Las últimas demarcaciones territoriales
Tijuya y Tamanca (III)

Miguel Martín

Abreu Galindo nos recuerda que el bando de Tijuya era el más fértil y poblado de La Palma. Esta afirmación no corresponde con los restos arqueológicos encontrados hasta el momento, debido en gran parte por la actividad volcánica reciente, las remodelaciones históricas y la falta de prospecciones arqueológicas; es probable que el franciscano haga referencia a toda la comarca, incluyendo Aridane. El propio autor afirma que el señorío de Tijuya era vasallo del de Aridane. Los límites son muy difíciles de establecer, porque geológicamente es una prolongación del Valle. Ocupa la parte meridional del mismo, incluyendo la Montaña de Tamanca, hoy Montaña Quemada, cuya erupción en período aborigen arruinó numerosos árboles, fuentes y campos de pastoreo. Pensamos que por arriba, el límite se situaba en las cercanías del Birigoyo y. por abajo, en Todoque. Se trata de un territorio asolado por el vulcanismo y escaso en cuevas. La palabra Tijuya, variante Tahuya, tiene una raíz relacionada con las formas -ja, -ha, -ju, -hu, referidas a "Dios" o "Cielo". En la toponimia de Canarias hay que contabilizar en esta línea los topónimos Tihuya (con h aspirada) o Tijuya, hoy Tajuya, donde una vez más observamos la desinencia -ya, -ia, posible equivalencia con la divinidad, lo que nos hace sacar la conclusión de que son nombres de lugar referidos a la divinidad celestial, epónima de esos lugares.

Las mejores muestras arqueológicas la encontramos en el poblado de cabañas de Montaña de Enrique, sobre los 1.200 metros de altitud; apreciamos dos grupos bien diferenciados pero formando parte del mismo conjunto. Está compuesto de unas veinte construcciones entre cabañas y corrales, relativamente bien conservadas, cortadas por una pista que va a las casas de Tacande. Sin embargo, el más sorprendente es el enorme campamento permanente del Barranco de Las Ovejas, a 1.400 metros de altitud, cerca del collado de cumbre, a poca distancia de El Refugio del Pilar. Al pie de una montaña se desarrolla el mayor poblado de casas bien conservadas (unas 45 construcciones), de formas circulares u ovales, con muros muy gruesos (en torno a 1 metro), ejecutados con una buena técnica constructiva. Las casas se adaptan a la singular topografía del terreno, formando un pueblo con espacios comunicantes. Un detalle curioso es que en la base de muchas de ellas existen hornacinas adinteladas, al estilo de las existentes en otros lugares de Canarias como Fuerteventura. En medio del poblado se encuentran otras construcciones mayores, como si fueran corrales. A falta de realizar prospecciones, podemos confirmar la presencia de dos pequeños fragmentos cerámicos de la Fase IV, uno encontrado en el exterior de una casa y el otro en un pequeño promontorio a diez metros en la dirección norte del poblado. En la actualidad, el conjunto arquitectónico está cortado por una pista que pasa casi por el medio. A unos 30 metros hacia el sur existen cuatro casas formando un conjunto con la misma tipología y estructura. Pasando la carretera general, que está muy cerca, en dirección este, existen unas quince construcciones más. Por último, a unos 200 metros en línea recta y en dirección norte, después de sortear dos pequeños barrancos, encontramos otras dos casas sobre la ladera de la vertiente derecha con idénticas características. En total, son cerca de 70 las cabañas que hoy aguardan un estudio profundo y una protección máxima.

Hemos hecho una prospección de la zona del Llano de Los Jabíes y nos llevamos una grata sorpresa al encontrar importantes muestras cerámicas de diferentes fases y algunos líticos de basalto gris y un gabro de color blanco encontrado en la base de la Montaña del Gallo. Empezando en el valle de Las Brujas, apreciamos varios trozos de vasijas muy antiguas y toscas, bastante deterioradas por el paso del tiempo y sin decoración. Ascendiendo por los enarenados en dirección al Birigoyo encontramos nuevas muestras, algunos- de los fragmentos muestran tonos rojizos y se sitúan en los alrededores de pequeños promontorios que destacan sobre el picón. Tanto en la ladera norte como en la sur, hemos descubierto diversos fragmentos cerámicos; otro apareció en la misma cúspide del volcán. En las cercanías de la Montaña del Gallo, próximo a un promontorio, encontramos varias muestras cerámicas de la fase IIIc, uno es un borde y los otros forman parte del dibujo superior en forma de ovas. A unos 200 metros en dirección norte, aparecen más de siete fragmentos de otra vasija de la misma fase y con los mismos motivos dibujados, junto a otros pedazos dispersos por la zona sin decorar. El tránsito por estos lugares parece confirmado.

El bando de Tamanca tiene en la cumbre un espacio algo mayor que va desde el Birigoyo hasta las cercanías de Montaña Cabrera, zona que ha sufrido algunas erupciones volcánicas históricas; por abajo, es enormemente difícil establecer unas fronteras en lugares que no tienen unos rasgos geológicos (barrancos o montañas) bien definidos, aparte de la modificación reciente que han provocado las corrientes de lava. Algunos investigadores han señalado los linderos en el barranco que lleva su nombre y la Montarla de Los Faros, en Fuencaliente.

Según refiere Abreu Galindo, la forma antro-ponímica Tamanca pasó a la toponimia. La voz Tamanca es recogida por Bory de Saint-Vincent y Chil y Naranjo como variante de ataman/taman y lo traducen como "Cielo". Al igual que Tijuya, las prospecciones arqueológicas han sido muy escasas. Hemos recorrido la cumbre y los últimos vestigios se encuentran en el Llano Amarillo, especie de degollada hundida y protegida de los vientos entre los volcanes de La Barquita y Los Charcos con abundante codeso, crespa y otras especies forrajeras entre pinos; hemos contabilizado cuatro cabañas, tres unidas y semiderruídas, y otra exenta de apariencia más nueva, incluso reutilizada históricamente, así como dos pequeños amontonamientos de piedra de apariencia más bien histórica. Destacan numerosas muestras líticas de basalto de todos los tamaños y algunas piezas pequeñas tipo sílex y gabros de La Caldera, traídos por los aborígenes hasta ese lugar, en especial uno atípico con incrustaciones de olivina y feldespato. Los restos cerámicos son muy abundantes desde las primeras fases hasta la última, destacamos algunas asas decoradas por los dos lados. En el resto de la cumbre no hemos podido localizar ninguna muestra arqueológica.

Los restos arqueológicos en las medianías (entre los 1.000 y los 1.600 metros aproximadamente) son escasísimos; tan sólo pudimos localizar algunos fragmentos cerámicos sin decoración en el Volcán de Bernardino. Las llanuras de cotas inferiores debieron albergar una población más bien escasa, de ahí que las huellas sobre el terreno se concentren en los barrancos de Tamanca, Los Hombres y Las Palmas con pequeñas construcciones superficiales y pocos restos de industria muy diseminados. Es de destacar las estructuras de cabañas en las cercanías del Monumento Natural del Tubo de Todoque.

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Capítulos anteriores:

Las últimas demacarciones territoriales (II)

Las últimas demacarciones territoriales (I)

Antecedentes:

La ruta de los Awara