Democracia
pura, democracia liberal y democracia de partidos (I)
Carlos
Lugo Sosvilla *
Que
la democracia es el gobierno del pueblo hay que darlo por sabido. Su propio
nombre así lo define. Pero la contrariedad surge si se pregunta qué es el
pueblo.
Si la democracia
es una forma de Estado donde la voluntad colectiva hace el orden social, la
colectividad, sea de dirigencia como de dirigidos, forma el poder del Estado,
con la expresión más popular del gobierno del pueblo por el pueblo. Así que
la democracia, el pueblo, como pluralidad se reduce a una unidad, no como masa
de hombres, sino como sistema de individuos regidos por el ordenamiento jurídico
del Estado. De ahí que sea una ficción pretender reemplazar la pluralidad de
colectividades personalizadas por una integridad con naturalezas distintas.
El más grave
reto que aqueja hoy a la democracia es el enfrentarse a las mayorías al decirse
que a más votantes, mayor representación. Que los muchos pesan más que los
pocos, rompiendo el principio constitucional de la igualdad. No existe
democracia real si sólo la rigen las mayorías, sin dejar a las minorías
espacio de libertad y ámbito de ejercicio que les permita acceso alguno al
poder. Un poder constante de la mayoría conduce a la dictadura, sea del
proletariado como de territorios de mayor población sobre los de menor habitación,
reducidos a una vida política puramente vegetativa. Resulta inútil para la
formación de la voluntad colectiva, denominada pueblo soberano, desposeyendo a
su vez a la mayoría de su carácter conceptual, pues mal puede serlo
mayoritario sin refrendarse con minorías. Así, el principio "de mayoría"
preconizado en la democracia pura queda desautorizado por la liberal, donde se
arbitran garantías correctivas para que el gobierno del pueblo no sea
privilegio de las masas. Y cuando se trata de identidades colectivas, la vara de
medir no puede ser la misma, según el tamaño de población de la entidad
medida.
De la democracia
liberal nos dice Ángel Rivero, de
Se exige
detenerse a estudiar en Tocqueville cuáles sean esas malas inclinaciones de una
sociedad democrática y las herramientas necesarias para su curación. Desde
luego, la democracia liberal. Cómo la explica: "Un conglomerado
inmigratorio de las varias procedencias europeas, bajo el imperio británico,
pobló los grandes espacios norteamericanos, formando colonias que, como
inmediato fin, se propusieron sacudir el yugo de Inglaterra, pero, como en
general comulgaban la misma religión, lengua, costumbres y casi las mismas
leyes, y lucharon contra un enemigo común, tenían sobradas razones para su unión
formando una misma nación. Mientras duró
La debilidad de
las independizadas trece colonias angloamericanas convertidas en repúblicas
independientes les hizo comprender el peligro que las amenazaba hasta el punto
de poder perecer, lo que les impuso apelar al poder constituyente, elevándose
la imaginación de los habitantes al supremo momento de abdicar el poder
nacional en favor del gobierno de los Estados, siendo el federal la excepción.
Como malas
inclinaciones de una sociedad democrática, se muestra por Tocqueville "la
oposición entre intereses, que dieron origen a las dos corrientes de opinión,
queriendo unos hacer de
Fuente:
El
Día