RAÍCES DE BEJEKE
¿DIGNIFICA EL TRABAJO?
Félix M. Arencibia
El otoño, recién nacido, se vuelve bochornoso e inquieta a los docentes, que intentan asimilar un curso, que dio a luz perezosamente al despertar septiembre. ¿Dignifica el trabajo?, se pregunta Oramas tras la asistencia a la obra Almacenados, dirigida y producida por el canario Juan José Afonso. En ella José Sacristán y Carlos Santos dan vida con sobriedad e ironía a una trama surrealista, ideada por David Desola. Un obrero a punto de jubilarse y uno que consigue su primer trabajo enfrentan sus realidades y rituales. El humor no falta en tema tan importante como es la alienación por el trabajo. Dicha obra hace reflexionar al profesor Oramas sobre el papel del trabajo en la sociedad actual. Le interesa especialmente el sector de la enseñanza, que él conoce por propia experiencia y la de algunas de sus amistades.
El trabajo del docente en las distintas etapas de la educación se torna cada vez más arduo conforme cambia la sociedad. Su labor está cada vez más burocratizada y controlada, la creatividad y la autonomía tienen progresivamente menos cabida. De alguna manera se le quiere convertir en un obrero que aprieta un tornillo, cuando verdaderamente está tratando con seres humanos, de los que surgen nuevas pautas de conducta. El educador se encuentra con un programa que debe interpretar con unos alumnos que llegan de sus hogares y sus barrios con bastantes carencias. Entre ellas están las afectivas; pues los padres están inmersos en la competición de esta sociedad de consumo y muchas veces no les dan el cariño que quisieran. Tampoco les suministran unos hábitos disciplinarios y de responsabilidad, por estas causas los escolares se vuelven apáticos y caprichosos.
A estos problemas de los alumnos, habría que añadir las tensiones familiares y a veces el desajuste emocional producido por la separación de sus padres. Todo ello repercute en la enseñanza y por ende en el profesor. Deberíamos añadir a los expuestos los problemas de marginalidad, que son cada vez frecuentes, y que producen problemas de adaptación y disciplina en los colegios. Ante esta avalancha que se le viene encima, muchas veces el educador no se encuentra apoyado y valorado, ni por la administración, los padres y la sociedad en general.
Todo ello le lleva a la frustración y con ella a la ansiedad y el estrés. Incluso, a veces, supone un serio contratiempo en su vocación y su salud. Algunas otras, aparece lo que se ha dado en llamar el síndrome de burnout, más comúnmente conocido como el síndrome del quemado, que termina quebrando su vocación y su salud. A pesar de lo dicho, los enseñantes llevan adelante su trabajo con gran voluntad y dignidad. El frescor de la tarde se va asentando sobre el espíritu inquieto de Oramas, apaciguándole.
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