El Día Mundial del Medio Ambiente

Wladimiro Rodríguez Brito *

El domingo, 5 de junio, conmemoramos el Día Mundial del Medio Ambiente, una efemérides que solo pretende recordar a la población del maltratado planeta tierra la importancia de cuidar y conservar la naturaleza, el paisaje y la biodiversidad. El primer mensaje que debemos transmitir es esa responsabilidad colectiva que tenemos todos sobre el patrimonio natural y cultural. En ningún caso se puede pensar que se trata de un tema circunscrito a los gobiernos, a las ONG o a cualquier entidad supranacional, hasta el ciudadano más modesto tiene responsabilidad sobre la salvaguarda de una herencia que debemos legar a nuestros hijos, al menos, en las mismas condiciones en que las recibimos de nuestros padres.

En Tenerife, la gestión de un elevado porcentaje de territorio natural protegido no es nada fácil, por muchas razones, desde las limitaciones del territorio hasta la superpoblación que registra ésta y otras islas, la presión urbanística y económica sobre los bordes de estos espacios naturales, pero también el retroceso de la actividad agraria, que suponía no sólo un colchón protector de la naturaleza sino que complementaba, a través de la obtención de recursos naturales, su buena salud (recolección de pinocha, quema de rastrojos en tierras cultivadas, etc.), evitando la acumulación de materiales combustibles en nuestros montes. En este sentido, a nadie le ha pasado desapercibido que hace apenas unas semanas el verano, seco y caluroso, ha llegado para los bosques canarios, con incendios en los montes de Güímar o, el pasado fin de semana, en la Caldera de Taburiente, han puesto de manifiesto que por bien que se haya hecho en años precedentes no se puede bajar la guardia en ningún momento. El riesgo de un gran incendio persiste y persistirá siempre, por muchos helicópteros, medios materiales y humanos que pongamos para extinguirlos. No se puede domeñar la naturaleza y debemos asumir esta idea sin que por ello dejemos de trabajar y velar por la defensa de esta fundamental parte de nuestra naturaleza que constituyen los montes de las islas.

En este sentido, no quiero olvidar la importancia que tuvo, para el rápido control y extinción del reciente incendio de Güímar, que existieran aún tierras cultivadas en las medianías de Agache, ya que eso permitió al helicóptero insular captar agua con prontitud, en las charcas, al borde del fuego, prácticamente, o en el caso del incendio de La Caldera la existencia de depósitos de agua o estanques en la entrada de La Caldera. Nuestro agradecimiento a los propietarios de estos depósitos de agua que nos facilitaron el acceso a este -más que nunca- preciado elemento, demostrando un elevado nivel de sensibilidad ambiental y de civismo.

Como siempre he defendido, el medio ambiente en Canarias necesita a la agricultura y viceversa. En la medida que protejemos a la actividad agraria y a su cultura aparejada estaremos contribuyendo también a la preservación de nuestro patrimonio natural. La cultura rural que apenas nadie defiende, ni con plataformas ni manifestaciones, es una de las claves de nuestra supervivencia como sociedad y cultura diferenciada, orgullosa de su pasado y raíces, que sabe recoger las enseñanzas de antaño para mejorar su presente y su pasado. El patrimonio agrario también es medio ambiente, no siempre bien valorado por una sociedad que se dice defensora del medio ambiente. En mi continuo tránsito por los pueblos de todas las medianías canarias no dejo de escuchar reproches y quejas silenciosas de agricultores y hombres y mujeres de campo que se sienten solos y marginados por una sociedad que prefiere lo urbano, la cultura de la gran superficie y del adosado como ideal de su vida, la del cemento y el asfalto sobre las tierras sorribadas y regadas con sudor y sacrificio.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo de Tenerife