Un día "sostenible" en una sociedad insostenible
Wladimiro Rodríguez Brito
El pasado 5 de junio conmemoramos el Día Mundial del Medio Ambiente con numerosos actos y rituales como es costumbre en estas ínsulas. No obstante, es bueno advertir del peligro que corremos de convertir esta efeméride en un simple día ritual para lavar nuestras conciencias mientras los 364 días restantes del año nos olvidamos del medio ambiente y del planeta. Para que esto no ocurra, este día tiene que convertirse en motor de un necesario, imprescindible y casi obligado cambio de actitud colectiva respecto a nuestro uso y consumo de los recursos naturales.
Esta sociedad se encuentra en una vía con rumbo discutible que más temprano que tarde terminará en un colapso abrupto y peligroso. La naturaleza nos advierte cada día con más frecuencia que no podemos despreciarla o minusvalorarla en nuestra creciente depredación de la Tierra. Dañar a la naturaleza, esquilmarla, arrasarla, explotarla equivale a perjudicarnos a nosotros mismos y, desgraciadamente, muchas de estas malas acciones son irrecuperables. Sin embargo, aún es posible el cambio, aún es posible salvar una parte importante de nuestro patrimonio natural, esa es la buena noticia. La mala es que no hay visos de que se produzca ese necesario cambio, salvar a la naturaleza es salvar al hombre, puesto que estamos en el mismo barco.
En Canarias son muchos los puntos negros vinculados a daños al medio ambiente, la mayoría causados en las tres últimas décadas, las del "progreso" de nuestra sociedad. En este período no hemos dejado de maltratar nuestro suelo, el suelo agrícola, el agua, proliferan los coches como hongos, que contaminan y disminuyen nuestra calidad de vida, y las 60.000 personas que nos llegan cada año rebasan nuestra capacidad de acogida y sustento que se está colpsando cada día más. En definitiva, este territorio no puede continuar con las pautas actuales y es un acto de cinismo al mismo tiempo realizar declaraciones rimbombantes sobre la sostenibilidad la primera semana de junio y olvidamos lo que hacemos el resto del año.
El millón de personas que moramos en la isla de Tenerife demandamos todos los días 300.000 m3 de agua, es decir, 109 millones de m3/año, las zonas urbanas y turísticas consumen más del 50 por ciento del agua que producen los pozos y galerías de Tenerife. Las desaladoras que aportan agua para el consumo obtenido con petróleo cada día más escaso no parecen una solución de futuro pero de momento nos resuelve el problema. A pesar de lo dicho, algunos no dejan de soñar con decenas de campos de golf y urbanizaciones con lagos y césped brillante, mientras que nuestros agricultores tienen que conformarse con mirar al cielo para que el año sea de lluvia.
Una isla que matricula más de 40.000 coches al año que suman 120 kilómetros (una vez restados los que se desguazan) que se añaden a los 650.000 que ya circulan, no puede ser lógicamente sostenible ni presumir de ello. Para que nos hagamos una idea, si establecemos una media de 4 metros por cada coche nos da una distancia lineal de 2.600 kilómetros, que supera a las apenas 2.000 kilómetros de carreteras existentes en la isla. ¿Quién, que tenga dos dedos de frente, puede pensar que este problema se soluciona ampliando autopistas o desdoblando carreteras?
Lo mismo podríamos decir de los residuos urbanos, productos de una cultura consumista y derrochadora que anega esta comunidad. Esta sociedad se encuentra enferma y los síntomas son evidentes, devalúa y desprecia lo pequeño, lo local, lo tradicional, lo próximo, lo familiar para incorporar como filosofía una malentendida modernidad, un mal aplicado "Camino Americano de la vida". El Día del Medio Ambiente no puede convertirse en un ritual similar al que celebramos desde la noche de los tiempos el 24 de junio, con hogueras, brasas y cenizas, quemando lo que el marco legal no permite incinerar a lo largo del año, es decir, que quemamos en una noche lo que prohibimos en todo el año.
Esta sociedad debe aprovechar el Día Mundial para empezar a sembrar un verdadero compromiso de futuro y esperanza, sobre todo en nuestros jóvenes. Tal y como hicieron 400 montañeros y jóvenes scouts en el Parque Rural de Teno el pasado sábado. Recorriendo y conociendo la naturaleza que tienen el derecho de heredar en las mejores condiciones y el deber de conservar para sus descendientes. Trabajo y acción frente a declaraciones, manifestaciones y manifiestos.
El Medio Ambiente en Tenerife, en Canarias, en el mundo exige un cambio de actitud ante la vida. Los que tenemos responsabilidades en la gestión pública debemos ser capaces y estar atentos para canalizar esa demanda social que algunas veces echamos en falta o es minoritaria. Basta de cinismo y de actitudes contradictoras. Es el momento de luchar juntos contra el derroche y el consumo, a favor de nuestra naturaleza y de nuestra cultura del territorio, la de nuestros antepasados. Lo mejor de ellos con lo mejor de nuestro progreso. Es un sueño posible, no una utopía. Entre todos podemos conseguirlo. Los nietos de los que padecieron hambre, racionamiento y emigración no pueden pensar que estamos predestinados a ser felices y a vivir en la abundancia por gracia divina, derrochando ingentes cantidades de bienes naturales como han hecho muchas minorías desde que el mundo es mundo. El problema es que esa cultura del consumo y del lujo se comienza a extender a grandes colectivos humanos y es evidente que "no hay cama pa tanta gente". Y en esa llegaron los chinos.
Hagamos unas islas más solidarias ambiental y socialmente, el derroche y el lujo siempre han sido cultura de minorías.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife