LA DESPOSESIÓN EN CANARIAS

DE LA DIOSA MADRE CHAXIRAXI (III)

 

Guayre Adarguma *

 

Son muchas las hipótesis manejadas por los seguidores del catolicismo y sus apologistas sobre la “aparición” de la Virgen del Pino, fechada en 1481. La mayoría de ellas no pasan de ser burdas leyendas de contenido casi infantiles –sostenidas bajo el silogismos de tradiciones piadosas-, creadas y fomentadas por la secta católica para tratar de justificar la usurpación de la divinidad suprema de los antiguos canarios, la Diosa-Madre Chaxiraxi, la cual es adorada bajo diferentes nombres y aspectos en todas las isla del archipiélago.

Entre el pueblo guanche las creencias principales como queda dicho giran en torno a la Diosa-Madre Chaxiraxi, divinidades celestes, el culto a la tierra, y el culto a los antepasados, éstas presentan en general un carácter politeísta y naturalista dado que el hombre aparece profundamente inmerso en el medio ecológico, constituyendo algo así como un microcosmos en el que se vuelca todo el medio circundante, quedando su lugar precisado en una jerarquía de fuerzas y de seres que van desde dioses y héroes hasta animales, vegetales y minerales; como dirá M. Griaule, se trata de una serie que va «de la Diosa creadora hasta la basura del auchón». De aquí también que los hombres no vivan sólo de la naturaleza, sino con ella y no la dominen pese a aliarse frente a ella.

 

Como también que no sobrevivan o logren perpetuarse como no sea tras un conocimiento profundo de las fuerzas con que han de enfrentarse. Y de aquí que la religión del pueblo guanche jamás se nos presente independiente de un medio, de un área tierra determinada, de un cielo dado y, desde luego, de una sociedad a la que está estrechamente vinculada.

 

El proselitismo y la conversión están desprovistos de sentido. De aquí que la intolerancia quede excluida y hoy veamos a gentes canarias  convertidas a religiones autodenominadas universales aunque conservando a veces el legado de su tradición. La religión en el pueblo guanche vincula al hombre a su sociedad, y es preciso entender por ésta no solamente a los vivos, sino también a los muertos, a los antepasados, así como a las divinidades y a toda la fuerza que abriga el territorio, constituyendo con ella un todo indisoluble.

 

Asegura la cohesión, justifica las instituciones, penetra en todas las actividades, sea cual fuere el fin a que lleven, comportando ritos que la mayor parte de las veces desembocan en un complicado ceremonial. De aquí que la religión del pueblo guanche sea profundamente ritualistas y el cumplimiento correcto de los ritos, así como los gestos técnicos, presenten una resonancia que asegura la fecundidad de la tierra y el ganado, la caída de la lluvia, la perpetuación del grupo, la preservación del orden de la sociedad y del mundo, etc.

 

En la religión del pueblo guanche no existe lugar para el pecado, sino simplemente ofensas a los antepasados o a las divinidades y transgresiones de tabúes, no siempre voluntarias, pero que obligan a determinados correctivos. Por consiguiente en nuestra religión, se hace, pues, difícil pensar en que exista en la otra vida diferencias extremas entre justos y pecadores.  De aquí también la particularidad de las concepciones de la vida ultraterrena y el hecho de que  los espíritus de los muertos siguen viviendo entre los vivos, protegiendo a sus familiares los que fueron justos en vida, y relegados a Chinechi, -por un tiempo indeterminado- los que no lo fueron.

 

Como podemos apreciar, estos fundamentos morales  espirituales de la sociedad guanche están muy por encima de las retorcidas concepciones morales y espirituales que portaban los invasores judeo-cristianos, los cuales predicaban determinados conceptos morales que aparentemente coincidían con los de nuestros ancestros, pero que en la práctica eran vulnerados continuamente, tanto por los clérigos católicos como por los otros mercenarios invasores.

