DE
Guayre Adarguma *
Son muchas
las hipótesis manejadas por los seguidores del catolicismo y sus apologistas
sobre la “aparición” de la Virgen del Pino, fechada en 1481. La mayoría de
ellas no pasan de ser burdas leyendas de contenido casi infantiles –sostenidas
bajo el silogismos de tradiciones piadosas-, creadas y fomentadas por la secta
católica para tratar de justificar la usurpación de la divinidad suprema de
los antiguos canarios, la Diosa-Madre Chaxiraxi, la cual es adorada bajo
diferentes nombres y aspectos en todas las isla del archipiélago.
Entre
el pueblo guanche las creencias principales como queda dicho giran en torno a la
Diosa-Madre Chaxiraxi, divinidades celestes, el culto a la tierra, y el culto a
los antepasados, éstas presentan en general un carácter politeísta y
naturalista dado que el hombre aparece profundamente inmerso en el medio ecológico,
constituyendo algo así como un microcosmos en el que se vuelca todo el medio
circundante, quedando su lugar precisado en una jerarquía de fuerzas y de seres
que van desde dioses y héroes hasta animales, vegetales y minerales; como dirá
M. Griaule, se trata de una serie que va «de la Diosa creadora hasta la basura
del auchón». De aquí también que los hombres no vivan sólo de la
naturaleza, sino con ella y no la dominen pese a aliarse frente a ella.
Como
también que no sobrevivan o logren perpetuarse como no sea tras un conocimiento
profundo de las fuerzas con que han de enfrentarse. Y de aquí que la religión
del pueblo guanche jamás se nos presente independiente de un medio, de un área
tierra determinada, de un cielo dado y, desde luego, de una sociedad a la que
está estrechamente vinculada.
El
proselitismo y la conversión están desprovistos de sentido. De aquí que la
intolerancia quede excluida y hoy veamos a gentes canarias
convertidas a religiones autodenominadas universales aunque conservando a
veces el legado de su tradición. La religión en el pueblo guanche vincula al
hombre a su sociedad, y es preciso entender por ésta no solamente a los vivos,
sino también a los muertos, a los antepasados, así como a las divinidades y a
toda la fuerza que abriga el territorio, constituyendo con ella un todo
indisoluble.
Asegura
la cohesión, justifica las instituciones, penetra en todas las actividades, sea
cual fuere el fin a que lleven, comportando ritos que la mayor parte de las
veces desembocan en un complicado ceremonial. De aquí que la religión del
pueblo guanche sea profundamente ritualistas y el cumplimiento correcto de los
ritos, así como los gestos técnicos, presenten una resonancia que asegura la
fecundidad de la tierra y el ganado, la caída de la lluvia, la perpetuación
del grupo, la preservación del orden de la sociedad y del mundo, etc.
En
la religión del pueblo guanche no existe lugar para el pecado, sino simplemente
ofensas a los antepasados o a las divinidades y transgresiones de tabúes, no
siempre voluntarias, pero que obligan a determinados correctivos. Por
consiguiente en nuestra religión, se hace, pues, difícil pensar en que exista
en la otra vida diferencias extremas entre justos y pecadores.
De aquí también la particularidad de las concepciones de la vida
ultraterrena y el hecho de que los
espíritus de los muertos siguen viviendo entre los vivos, protegiendo a sus
familiares los que fueron justos en vida, y relegados a Chinechi, -por un tiempo
indeterminado- los que no lo fueron.
Como
podemos apreciar, estos fundamentos morales
espirituales de la sociedad guanche están muy por encima de las
retorcidas concepciones morales y espirituales que portaban los invasores
judeo-cristianos, los cuales predicaban determinados conceptos morales que
aparentemente coincidían con los de nuestros ancestros, pero que en la práctica
eran vulnerados continuamente, tanto por los clérigos católicos como por los
otros mercenarios invasores.
