DEPENDENCIA

Teodoro Santana

La apretada de tuercas rusa a Ucrania y Moldavia con el gas, y de paso a la Unión Europea, debería servirnos para poner las barbas a remojar. Sustituir fuel por gas no sólo es caro en infraestructuras, sino que supone sustituir una dependencia energética por otra. Mala cosa.

Peor en Canarias, donde la práctica totalidad de la energía que consumismos se basa en combustibles fósiles procedentes del exterior. Incluso el agua de abasto depende totalmente de ellos. Ya puestos a sustituir el fuel, hagámoslo por energía limpias y autosuficientes. De manera que, pase lo que pase en la escena internacional, tengamos garantizada la energía eléctrica. Y en manos públicas, claro. No sólo nos puede salir más barato, sino incluso ser un reclamo turístico añadido.

Lo que es suicida por nuestra parte es estar totalmente vendidos a cualquier mala racha o a cualquier decisión tomada en otra parte. Por ejemplo, los organismos de las Naciones Unidas recomiendan que cada país produzca, al menos, el 60% de los productos alimentarios que consume. En nuestro caso no llegamos ni al 2%, tras el arrasamiento de agricultura tradicional dirigida al mercado interno. Y tras tantos años de Régimen Especial de Abastecimientos, que es una especie de proteccionismo inverso, dirigido a primar la importación en detrimento de las producciones propias. Hasta la sal que consumimos viene del exterior, Ħen un Archipiélago! Si a eso añadimos que la distribución de alimentos en Canarias está en manos de multinacionales, que imponen sus condiciones leoninas a consumidores y pequeños productores, es como para echarse a temblar.

El 90% de nuestra economía está directamente relacionada con el turismo. Y, sin embargo, no existe aún un tour operador público canario que amortigüe las imposiciones y las decisiones tomadas al respecto en despachos de Hamburgo o de Londres. Los beneficios financieros acumulados en Canarias, ni olerlos. Podríamos repasar sector por sector, y la radiografía es siempre la misma.

Habrá que empezar a plantearse que, alguna vez, habrá que quitarse la soga de la dependencia del cuello. No sea que alguien le dé por darle una patada a la banqueta, o sea.