Las “apariciónes” de las primitivas imágenes de vírgenes católicas en cuestión, no fue sino otra de las supercherías llevada a cabo por los invasores con objeto de forzar la catolización de los primitivos canarios sincretizando bajo formas y ritos católicos las divinidades, Efekenes y lugares de culto del pueblo guanche, suplantando los paredros locales y dotándolos de los nombres de su santoral, mediante la coación y el terror impuesto (es bien sabido que una manera de librarse de la esclavitud o la muerte era aceptar el cristianismo), unido a la prédica de que las divinidades que portaban los europeos  proporcionaban los mismos beneficios que las de la religión guanche y que sólo  cambiaban de nombre. Estos planteamientos simples pero efectivos, unidos a la profunda espiritualidad del primitivo pueblo canario fueron las basas jugadas por el catolicismo para ir asumiendo paulatinamente al más puro estilo romano el panteón de las divinidades canarias.

La cristianización consistió más en la aceptación formal de los ritos y prácticas de la religión católica que en un pleno conocimiento de sus dogmas. En este contexto ha de explicarse el que en la isla Esero (Hierro) se les diera a la Virgen y Dios católicos los nombres de las deidades locales, Moneyba o Moreyba (virgen de Los Reyes) nombre de la Diosa y Eraoranhan, deidad masculina, en Benahuare (La Palma) la Diosa Abora fue adscrita a la virgen de Las Nieves, en Tamaránt (Gran Canaria) la Diosa fue usurpada por la virgen del Pino, en Chinet (Tenerife) los atributos de la Diosa Chaxiraxi le fueron implantados a la virgen de Candelaria.

Si estudiamos un poco los movimientos invasores castellanos y portugueses, podemos observar la ingente cantidad de “apariciones” marianas producidas en los países sometidos, no deja de ser significativo el hecho de las supuestas “apariciones” marianas se producían en zonas de dominio de congregaciones franciscanas o dominicas.

Curiosamente, en los territorios invadidos por ingleses, franceses u holandeses, no se produjo este tipo de fenómeno. ¿Será que la virgen María solo mostraba afección  a los pueblos sometidos por los católicos?

Centrémonos en la sincretización por parte del catolicismo de la Diosa-Madre Chaxiraxi en la isla Tamaránt (Gran Canaria).

Andrés Bernáldez (El cura de Los Palacios), en su Historia de los Reyes Católicos refiere:  “En la Gran Canaria tenían una casa de oración llamada Toriña, e tenían allí una imagen de palo, tan luenga como media lanza, entallada, con todos sus niervos, de mujer desnuda con sus miembros de fuera y delante de ella una cabra de un madero entallada, con su figura de hembra que quería concebir, y tras de ella un cabrón entallado de otro madero, puesto como que quería sobir a engendrar sobre la cabra.”  

 

“Prosiguiendo Pedro de Vera en el repartimiento llegó a un término llamado Terori, porque se nombraba así el Canario, cuyo había sido, del cual tomó el nombre aquel terreno suyo, en el cual apacentaba sus ganados, cerca de la fértil y frondosa selva de Doramas (...).

 

No habían llegado hasta entonces los españoles a aquel sitio por ser lo más fresco y lloviznoso de la cumbre a la parte norte de la isla, y para llegar a él en esta ocasión fue necesario que fuesen de aquellos Canarios guiados los Españoles Conquistadores que iban en aquella tropa; aviéndoles antes los Canarios informado que en aquel sitio de Terori estaba un árbol muy alto y admirable, que contenía en sí una rara maravilla, cuya noticia tenían de sus mayores y ancianos y avía más de cien años que venía de unos en otros.

 

Dijéronles que en aquel territorio había muchas fuentes (...). Pero, que al pie del coposo árbol nacía una que lavándose con su agua sanaban de las enfermedades que padecían, y, por eso, la usaban mucho en sus necesidades y faltas de salud. y que en los ramos de aquel árbol asistía tan continua una estrella muy resplandeciente y clara, que ellos la tenían ya por Vezina, y, aunque muchos habían intentado subir a las frescas ramas, donde estava, por ver su hermosura, nunca les fue posible llegar a ella, porque todos perdían las fuerzas y se deslizavan por el pie de aquella planta, donde habitava”

 

Anónimo de Diego Henriquez (ca. 1640) (Quintana-Cazorla, 1971: 63-65. En: José Barrios García, 1993)