Las
“apariciónes” de las primitivas imágenes de vírgenes católicas en cuestión,
no fue sino otra de las supercherías llevada a cabo por los invasores con
objeto de forzar la catolización de los primitivos canarios sincretizando bajo
formas y ritos católicos las divinidades, Efekenes y lugares de culto del
pueblo guanche, suplantando los paredros locales y dotándolos de los nombres de
su santoral, mediante la coación y el terror impuesto (es bien sabido que una
manera de librarse de la esclavitud o la muerte era aceptar el cristianismo),
unido a la prédica de que las divinidades que portaban los europeos
proporcionaban los mismos beneficios que las de la religión guanche y
que sólo cambiaban de nombre. Estos
planteamientos simples pero efectivos, unidos a la profunda espiritualidad del
primitivo pueblo canario fueron las basas jugadas por el catolicismo para ir
asumiendo paulatinamente al más puro estilo romano el panteón de las
divinidades canarias.
La
cristianización consistió más en la aceptación formal de los ritos y prácticas
de la religión católica que en un pleno conocimiento de sus dogmas. En este
contexto ha de explicarse el que en la isla Esero (Hierro) se les diera a la
Virgen y Dios católicos los nombres de las deidades locales, Moneyba o Moreyba
(virgen de Los Reyes) nombre de la Diosa y Eraoranhan,
deidad masculina, en Benahuare (La Palma) la Diosa Abora fue adscrita a la
virgen de Las Nieves, en Tamaránt (Gran Canaria) la Diosa fue usurpada por la
virgen del Pino, en Chinet (Tenerife) los atributos de la Diosa Chaxiraxi le
fueron implantados a la virgen de Candelaria.
Si
estudiamos un poco los movimientos invasores castellanos y portugueses, podemos
observar la ingente cantidad de “apariciones” marianas producidas en los países
sometidos, no deja de ser significativo el hecho de las supuestas
“apariciones” marianas se producían en zonas de dominio de congregaciones
franciscanas o dominicas.
Curiosamente,
en los territorios invadidos por ingleses, franceses u holandeses, no se produjo
este tipo de fenómeno. ¿Será que la virgen María solo mostraba afección
a los pueblos sometidos por los católicos?
Centrémonos
en la sincretización por parte del catolicismo de la Diosa-Madre Chaxiraxi en
la isla Tamaránt (Gran Canaria).
Andrés Bernáldez (El
cura de Los Palacios), en su Historia de
los Reyes
Católicos refiere: “En la Gran Canaria tenían una casa de oración
llamada
Toriña, e tenían allí una imagen de palo, tan luenga como media lanza,
entallada, con todos sus niervos, de mujer desnuda con sus miembros de fuera y
delante de ella una cabra de un madero entallada, con su figura de hembra que
quería concebir, y tras de ella un cabrón entallado de otro madero, puesto
como que quería sobir a engendrar sobre la cabra.”

“Prosiguiendo Pedro de Vera en el repartimiento llegó a un término
llamado Terori, porque se nombraba así el Canario, cuyo había sido, del cual
tomó el nombre aquel terreno suyo, en el cual apacentaba sus ganados, cerca de
la fértil y frondosa selva de Doramas (...).
No
habían llegado hasta entonces los españoles a aquel sitio por ser lo más
fresco y lloviznoso de la cumbre a la parte norte de la isla, y para llegar a él
en esta ocasión fue necesario que fuesen de aquellos Canarios guiados los Españoles
Conquistadores que iban en aquella tropa; aviéndoles antes los Canarios
informado que en aquel sitio de Terori estaba un árbol muy alto y admirable,
que contenía en sí una rara maravilla, cuya noticia tenían de sus mayores y
ancianos y avía más de cien años que venía de unos en otros.
