Día Mundial del Refugiado

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Mientras en Europa se debate la reforma de la Unión Europea sin demasiadas posibilidades de éxito, en España, después de la euforia inicial del PP y de sus terminales mediáticas, sobre su triunfo electoral, el 27 de mayo, se consolida el avance socialista en poder autonómico y municipal y, en Canarias, después de la pantomima de "conversaciones" para un pacto de Gobierno con los socialistas -que ganaron claramente las elecciones, bajo un sistema electoral aberrante, se da forma al pacto, anterior a las elecciones, entre Coalición Canaria y el Partido Popular, claramente derrotados, sin que nadie haya asumido la responsabilidad política del fuerte retroceso de ambas formaciones-, más de catorce millones de personas, contra su voluntad, viven fuera de sus países para escapar a la persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas o pertenencia a determinados grupos sociales o étnicos.


Más de la mitad de ellas superan los cinco años en el exilio. No están incluidas aquellas personas que abandonan su lugar de origen, por razones similares a las de los refugiados, pero que han permanecido dentro de las fronteras de su país.


El 20 de junio de cada año, desde 2002, se celebra el Día Mundial del Refugiado. En muchas ocasiones, confundidos con los migrantes que abandonan su tierra natal para mejorar su situación económica, los refugiados huyen de su país para eludir la cárcel, la tortura o la muerte, buscando lugares donde puedan recuperarse de los traumas mentales y físicos y reconstruir una posibilidad de futuro mejor.


Desde que se dio por terminada la ’guerra fría’, millones de niños, mujeres y hombres han sufrido a causa de la explosión de conflictos étnicos, religiosos y civiles, en diversas zonas del mundo, llevando al límite de sus posibilidades a los organismos de asistencia a los refugiados, en sus esfuerzos por proporcionarles asistencia humanitaria.


Pese a la ’buena voluntad’ proclamada por gobiernos e instituciones internacionales, la realidad es alarmante. Por primera vez, en cinco años, el número de refugiados ha aumentado y su proyección es preocupante. Antonio Guterres, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), muestra sus temores: "Mientras crece a nivel mundial el número de personas que tienen que abandonar sus lugares de origen debido a la persecución, la intolerancia y la violencia, debemos hacer frente a los desafíos y demandas de nuestro mandato en medio de un mundo que cambia".


No es infrecuente que los refugiados lleguen a países con gobiernos xenófobos o con tintes racistas, encontrándose con los mismos problemas de intolerancia y acoso. Pero, incluso en los países desarrollados, con democracias consolidadas, los sentimientos de amenaza, persecución, destierro, abandono, desarraigo, incertidumbre y soledad son preocupaciones que no abandonan a quienes tienen que huir de sus hogares y de su país.


Los refugiados tienen derecho de asilo en condiciones de seguridad. Asimismo, deben recibir la ayuda básica y los mismos derechos que cualquier otro extranjero que sea residente legal. Por tanto, tienen derechos civiles, como la libertad de pensamiento, de movimiento, a la asistencia médica, a trabajar y a estudiar. El país de acogida tienen la obligación de no expulsarlos o devolverlos a un país donde puedan correr peligro.


Sin embargo, la realidad diaria y las adversidades adoptan muchas formas y los refugiados tienen que tomar decisiones difíciles. Las organizaciones humanitarias, con recursos limitados, a veces tienen dificultades morales para definir la aplicación de un orden de necesidades prioritarias. ¿Qué resulta más importante para miles de niños que se encuentran en un campamento de refugiados: una escuela o un centro de salud?


Un refugiado puede dejar de serlo según el país donde se encuentre. Puede obtener la ciudadanía en el país de acogida, aunque el Estado no está obligado a proporcionársela. Si comete un delito o si la situación de su país ha cambiado, no será deportado, pero puede ser desposeído de su estatus de refugiado.


La gran mayoría de refugiados proceden de Afganistán (2,1 millones), Irak (1.7 millones), Sudán (686.000), Burundi (400.000), República Democrática del Congo (400.000), Somalia (460.000), Vietnam, Palestina, Líbano y los países receptores, principalmente, son Pakistan, Irán, Alemania, Tanzania y EE.UU.


Según la ONG Cristian Aid, hay alrededor de 155 millones de desplazados internos, cifra que se ha incrementado en los últimos años. El 75% son mujeres y niños. 25 millones lo han hecho por problemas de violencia. Otros 25 millones, a causa de desastres naturales y 105 millones debido a proyectos de desarrollo de plantaciones, represas, caminos o la creación de reservas naturales, principalmente en China y la India. Y, distintos estudios pronostican que, entre 2007 y 2050, mil millones de personas estarán desplazadas de sus hogares. Preocupan, en el futuro, las consecuencias del cambio climático, sobre todo en los países en desarrollo.


También los desplazados se enfrentan a serios problemas. Pierden su entorno familiar, su tierra, su trabajo, el acceso a la educación. Pueden terminar en zonas donde no se habla su dialecto local. Muchas veces, se ven obligados a trabajar en condiciones de explotación o a mendigar para sobrevivir o en áreas de conflictos bélicos. Las mujeres y los niños son particularmente vulnerables a los secuestros o ataques sexuales.


Sudán encabeza la lista, con más de cinco millones. Sólo en la región de Dafur, más de dos millones se han visto forzadas a dejar su hogar, para proteger su vida. Le sigue Colombia, con una estimación de más de tres millones de desplazados. En Irak, dos millones de personas han abandonado sus zonas de residencia. Le siguen Uganda, República Democrática del Congo, Costa de Marfil y Birmania, con más de tres millones de personas en total.


Los desplazados están a merced de sus propios gobiernos, responsables de lo que ocurre en sus territorios. Aunque no sean los gobiernos los que utilizan la violencia para desplazar a la gente, la mayoría fracasa o se niega a la hora de asumir responsabilidades hacia los ciudadanos que han escapado de regiones en conflicto. A diferencia de los refugiados, no existe ninguna ley, ni ninguna organización internacional, dedicada a protegerlos.


Una pregunta: el próximo año, cuando llegue el 20 de junio y proliferen los distintos informes sobre refugiados y desplazados, ¿se habrán reducido sus cifras totales y mejorado sus condiciones de vida?