 

“Puesta a la ovediencia de los Reyes Cathólicos la ysla de Canaria por el capitán Pedro de Vera el año de mil quatro cientos setenta y siete: puso quien doctrinase i enseñase la fe, en varios lugares i citios, y en uno llamado Teror tres leguas de el Real de Las Palmas, entre Arucas y Guía que es junto a Gáldar, se fabricó yglecia de la advocación de S. Mathías, y serca de allí, está un grandioso pino que tiene de alto desde su raís a pie, hasta la última rama quarenta y dos varas, que hacen ducientos y ocho palmos, i de /f.o 92v/ gruezo poco más de doze taladradas a la parte de poniente a las faldas de unas cierras y montañas, el tronco o primer cañón hasta onde se divide en tres gruezos ramos, tiene treinta varas, onde ai ciertas piedras i tierra, i plantados tres árboles dragos, de alto tres varas el más alto i poco menos otro, i el último de dos varas, i todos de una copa porque este árbol hace muchas, este pino con ser tan grande da su fructo de unas piñas mui pequeñas; la maior de el tamaño de un guebo, la menor como almendras grandes, nunca se abren ni dentro tienen piñones, ni en Canaria lo dan estos árboles aunque otros pinos los dan como en Spaña mas no abren; a el pie de este árbol, havía un zarsal de onde salían unos manantiales de agua, que recojida en un pozuelo, la llebaban los canarios, para dar a veber a sus enfermos, i otros tullidos, i de diferentes achaques venían alabarse la parte enferma y verdaderamente sanaban, los spañoles preguntaban la causa, i unos la negaban, i otros decían que allí havía luces de noche, i venido a estar en aquellas tierras de los dragos la Madre de Dios, con dos luces encendidas, i otras veses que una estrella estaba mui ordinariamente en aquel citio; no se les daba crédito i llamábanlos de perros idólatras; y el cura de la parhoquia de S. Matías que era portugués el licdo. Tristán, por vía de limosna pedía a los canarios paga por el agua de el pozuelo; que la llebaban traiéndole ganado, gofio i lo que aquellos míceros gentiles tenían, por no faltar a su devoción […] “(Marín de Cubas,)

 

El núcleo de este simbolismo lo constituirían los tres dragos encerrando entre sus raíces la piedra con el grabado podomorfo. Precisamente, un árbol  encerrando entre sus raíces una piedra simboliza en el pensamiento norteafricano tradicional la unión de los dos espíritus que constituyen la personalidad humana: nefs y rruh, constituyendo a menudo lo esencial de un santuario. Normalmente, estas prácticas religiosas  de los primitivos canarios han sido interpretadas interesadamente por la secta católica como “apariciones de la virgen” a los gentiles, anunciando la llegada del cristianismo.

 

Tal como nos expone el investigador José Carlos Cabrera Pérez: “Documentados en los agrestes oratorios del Norte de África, en los templos fenopúnicos del ecumene cananeo e, incluso, en los santuarios de ese gran crisol de credos que fue la religión romana, la esencia pagana de los podomorfos sería reinterpretada con el paso de los siglos, al compás del avance de las oleadas islámicas y cristianas en ambas orillas del Mediterráneo. Su asimilación a la huella del pie de Fátima, de la Virgen o de diversos santos y morabitos se repite en nuestro Archipiélago, cuando la religiosidad popular y la tradición oral mencionan el “Pie de la Virgen” en Barranco Azul o el “Pie de fray Juan de San Torcaz” en Río Palmas, ambos en Fuerteventura. La advocación mariana desarrollada a partir de los viejos cultos a la fuente y al árbol en el santuario de Teror es, quizá, el ejemplo más concluyente de su carácter mágico-religioso entre las primitivas culturas canarias y de los esfuerzos de cristianización acometidos por los misioneros que llegan a las islas a raíz de la conquista.”