Dijéronles
que en aquel territorio había muchas fuentes (...). Pero, que al pie del coposo
Anónimo
de Diego Henriquez (ca. 1640)
“Puesta
a la ovediencia de los Reyes Cathólicos la ysla de Canaria por el capitán
Pedro de Vera el año de mil quatro cientos setenta y siete: puso quien
doctrinase i enseñase la fe, en varios lugares i citios, y en uno llamado Teror
tres leguas de el Real de Las Palmas, entre Arucas y Guía que es junto a Gáldar,
se fabricó yglecia de la advocación de S. Mathías, y serca de allí, está un
grandioso pino que tiene de alto desde su raís a pie, hasta la última rama
quarenta y dos varas, que hacen ducientos y ocho palmos, i de /f.o 92v/ gruezo
poco más de doze taladradas a la parte de poniente a las faldas de unas cierras
y montañas, el tronco o primer cañón hasta onde se divide en tres gruezos
ramos, tiene treinta varas, onde ai ciertas piedras i tierra, i plantados tres
árboles dragos, de alto tres varas el más alto i poco menos otro, i el último
de dos varas, i todos de una copa porque este árbol hace muchas, este pino con
ser tan grande da su fructo de unas piñas mui pequeñas; la maior de el tamaño
de un guebo, la menor como almendras grandes, nunca se abren ni dentro tienen piñones,
ni en Canaria lo dan estos árboles aunque otros
El
núcleo de este simbolismo lo constituirían los tres dragos encerrando entre
sus raíces la piedra con el grabado podomorfo. Precisamente, un árbol
encerrando entre sus raíces una piedra simboliza en el pensamiento
norteafricano tradicional la unión de los dos espíritus que constituyen la
personalidad humana: nefs y rruh, constituyendo a menudo lo esencial de un
santuario. Normalmente, estas prácticas religiosas
de los primitivos canarios han sido interpretadas interesadamente por la
secta católica como “apariciones de la virgen” a los gentiles, anunciando
la llegada del cristianismo.
Tal
como nos expone el investigador José Carlos Cabrera Pérez: “Documentados en
los agrestes oratorios del Norte de África, en los templos fenopúnicos del
ecumene cananeo e, incluso, en los santuarios de ese gran crisol de credos que
fue la religión romana, la esencia pagana de los podomorfos sería
reinterpretada con el paso de los siglos, al compás del avance de las oleadas
islámicas y cristianas en ambas orillas del Mediterráneo. Su asimilación a la
huella del pie de Fátima, de la Virgen o de diversos santos y morabitos se
repite en nuestro Archipiélago, cuando la religiosidad popular y la tradición
oral mencionan el “Pie de la Virgen” en Barranco Azul o el “Pie de fray
Juan de San Torcaz” en Río Palmas, ambos en Fuerteventura. La advocación
mariana desarrollada a partir de los viejos cultos a la fuente y al árbol en el
santuario de Teror es, quizá, el ejemplo más concluyente de su carácter mágico-religioso
entre las primitivas culturas canarias y de los esfuerzos de cristianización
acometidos por los misioneros que llegan a las islas a raíz de la conquista.”
Y
continua el autor: “Pero la lectura de los podomorfos ha de realizarse desde
una perspectiva más amplia y, sobre todo, inherente a lo que significan por sí
mismos, debiendo entroncarlos con los viejos cultos y creencias mediterráneos.
La veneración hacia divinidades, espíritus o genios inmateriales –los
“Invisibles”-, que escogen como lugar de fijación la cima de determinadas
montañas, las fuentes naturales o determinados árboles, que quedan consagrados
como santuarios donde se les rinde culto, justifican la aparición de este tipo
de inscripciones. Las huellas de pie constituirían la forma de representar
iconográficamente a aquellas entidades sobrenaturales de naturaleza benéfica,
con frecuencia los espíritus de sus antepasados, distinguidas por el don de la
invisibilidad y actuando como intermediarios ante los dioses supremos en la
solicitud de lluvias abundantes y de la munificencia de la tierra y del
ganado.” (José Carlos Cabrera Pérez. 2000.)
