Retazos de historia

Las últimas demarcaciones territoriales (I)

Miguel Martín

Hoy vamos a iniciar una serie de artículos sobre la prehistoria de La Palma; en concreto, las demarcaciones territoriales existentes en los instantes precedentes antes de la conquista castellana.

La elección de un territorio idóneo para asentarse de una manera estable viene definido por un conjunto de factores físicos indispensables como la geomorfología, los microclimas, el agua, los recursos naturales existentes e incluso las facilidades de acceso a las áreas de captación de recursos, entre otros, y los de índole social o cultural. La agregación y la dispersión estacionales se reflejan en el propio patrón de asentamiento descrito arqueológicamente mediante campamentos permanentes, normalmente pequeños en cuevas y cabanas, y los campamentos estacionales, de escasa capacidad. La vivienda dependía más de lo que le ofrecía la naturaleza, apenas incidía sobre el paisaje, se adaptaba al medio y encajaba en la naturaleza con lo que el medio les proporcionaba: cejos, abrigos y cuevas que apenas se retocaban y las cabanas, construidas con elementos naturales como la piedra en muros y madera para sus techumbres.

No se puede generalizar una pauta de ocupación para toda la Isla; después de valorar los aspectos físicos condicionantes, la elección de las cuevas venía marcada por-su habitabilidad, seleccionando aquellas mejor dispuestas, de fácil acceso, más espaciosas, luminosas y ausencia de humedad, tanto en los tramos inferiores como superiores de los barrancos; eso sí, dispersas en torno a los mejores pastizales. Esta dinámica se rompe en el ecuador cultural (inicios de la fase cerámica IV), cuando empezaron a ocupar otras cavidades más estrechas e incómodas al aumentar la población y, por lo tanto, la presión sobre el medio. En los sitios donde no había cuevas y las condiciones de subsistencia eran buenas se construían poblados de cabanas; en zonas de aprovechamiento estacional como por ejemplo las cumbres, se resolvía el problema del habitat acondicionando cejos y construyendo refugios temporales.

La muestra de ocupación más prolongada, desde un principio, se encuentra en zonas bajas, en las cercanías al mar, mediante la construcción de cabanas sobre la superficie resguardada por las coladas lávicas y aprovechando las cuevas existentes. Los motivos parecen estar relacionados con la escasa población humana y animal, con el desconocimiento del nuevo territorio y el aprovechamiento de un recurso fundamental como es el mar. A partir de la fase cerámica II los asentamientos se van a ir escalonando en altitud, aunque todavía teniendo el mar muy cerca. Es en la siguiente etapa (fase III) cuando los asentamientos se van a situar mayormente entre los 300 y 500 m. de altitud, coincidiendo con las zonas de máxima concentración de cuevas naturales, lugares de pastoreo habitual y junto a las vías naturales de comunicación. Por último, durante la fase IV, nos vamos a encontrar asentamientos que superan los 600 m. y, excepcionalmente, los 1.000 m. mediante la construcción de cabanas bajo el pinar de las suaves pendientes de los montes del municipio de El Paso. Por encima de estos referentes altitudinales se aprovechan los refugios naturales (cuevas y covachas), se construyen cabanas aisladas, que cuando sobrepasan las cuatro o cinco estamos hablando de campamentos estacionales de pastoreo.

Según el arqueólogo Ernesto Martín, estos asentamientos son estables en la medida que se perpetúen las condiciones que motivaron su elección, de manera que la existencia de períodos recesivos provocarían cambios de residencia eventuales o el abandono de determinadas zonas para instalarse en otras más propicias. A situaciones de este tipo parecen responder las ausencias que registra en momentos determinados la secuencia cerámica de la Cueva del Tendal, Belmaco, El Humo y Los Guinchos, donde la existencia o escasez de determinados tipos cerámicos podría ser sintomático del abandono temporal del yacimiento. A pesar de todo, gracias al dinamismo y a la eficacia de sus moradores, Benawara sobrevivió superando todos los ecosistemas.

A partir del próximo número iniciaremos un recorrido por el territorio insular siguiendo las pautas establecidas en la última etapa del período aborigen cuando el espacio, según Abreu Galindo, estaba organizado o dividido en doce demarcaciones. Creemos que una de ellas (Acero) no era una demarcación política sino una dehesa comunal, que en los momentos de conflicto exterior y durante la conquista castellana sirvieron de refugio a los awara de toda la Isla. Esta compartimentación viene dada por el crecimiento poblacional y a las necesidades de estructurar los recursos como modo de asegurar la subsistencia de cada comunidad, acotando el territorio en sentido vertical (costa-cumbre), a fin de disponer de recursos en cada piso biológico.

miawara1@yahoo.es

Antecedentes:

La ruta de los Awara