 

Y continua el autor: “Pero la lectura de los podomorfos ha de realizarse desde una perspectiva más amplia y, sobre todo, inherente a lo que significan por sí mismos, debiendo entroncarlos con los viejos cultos y creencias mediterráneos. La veneración hacia divinidades, espíritus o genios inmateriales –los “Invisibles”-, que escogen como lugar de fijación la cima de determinadas montañas, las fuentes naturales o determinados árboles, que quedan consagrados como santuarios donde se les rinde culto, justifican la aparición de este tipo de inscripciones. Las huellas de pie constituirían la forma de representar iconográficamente a aquellas entidades sobrenaturales de naturaleza benéfica, con frecuencia los espíritus de sus antepasados, distinguidas por el don de la invisibilidad y actuando como intermediarios ante los dioses supremos en la solicitud de lluvias abundantes y de la munificencia de la tierra y del ganado.” (José Carlos Cabrera Pérez. 2000.)

 

Estos ritos sagrados canario-mazigios fueron sometidos a un intenso proceso transculturador con la llegada castellana, dando lugar al actual culto a la Virgen del Pino de Teror.

 

Es indudable que durante mucho tiempo después de la ocupación de la isla la adoración a Nuestra Diosa Chaxiraxi en su aspecto que luego sería conocido como virgen del Pino, fue exclusiva de los antiguos canarios, sin que intervinieran en sus ritos y romerías los invasores, según testimonio de Marín de  Cubas, los canarios aborígenes, en tiempos precoloniales, hacían a la “Madre de Dios” sus fiestas y regocijos de luces y hogueras.

 

Por otra parte, en los primeros documentos que hacen referencia a la imagen no se le menciona por un nombre determinado citándola simplemente como “Nuestra Señora”. La primera imagen pudo ser la descrita en el inventario de la visita del Obispo católico Diego Deza, en 12 de marzo de 1558: “ay en el dicho altar otra imagen de Nuestra Señora de bulto con una coronita de estaño” pero ni los clérigos   José García Ortega,   Ignacio Quintana o  Santiago Cazorla explican la existencia de esta talla, que creemos fue la primera que existió en Teror, y debió sobrevivir hasta 1590, año en que, por disposición del Obispo  católico Fernando Suárez de Figueroa, probablemente fue enterrada a causa de su hechura no acorde con los parámetros católicos. Esta circunstancia posiblemente despertó el secular celo de la Inquisición española en Canarias tal como recoge el historiador Agustín Millares Torres: “en el archivo del extinguido Tribunal de la Inquisición existía un expediente formado en averiguación de las circunstancias milagrosas que acompañaron a la aparición o hallazgo de la Virgen del Pino, y en él resultaba implicado un Juan Pérez de Villanueva, vecino de Teror en la época de la conquista”

 

Por otra parte, el coronel de los ejércitos imperiales de su Majestad Británica, y gran conocedor de La India y de las islas, A.B. Ellis no dejó el un curioso testimonio tardío (1820) en relación con la imagen de la virgen del Pino la cual debió ser muy singular: “Entre otras imágenes extraordinarias de esta isla, una de las más extrañas es la que existe en la iglesia de Teror, una pequeña pero pintoresca aldea situada a unas once millas de Las Palmas. Es de madera, está cubierta de joyas y provista de cuatro brazos, y lo que para alguien que conozca las deidades de La India supondría que intenta representar al dios hindú Visnú, aquí, sin embargo, es la Virgen, y la tradición asegura que hace algunos siglos se la encontró milagrosamente clavada en un pino de un bosque cercano. No obstante, el motivo por el que tiene cuatro brazos es un misterio que dudo que incluso un sacerdote pueda resolver satisfactoriamente.

 