Estos
ritos sagrados canario-mazigios fueron sometidos a un intenso proceso
transculturador con la llegada castellana, dando lugar al actual culto a la
Virgen del Pino de Teror.
Es
indudable que durante mucho tiempo después de la ocupación de la isla la
adoración a Nuestra Diosa Chaxiraxi en su aspecto que luego sería conocido
como virgen del Pino, fue exclusiva de los antiguos canarios, sin que
intervinieran en sus ritos y romerías los invasores, según
testimonio de Marín de Cubas, los
canarios aborígenes, en tiempos precoloniales, hacían a la “Madre de Dios”
sus fiestas y regocijos de luces y hogueras.
Por
otra parte, en los primeros documentos que hacen referencia a la imagen no se le
menciona por un nombre determinado citándola simplemente como “Nuestra Señora”.
La primera imagen pudo ser la descrita en el
inventario de la visita del Obispo católico Diego Deza, en 12 de marzo de 1558:
“ay en el dicho altar otra imagen de Nuestra Señora de bulto con una coronita
de estaño” pero ni los clérigos
José García Ortega, Ignacio
Quintana o Santiago Cazorla explican
la existencia de esta talla, que creemos fue la primera que existió en Teror, y
debió sobrevivir hasta 1590, año en que, por disposición del Obispo
católico Fernando Suárez de Figueroa, probablemente fue enterrada a
causa de su hechura no acorde con los parámetros católicos. Esta circunstancia
posiblemente despertó el secular celo de la Inquisición española en Canarias
tal como recoge el historiador Agustín Millares Torres: “en el archivo del
extinguido Tribunal de la Inquisición existía un expediente formado en
averiguación de las circunstancias milagrosas que acompañaron a la aparición
o hallazgo de la Virgen del Pino, y en él resultaba implicado un Juan Pérez de
Villanueva, vecino de Teror en la época de la conquista”
Por
otra parte, el coronel de los ejércitos imperiales de su Majestad Británica, y
gran conocedor de La India y de las islas, A.B. Ellis no dejó el un curioso
testimonio tardío (1820) en relación con la imagen de la virgen del Pino la
cual debió ser muy singular: “Entre
otras imágenes extraordinarias de esta isla, una de las más extrañas es la
que existe en la iglesia de Teror, una pequeña pero pintoresca aldea situada a
unas once millas de Las Palmas. Es de madera, está cubierta de joyas y provista
de cuatro brazos, y lo que para alguien que conozca las deidades de La India
supondría que intenta representar al dios hindú Visnú, aquí, sin embargo, es
la Virgen, y la tradición asegura que hace algunos siglos se la encontró
milagrosamente clavada en un pino de un bosque cercano. No obstante, el motivo
por el que tiene cuatro brazos es un misterio que dudo que incluso un sacerdote
pueda resolver satisfactoriamente.”
“El
culto a la Virgen del Pino no tuvo en el siglo XVI la popularidad que alcanzó
en los siglos posteriores. En lo que respecta a la vida religiosa, el Cabildo
Catedral acordó, el 7 de octubre de 1521, ayudar con cinco doblas al clérigo
que debía celebrar todos los domingos; y también acordó, el 3 de abril de
1528, que dicho clérigo había de ser obligado a decir Misa todos los días de
las fiestas de Nuestra Señora y todos los días de los Apóstoles 40; en este
acuerdo se consigna “el Clérigo que subiera y dijera las dichas misas”,
de lo que se deduce que por esa época de 1528 no había aún un cura residente.
