Día Mundial
del Refugiado
Justo Fernández
Rodríguez
Mientras en Europa se debate la
reforma de
Más de la mitad de ellas superan los cinco años en el exilio. No están
incluidas aquellas personas que abandonan su lugar de origen, por razones
similares a las de los refugiados, pero que han permanecido dentro de las
fronteras de su país.
El 20 de junio de cada año, desde 2002, se celebra el Día Mundial del
Refugiado. En muchas ocasiones, confundidos con los migrantes
que abandonan su tierra natal para mejorar su situación económica, los
refugiados huyen de su país para eludir la cárcel, la tortura o la muerte,
buscando lugares donde puedan recuperarse de los traumas mentales y físicos y
reconstruir una posibilidad de futuro mejor.
Desde que se dio por terminada la ’guerra fría’, millones de niños, mujeres y
hombres han sufrido a causa de la explosión de conflictos étnicos, religiosos y
civiles, en diversas zonas del mundo, llevando al límite de sus posibilidades a
los organismos de asistencia a los refugiados, en sus esfuerzos por
proporcionarles asistencia humanitaria.
Pese a la ’buena voluntad’ proclamada por gobiernos e instituciones
internacionales, la realidad es alarmante. Por primera vez, en cinco años, el
número de refugiados ha aumentado y su proyección es preocupante. Antonio Guterres, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados (ACNUR), muestra sus temores: "Mientras crece a nivel mundial
el número de personas que tienen que abandonar sus lugares de origen debido a
la persecución, la intolerancia y la violencia, debemos hacer frente a los
desafíos y demandas de nuestro mandato en medio de un mundo que cambia".
No es infrecuente que los refugiados lleguen a países con gobiernos xenófobos o
con tintes racistas, encontrándose con los mismos problemas de intolerancia y
acoso. Pero, incluso en los países desarrollados, con democracias consolidadas,
los sentimientos de amenaza, persecución, destierro, abandono, desarraigo,
incertidumbre y soledad son preocupaciones que no abandonan a quienes tienen
que huir de sus hogares y de su país.
Los refugiados tienen derecho de asilo en condiciones de seguridad. Asimismo,
deben recibir la ayuda básica y los mismos derechos que cualquier otro
extranjero que sea residente legal. Por tanto, tienen derechos civiles, como la
libertad de pensamiento, de movimiento, a la asistencia médica, a trabajar y a
estudiar. El país de acogida tienen la obligación de
no expulsarlos o devolverlos a un país donde puedan correr peligro.
Sin embargo, la realidad diaria y las adversidades adoptan muchas formas y los
refugiados tienen que tomar decisiones difíciles. Las organizaciones
humanitarias, con recursos limitados, a veces tienen dificultades morales para
definir la aplicación de un orden de necesidades prioritarias. ¿Qué resulta más
importante para miles de niños que se encuentran en un campamento de
refugiados: una escuela o un centro de salud?
Un refugiado puede dejar de serlo según el país donde se encuentre. Puede
obtener la ciudadanía en el país de acogida, aunque el Estado no está obligado
a proporcionársela. Si comete un delito o si la situación de su país ha
cambiado, no será deportado, pero puede ser desposeído de su estatus de
refugiado.
La gran mayoría de refugiados proceden de Afganistán (2,1 millones), Irak (1.7
millones), Sudán (686.000), Burundi (400.000), República Democrática del Congo
(400.000), Somalia (460.000), Vietnam, Palestina, Líbano y los países
receptores, principalmente, son Pakistan, Irán,
Alemania, Tanzania y EE.UU.
Según
También los desplazados se enfrentan a serios problemas. Pierden su entorno
familiar, su tierra, su trabajo, el acceso a la educación. Pueden terminar en
zonas donde no se habla su dialecto local. Muchas veces, se ven obligados a
trabajar en condiciones de explotación o a mendigar para sobrevivir o en áreas
de conflictos bélicos. Las mujeres y los niños son particularmente vulnerables
a los secuestros o ataques sexuales.
Sudán encabeza la lista, con más de cinco millones. Sólo en la región de Dafur, más de dos millones se han visto forzadas
a dejar su hogar, para proteger su vida. Le sigue Colombia, con una estimación
de más de tres millones de desplazados. En Irak, dos millones de personas han
abandonado sus zonas de residencia. Le siguen Uganda, República Democrática del
Congo, Costa de Marfil y Birmania, con más de tres millones de personas en
total.
Los desplazados están a merced de sus propios gobiernos, responsables de lo que
ocurre en sus territorios. Aunque no sean los gobiernos los que utilizan la
violencia para desplazar a la gente, la mayoría fracasa o se niega a la hora de
asumir responsabilidades hacia los ciudadanos que han escapado de regiones en
conflicto. A diferencia de los refugiados, no existe ninguna ley, ni ninguna
organización internacional, dedicada a protegerlos.
Una pregunta: el próximo año, cuando llegue el 20 de junio y proliferen los
distintos informes sobre refugiados y desplazados, ¿se habrán reducido sus
cifras totales y mejorado sus condiciones de vida?