  “El culto a la Virgen del Pino no tuvo en el siglo XVI la popularidad que alcanzó en los siglos posteriores. En lo que respecta a la vida religiosa, el Cabildo Catedral acordó, el 7 de octubre de 1521, ayudar con cinco doblas al clérigo que debía celebrar todos los domingos; y también acordó, el 3 de abril de 1528, que dicho clérigo había de ser obligado a decir Misa todos los días de las fiestas de Nuestra Señora y todos los días de los Apóstoles 40; en este acuerdo se consigna “el Clérigo que subiera y dijera las dichas misas”, de lo que se deduce que por esa época de 1528 no había aún un cura residente. Parece evidente que, antes de 1558, se realizaran procesiones en Teror con la imagen de la Virgen. En el acta de la visita del Obispo Deza en dicho año, se consigna: “...Item unas andicas de madera en que suelen llevar a Nuestra Señora en procesión...”; la procesión se haría por los caminos existentes y sin un itinerario prefijado, como parece desprenderse de una disposición del Obispo de La Cámara y Murga: “porque la procesión de Nuestra Señora de la Natividad se hacía por muchos caminos con grande incomodidad por ser malos dichos caminos y no a propósito y lo mismo la procesión del día del Corpus, mandamos que de aquí adelante las dichas procesiones se hagan saliendo de la Iglesia la plaza adelante”.(Vicente Hernández Jiménez)

 

Existen fundamentos para creer que la primitiva imagen de  Teror representaba a la Diosa Chaxiraxi sincrietizada como virgen de Candelaria, en los tiempos de la primera ermita del Pino. Si nos preguntamos si existió un culto a la virgen de Candelaria antes que a la del Pino. La contestación es afirmativa; la advocación tinerfeña estuvo extendida por todo el Archipiélago, y, por tanto, en Gran Canaria. En este sentido de generalización hay que entender la leyenda, recogida por Viera y Clavijo, de que Sancho de Herrera robó la Virgen de Candelaria y la colocó en Fuerteventura, así como la intercalación de Marín y Cubas, en el capítulo dedicado a la Virgen del Pino, “…continuose la devoción a Nuestra Señora; en que se dixo que luego que salió de Canaria Nuestra Señora de Candelaria, la Virgen en este lugar, todos los años por el tiempo de su Fiesta y los Canarios no olvidaban de celebrar su memoria”

 

El culto de La Candelaria en Teror no se materializó en imágenes católicas, aunque en el templo Parroquial inaugurado en 1600 existió un Altar dedicado a dicha advocación

 

En el siglo XVI la Virgen de la Candelaria era tenida por Patrona General de Las Islas; el Papa Clemente VIII, el 26 de marzo de 1608, concedió con Octava el Oficio de la Purificación en todo el Obispado.

 

Para concluir este apartado veamos un pasaje recogido por A. Millares, en él podemos apreciar como el clero católico y en especial su sanguinario Tribunal de la “Santa Inquisición” en Canarias, el cual aún en sus estertores de muerte en 1820 no dudó en aprovechar la devoción mostrada por el pueblo a la Diosa Chaxiraxi en su aspecto católico como virgen del Pino, para azuzarlos contra los criollos liberales canarios, los cuales a pesar de su supuesta ilustración no dudaron en masacrar al onobulado pueblo, el que siempre ha sido victima del sistema colonial al margen del color político o cultural de quienes ostenten el poder en la colonia.

 

“Sin embargo, el último año, una asonada, que excitando el celo fanático de las turbas ignorantes, se había preparado por el club absolutista, haciéndoles creer, que se les iba á robar la imagen de N. S. del Pino, y otras sandeces tan groseras y estúpidas como ésta, insurreccionó los campesinos, que bajaron armados con intención de atacar la Ciudad, foco de impiedad y liberalismo, desarmar la milicia urbana, y ahorcar los prohombres del bando constitucional.

 

Tan atrevido proyecto estaba en combinación con las noticias secretas recibidas de la Península, y tenían la seguridad, de que el ataque coincidiría con la caída del aborrecido sistema; pero la distancia, el mar, y los correos, fueron excusa de que las tropas liberales tuviesen tiempo de atacar á los sublevados, de derrotarlos en Tafira y Cendro, y  de fusilar, por los trámites sumarios de la ordenanza, al Jefe de los rebeldes, pobre y fanático anciano, llamado Matias Zurita, juguete de la Junta apostólica, cuyos individuos no tuvieron el valor de presentarse, ni la generosidad de salvar aquella triste

victima de nuestras discordias políticas.”

 

El actual pueblo canario continúa adorando-aún en muchos casos sin saberlo-, a Nuestra Diosa- Madre Chaxiraxi bajo la advocación católica como virgen María o cualquier otra de las múltiples denominaciones católicas. (Continuará)

 

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* Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen