Las últimas demarcaciones territoriales
Aridane (II)
Miguel Martín
El bando de Aridane se encuentra en la parte occidental de la Isla, extendiendo su territorio entre los actuales términos de Tazacorte y Amagar con límite oeste en el Barranco de Las Angustias, El Bejenado y Cumbre Nueva por el norte y Tajuya por el este. Etimológicamente, el topónimo masculino Aridane hace referencia a un amplio valle de formas topográficas suaves con significado de "llanos" prósperos en recursos ganaderos. Otros topónimos con significado conocido son el del sustantivo masculino Amagar, antropónimo que probablemente se relaciona con el "mayor", "el jefe", el hombre de mayor edad, experiencia y actitud; Tazacorte, que tiene forma femenina y unos paralelismos en la palabra tazagart, que significa el "llano" por oposición a la montaña. Por último, Argual que deriva de -argal, "tierra con forma de valle hondo".
Es de destacar que la zona costera ha sido muy alterada históricamente por la abundancia de las aguas de La Caldera y la orografía llana del territorio apto para la agricultura. Por lo tanto, las escasas huellas de la presencia aborigen se concentran en unas cuevas en los mismos acantilados de Tazacorte, cuevas con restos de material aborigen y sobre las que se han construido numerosas leyendas relacionadas con piratas y tesoros.
En el margen derecho de la desembocadura del Barranco de Las Angustias existe un conjunto de cuevas, a modo de poblados, que se van escalonando, habitado por los aborigénes sin que se pueda demostrar de momento, a falta de realizar estudios arqueológicos desde qué período están ocupadas. Históricamente fueron habitadas y remodeladas muchas de ellas, incluso también se ha creado una leyenda sobre la pernoctación de los mártires jesuitas antes de morir asesinados por los corsarios franceses.
Es probable que en las extensas y fértiles llanuras de las zonas bajas de Tazacorte, Argual y los propios Llanos existieran poblados de cabanas permanentes, desaparecidos al modificarse los terrenos desde el siglo XVI. Por eso, debemos llegar a las confluencias de los barrancos de Torres y Tenisca, a partir de Hermosilla, para observar un buen número de cuevas utilizadas por los awara, especialmente durante la fase cerámica IV. En toda la falda de El Bejenado, tanto en el Barranco de Torres, Barranco Frío o de Los Goterones, Barranco Tenisca, como en Risco Alto, Los Barros, La Cancelita, el Hoyo de La Fortaleza, Los Pedregales, en La Peña del Diablo y El Rincón, se abren un gran número de cuevas de habitación y sepulcrales, ricas en materiales arqueológicos superficiales y, en ocasiones, cuentan con potentes estratigrafías.
Sobre los 900 m. sobre el nivel del mar, en la margen derecha de la entrada de El Riachuelo se encuentra el interesante poblado de quince cavidades de Las Cuevas de Herrera, bastante espaciosas y algo deterioradas por los expolios y la construcción del canal, algunas tienen restos de muros. En el barranco contiguo denominado de Los Cardos, en su margen izquierda, se descubrieron cuatro cuevas de habitación y una necrópolis en la boca de entrada de un tubo volcánico. El material exterior encontrado (líticos y fragmentos cerámicos) corresponde a la fase IV. Algunos abrigos de la zona también fueron utilizados, presentando muros para nivelar el suelo.
La cuenca del Barranco de El Riachuelo, precaria en cuevas, es muy ancha y presenta distintos niveles a modo de terrazas, creadas por la erosión de las aguas. Casi en el centro del cauce, por debajo de la Fuente del Pino, existe un conjunto de cabañas adosadas y algunas aisladas que forman parte del grupo. Más arriba, en el margen izquierdo existe otro poblado de cabañas escalonado en dos terrazas, tres estructuras en la inferior y unas diez en la superior, varios amontonamientos y restos de muros. Ascendiendo hacia el Mirador de La Cumbrecita aparecen nuevos poblados. Las características constructivas son las típicas de planta circular u oval, con una media cercana a los 3 metros de diámetro -la más grande alcanza los 8 metros- y los muros presentan una o dos hileras de piedras, con anchuras que van desde los 0,80 m. hasta los 1,6 metros.
Centrándonos en El Bejenado, montaña sagrada para los aborigénes, podemos encontrar diferentes muestras de construcciones, normalmente individuales, a lo largo y ancho de su contorno. Es difícil encontrar material arqueológico por la presencia bien desarrollada del pinar y su rico sotobosque. No obstante, hemos observado fragmentos cerámicos de las fases III y IV. Las cuevas son escasas, destacando la de Los Arenales, con interesantes muestras líticas, óseas y cerámicas de las fases III y IV. Como bien explica Jorge Pais, la proximidad de los campos de pastoreo a las zonas de habitación permanente permitían los recorridos diarios sin necesidad de construir complejos abrigos pastoriles para pernoctar. Por ello, lo más corriente era encontrarnos con refugios y abrigos de capacidad muy reducida que se empleaban durante cortos períodos de tiempo. Eran abandonados a medida que el rebaño se desplazaba en busca de otros pastos, pues lo animales de manada siempre están en continuo movimiento. Destacan las diferentes estaciones de grabados rupestres como Tamarahoya, Lomo Gordo, Lomo de Los Búcaros, La Cancelita, El Cementerio y La Fajana, entre otros.
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Las últimas demacarciones territoriales (I)
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