribu­nal en secreto, unos jueces que no dan la cara, ¡fuerte cara! Y no puedes pro­testar del fallo.

 

Mientras las leyes no exijan concur­sos públicos con tribunales que den la cara en audiencia pública, continuará la corrupción. Se seguirán dando con­tratos a dedo y repartiendo dinero para investigación también a dedo. Por eso no funciona la investigación en España. Hay pocos fondos y no van a los mejores, sino a los amiguetes.

 

En Canarias hay delincuentes que no cuentan con la simpatía de nadie, por­que han ido a aumentar sus caudales sin acordarse del prójimo.

 

¡Pero cuántos hay también que go­zan de popularidad! Eso es porque el Gobierno trabaja para unos pocos. Les perdona los impuestos a los em­presarios con ese paradigma banane­ro que se llama la RIC, y luego el pue­blo está desasistido, atemorizado, la mayoría de las familias no tiene ingre­sos suficientes para llegar a fin de mes.

 

La alimentación está carísima, la vi­vienda no digamos, deficiente la sani­dad, y la educación gratuita hasta los dieciséis años, pero a partir de ahí está prohibitiva. Por eso un delincuente adquiere popularidad cuando le solucio­na a sus amigos problemas que el Go­bierno nunca les solucionaría.

 

Una pareja cercana a los cuarenta años, ¿cómo saca adelante a tres niños? Al cine no puede ir; menos mal que tie­ne cerca un video-club; hacen falta más mediatecas públicas. En centros comer­ciales hay juegos, toboganes y camas elásticas que son carísimos. Menos mal que están haciendo buenos parques, como el de Juan Pablo II. Hacen falta más.

 

El transporte, también está muy ca­ro, aunque recurras al bono-guagua. Si con grandes esfuerzos te compraste una caravana para solucionar el pro­blema de las vacaciones de la familia, estás aviado, pues los ayuntamientos no quieren turismo pobre, que afea el paisaje, deja basura, son la hez de la Humanidad..., etcétera. Si quieres dis­frutar del Confital, tampoco puedes, en castigo por oponerte a que se cons­truyeran hoteles para ricos. La Admi­nistración pública en el Confital no roe el hueso ni lo deja roer.

 

Pensiones de miseria, enfermos y ancianos sin atención suficiente, jóve­nes que no pueden encontrar trabajo ni estudiar porque los estudios son muy caros... ¿Es que no son demasiado evi­dentes las desigualdades distributivas de la renta canaria?

 

Y luego hay corruptos a los que na­die les dice nada, les tienen miedo. Son los abogados y los médicos que ejercen la profesión de forma liberal. No te dan recibo, o te lo dan sin los requisitos le­gales. Doctor, ¿cuánto me cuesta esta operación? Pues 600 euros sin recibo y 900 con recibo. ¡Bonita contestación! (Y por otro lado un MIR gana sólo 900 euros. Con razón los médicos jóvenes se están yendo a Gran Bretaña y a Por­tugal).

 

Dicen que José Manuel Soria va pa­ra consejero de Hacienda. Pues a ver si mete en vereda a estos depredadores, que están eludiendo impuestos, que­dándose con un dinero que pertenece a los pobres. Si Soria hiciera esto, se ga­naría la antipatía de las clases dirigen­tes, pero ganaría una popularidad enorme.