¿Desinterés por la política?
Fidel Campo Sánchez
Cada día nos interesa más la política y, por el
contrario, nos sentimos más lejanos de los partidos políticos. Y comprobamos no
ser nada originales en esta postura compartida por la generalidad.
Claro que a la gente
le interesa la política. ¿Cómo no le va a interesar el precio de la vivienda,
el problema del terrorismo, la pandemia de la corrupción, la contaminación, el
desempleo o los trabajos basura, el anárquico desarrollo urbanístico, la
inseguridad ciudadana, la llegada de inmigrantes, el funcionamiento de las
escuelas, la atención a los ancianos, las desigualdades sociales y un largo
etc.? A lo que cada vez más personas estamos dando la espalda es a la pelea sin
tregua de los partidos políticos, al golpismo técnico de una derecha que al no
contar ya con los apoyos del Ejercito enerva a masas poblacionales contra
A la población nos irrita y desconcierta la descalificación permanente que los
de un partido hacen del contrario. La práctica diaria del insulto constante
provoca malestar, cansa. El ciudadano de a pie observa con demasiada frecuencia
un espectáculo feo e ininteligible. La población se pregunta estupefacta: ¿Cómo
es posible que los partidos no se pongan de acuerdo frente al terrorismo? ¿No
deberían coincidir todos en el interés por acabar con la corrupción
urbanística? ¿Cómo se puede entender que ante los grandes retos que tiene la
sociedad no aúnen sus esfuerzos? Y muchos concluyen con unos juicios
peligrosos: «Todos los políticos iguales», «los partidos no se ocupan de los
problemas de la gente», «ni entendemos ni nos interesa eso de lo que hablan».
La participación en el
referéndum sobre la reforma del Estatuto andaluz ha sido la más baja de la
historia de esa comunidad: se ha abstenido el 64% de la población.
El alejamiento de la
población de la 'clase política' también se puede constatar de otras maneras,
por ejemplo con las respuestas a interrogantes como: ¿Cuál es el ritmo de
afiliación a los partidos políticos?
¿Cuáles son las
cualidades que la gente reclama en un político? Las conclusiones siempre son
muy coincidentes: que sea honrado, trabajador, que escuche a la gente, que se
le entienda lo que dice, que cumpla lo que promete, que no sea sectario, que se
preocupe por los problemas de la población y que deje a un lado los intereses
particulares y de su partido y que llegue a acuerdos con los otros partidos
políticos cuando se trata del interés general. Pues bien, desgraciadamente,
mucha gente considera que precisamente esos rasgos no son los que más abundan
en el grupo de nuestros representantes.
Algunos políticos sí
se han dado cuenta del problema que nos ocupa: Con relación al terrorismo el lendakari Ibarretxe dijo: Los
políticos no hemos estado a la altura de las circunstancias. La contradicción
está en que los que se dedican a la política no pasan de la lamentación a la
acción; no toman medidas para renovar el funcionamiento de los partidos y
lograr convencer a los ciudadanos de que la participación en la política es
ocuparse de lo público, de lo de todos, es una actividad noble y generosa.
Están tan ensimismados en ganar las elecciones y en desprestigiar al contrario
para así conseguir el poder que se olvidan de que ese poder debe utilizarse
para responder a las necesidades del pueblo soberano, de toda la población. El
problema sucede cuando los partidos dejan de ser la correa de transmisión de
los deseos e intereses de la población. El peligro está en que la democracia se
convierta en una partitocracia, como de hecho vemos
que ha ocurrido. La disciplina de voto, las listas cerradas, la
profesionalización de la política, poner los intereses del partido por encima
de los de los ciudadanos, la aparición de una 'clase política', son signos de
esa partitocracia, que cada día rechaza más el
ciudadano medio.
A los partidos
políticos les falta una buena dosis de democracia interna. La ausencia de
autocrítica, las listas cerradas de candidatos, la rígida disciplina en el voto
(¿No les resulta a ustedes patético ver a un diputado levantado el brazo para
indicar a sus compañeros de partido qué tienen que votar?), el rodearse de
miembros de su partido y mirar con recelo a los que no pertenecen al grupo, la
utilización de los mismos eslóganes, frases hechas y latiguillos recitados como
si fuera un catecismo, etc. comulga mal con un sistema democrático que
significa: participación, pluralidad, debate, crítica, libertad. ¿Cuántos
militantes son expulsados de los partidos antes de que su comportamiento
corrupto sea conocido por la opinión pública? ¡Ninguno! ¿Cuántos miembros
dimiten por estar en desacuerdo con una determinada política? ¿Quiénes se
sitúan en los puestos más relevantes de la organización, las personas más
valiosas o quienes son más obedientes? ¿En qué medida los partidos incorporan a
independientes? ¿Cuál es su grado de colaboración con asociaciones ciudadanas y
grupos sociales? ¿No es una excepción los pactos entre el grupo de gobierno y
el de la oposición, a pesar de que muchos problemas afectan a todos los
ciudadanos y de que entre ambos no existan propuestas de actuación
sustancialmente diferentes?
Democracia es sinónimo
de participación y pluralismo, sí y también de respeto a las minorías. No
defendemos el pacto por el pacto, creemos que es muy positivo el debate de
ideas, la contraposición de programas, la discusión de alternativas; pero lo
anterior no tiene nada que ver con el rifirrafe que observamos cotidianamente.
Parafraseando a Unamuno, lo que observamos es que se
pretende vencer no convencer, de ahí la descalificación sin argumentos, la
oposición permanente a lo que dice el contrario. En definitiva, nuestra
percepción es que en el panorama de los partidos políticos predomina una
actitud beligerante en lugar de escuchar con atención la propuesta o crítica
del adversario político y, además, estar abierto a la colaboración y, en modo
alguno al golpismo técnico de esa derecha y
Tenemos la impresión
de que esa 'crispación política' no está en la calle..
Sospechamos que la pelea de los partidos, y su transmisión amplificada por los
medios de comunicación, no se corresponde con las preocupaciones de la mayoría
de la población. Percibimos que se trata de dos mundos distintos: el 'real', el
de la gente de la calle, y el 'virtual' que es la gresca habitual de los
partidos. Quizá no estaría de más que los protagonistas de la batalla
recordasen, en otro contexto, las palabras de determinado político procedente
el antiguo régimen: «Tenemos que elevar a la categoría política de normal lo
que a nivel de calle es simplemente normal».