Parece evidente que, antes de 1558, se realizaran procesiones en Teror con la
imagen de la Virgen. En el acta de la visita del Obispo Deza en dicho año, se
consigna: “...Item unas andicas de madera en que suelen llevar a Nuestra
Señora en procesión...”; la procesión se haría por los caminos
existentes y sin un itinerario prefijado, como parece desprenderse de una
disposición del Obispo de La Cámara y Murga: “porque la procesión de
Nuestra Señora de la Natividad se hacía por muchos caminos con grande
incomodidad por ser malos dichos caminos y no a propósito y lo mismo la
procesión del día del Corpus, mandamos que de aquí adelante las dichas
procesiones se hagan saliendo de la Iglesia la plaza adelante”.(Vicente
Hernández Jiménez)
Existen
fundamentos para creer que la primitiva imagen de
Teror representaba a la Diosa Chaxiraxi sincrietizada como virgen de
Candelaria, en los tiempos de la primera ermita del Pino. Si nos preguntamos si
existió un culto a la virgen de Candelaria antes que a la del Pino. La
contestación es afirmativa; la advocación tinerfeña estuvo extendida por todo
el Archipiélago, y, por tanto, en Gran Canaria. En este sentido de generalización
hay que entender la leyenda, recogida por Viera y Clavijo, de que Sancho de
Herrera robó la Virgen de Candelaria y la colocó en Fuerteventura, así como
la intercalación de Marín y Cubas, en el capítulo dedicado a la Virgen del
Pino, “…continuose la devoción a Nuestra Señora; en que se dixo que
luego que salió de Canaria Nuestra Señora de Candelaria, la Virgen en este
lugar, todos los años por el tiempo de su Fiesta y los Canarios no olvidaban de
celebrar su memoria”
El
culto de La Candelaria en Teror no se materializó en imágenes católicas,
aunque en el templo Parroquial inaugurado en 1600 existió un Altar dedicado a
dicha advocación
En
el siglo XVI la Virgen de la Candelaria era tenida por Patrona General de Las
Islas; el Papa Clemente VIII, el 26 de marzo de 1608, concedió con Octava el
Oficio de la Purificación en todo el Obispado.
Para
concluir este apartado veamos un pasaje recogido por A. Millares, en él podemos
apreciar como el clero católico y en especial su sanguinario Tribunal de la
“Santa Inquisición” en Canarias, el cual aún en sus estertores de muerte
en 1820 no dudó
en aprovechar la devoción mostrada por el pueblo a la Diosa Chaxiraxi en su
aspecto católico como virgen del Pino, para azuzarlos contra los criollos
liberales canarios, los cuales a pesar de su supuesta ilustración no dudaron en
masacrar al onobulado pueblo, el que siempre ha sido victima del sistema
colonial al margen del color político o cultural de quienes ostenten el poder
en la colonia.
“Sin
embargo, el último año, una asonada, que excitando el celo fanático de las
turbas ignorantes, se había preparado por el club absolutista, haciéndoles
creer, que se les iba á robar la imagen de N. S. del Pino, y otras sandeces tan
groseras y estúpidas como ésta, insurreccionó los campesinos, que bajaron
armados con intención de atacar la Ciudad, foco de impiedad y liberalismo,
desarmar la milicia urbana, y ahorcar los prohombres del bando constitucional.
Tan
atrevido proyecto estaba en combinación con las noticias secretas recibidas de
la Península, y tenían la seguridad, de que el ataque coincidiría con la caída
del aborrecido sistema; pero la distancia, el mar, y los correos, fueron excusa
de que las tropas liberales tuviesen tiempo de atacar á los sublevados, de
derrotarlos en Tafira y Cendro, y de
fusilar, por los trámites sumarios de la ordenanza, al Jefe de los rebeldes,
pobre y fanático anciano, llamado Matias Zurita, juguete de la Junta apostólica,
cuyos individuos no tuvieron el valor de presentarse, ni la generosidad de
salvar aquella triste
victima
de nuestras discordias políticas.”
El
actual pueblo canario continúa adorando-aún en muchos casos sin saberlo-, a
Nuestra Diosa- Madre Chaxiraxi bajo la advocación católica como virgen María
o cualquier otra de las múltiples denominaciones católicas. (Continuará)
*
Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen