DISCURSO
DE POSESIÓN DE RAFAEL CORREA PRESIDENTE DEL ECUADOR
Queridos Compatriotas:
Hace ya más de 50 años, cuando nuestro país estaba devastado por la guerra y el caos, el gran Benjamín Carrión expresaba la necesidad de volver a tener Patria.
Esta frase fue la inspiración de un puñado de
ciudadanos que decidimos liberarnos de los grupos que han mantenido secuestrada
a
Hoy,
Sin embargo, la lucha recién empieza.
Noviembre 26 no fue un punto de llegada, fue un punto de partida.
Eje I.- revolución constitucional
El primer eje de esa revolución ciudadana es
la revolución constitucional. El mandato de la ciudadanía fue claro: queremos una
transformación profunda, nuestras clases dirigentes han fracasado, queremos una
democracia donde se oiga nuestra voz, donde nuestros representantes entiendan
que son nuestros mandatarios, y que los ciudadanos somos sus mandantes. La institucionalidad política del Ecuador ha
colapsado, algunas veces por su diseño anacrónico y caduco, otras por las
garras de la corrupción y las voracidades políticas. El reparto que refleja
Eje II.- lucha contra la corrupción
El segundo eje de la revolución ciudadana es
la lucha contra la corrupción, mal enraizado en nuestra sociedad, pero también
exacerbado por modelos, políticas y doctrinas que ensalzaron el egoísmo, la
competencia y la avaricia como el motor del desarrollo social. Estas aberraciones también tuvieron fuertes
efectos en la seguridad ciudadana y en los niveles de violencia, no solo por la
inequidad y pauperización que las políticas aplicadas en los últimos años han
generado, sino también porque si la competencia es buena en lo económico, ¿por
qué no también competir en las calles?
Para esa lucha contra la corrupción hemos buscado y seguimos buscando
los mejores hombres y mujeres que con manos limpias, mentes lúcidas y corazones
ardientes por
Eje III Revolución Económica.
La política económica seguida por Ecuador desde finales de los ochenta se enmarcó fielmente en el paradigma de desarrollo dominante en América Latina, llamado “neoliberalismo”, con las inconsistencias propias de la corrupción, necesidad de mantener la subordinación económica y exigencia de servir la deuda externa. Todo este recetario de políticas obedeció al llamado “Consenso de Washington”, supuesto consenso en el que, para vergüenza de América Latina, ni siquiera participamos los latinoamericanos. Sin embargo, dichas “políticas” no fueron solo impuestas, sino también agenciosamente aplaudidas, sin reflexión alguna, por nuestras élites y tecnocracias. Los resultados de estas políticas están a la vista, y después de quince años de aplicación, las consecuencias han sido desastrosas. El Ecuador apenas ha crecido en términos per cápita en los últimos tres lustros, la inequidad ha aumentado, y el desempleo se ha duplicado con relación a las cifras de inicios de los noventa, pese a la masiva emigración de compatriotas ocurrida en los últimos años. Se llegó al absurdo de defender como “prudentes” políticas que destruyeron empleo, como aquellas aplicadas en los años 2003-2004. El dogmatismo fue tan grande, que se llamó “populismo” a cualquier cosa que no entendiera el dogmatismo neoliberal. Por el contrario, cualquier cantinflada en función del mercado y del capital, se la asumió como “técnica”, en un verdadero “populismo del capital”. Recordemos a manera de ejemplos, los bancos centrales autónomos y sin control democrático, el simplismo del libre comercio, las privatizaciones, la dolarización y tantas otras barbaridades. Estas políticas han podido mantenerse sobre la base de engaños y actitudes antidemocráticas por parte de los beneficiarios de las mismas, con total respaldo de organismos multilaterales, los cuales disfrazaron de ciencia a una simple ideología, y cuyas supuestas investigaciones científicas se acercaron más a multimillonarias campañas de marketing ideológico que a trabajos académicos. Estos organismos también se convirtieron en representantes de los acreedores y en brazos ejecutores de la política exterior de determinados países, por lo que, además del fracaso económico, también se ha mermado la soberanía y representatividad del sistema democrático, siendo ésta una de las principales fuentes de ingobernabilidad en el país, incomprensible para la tecnocracia. Felizmente, como decía el General Eloy Alfaro, la hora más oscura es la más próxima a la aurora, y el nefasto ciclo neoliberal ha sido definitivamente superado por los pueblos de nuestra América, como lo demuestran los procesos de Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, Bolivia, Chile, Nicaragua y ahora Ecuador. De esta forma, la nueva conducción económica del Ecuador priorizará una política digna y soberana, es decir, más que liberar mercados, liberar al país de los atavismos y poderosos intereses nacionales e internacionales que lo dominan; con una clara opción preferencial por los más pobres y postergados; y priorizando al ser humano sobre el capital. Sin embargo, Ecuador y Latinoamérica deben buscar no solo una nueva estrategia, sino también una nueva concepción de desarrollo, que no refleje únicamente percepciones, experiencias e intereses de grupos y países dominantes; que no someta sociedades, vidas y personas a la entelequia del mercado; donde el Estado, la planificación y la acción colectiva recuperen su papel esencial para el progreso; donde se preserven activos intangibles pero fundamentales como el capital social; y donde las aparentes exigencias de la economía, no sean excluyentes y, peor aún, antagónicas del desarrollo social.
Política
soberana de endeudamiento y manejo de la deuda pública.
Con respecto a la deuda externa, uno de los principales desafíos del Ecuador es vencer la cultura de endeudamiento que hemos adquirido a través de los años, y que nos ha llevado a una situación de sobre endeudamiento altamente costosa para el país. Con la nueva política de endeudamiento el país deberá utilizar tanto ahorro interno cuanto sea posible, y solo endeudarse cuando sea estrictamente indispensable. Para ello, se redefinirá la política de endeudamiento con los organismos multilaterales y gobiernos, y los préstamos externos se usarán fundamentalmente para inversiones productivas que generen flujo de divisas para pagar los préstamos, mientras que los proyectos sociales se financiarían con recursos propios. Sin embargo, no habrá solución integral al problema de la deuda mientras no haya reformas a la arquitectura financiera internacional, por lo que es necesaria una acción concertada de los países deudores para redefinir el criterio de sustentabilidad del servicio de la deuda, determinar la deuda externa ilegítima, así como promover la creación de un Tribunal Internacional de Arbitraje de Deuda Soberana. Desde un punto netamente financiero, la sustentabilidad del servicio de la deuda significa todo lo que un país pueda pagar sin comprometer flujos financieros futuros, independientemente de los niveles de bienestar al que someta a su población. Un criterio de sustentabilidad adecuadamente definido debe considerar implicaciones de bienestar, como por ejemplo, el servicio de deuda que permita a los países endeudados alcanzar las Metas del Milenio. Por otro lado, existe deuda externa ilegítima, adquirida en situaciones dudosas, que no se utilizó para los fines para los que fue contratada, o que ya ha sido pagada varias veces. Luego de definir adecuadamente el criterio de sustentabilidad y lo que es deuda ilegítima, un Tribunal Internacional, imparcial y transparente, debería decidir la deuda a pagar, la capacidad de pago y modo de pago de los países endeudados. Cabe indicar que en estos momentos, no existe dicho tercero imparcial y los países endeudados tienen que acudir al FMI, es decir, al representante de los acreedores. Por otro lado, mientras los países latinoamericanos deben y transfieren ingentes cantidades de recursos al primer mundo, lo cual impide su desarrollo, al mismo tiempo, los países de la cuenca amazónica constituyen el pulmón del planeta, pulmón sin el cual la vida en la tierra se extinguiría. Sin embargo, por ser el aire puro un bien de libre acceso, nuestros países no reciben la justa compensación por el servicio que generan. Con dichos fondos, se podría pagar a los acreedores de los países endeudados generadores de medio ambiente, sin comprometer el desarrollo de estos últimos, dentro de una lógica no de caridad, sino de estricta justicia. Disminuir dependencia y vulnerabilidad a través de la integración regional: El Banco del SUR. Por otro lado, los países latinoamericanos ni siquiera necesitarían de una condonación de deuda, sino de una adecuada reestructuración y financiamiento de la misma. De hecho, en el caso de Ecuador, la transferencia neta con los organismos internacionales es negativa, es decir, en general es más lo que paga que lo que recibe de estos organismos. Es claro que no se puede hablar de ayuda para el desarrollo mientras esta situación continúe. Con la nueva política económica, Ecuador comenzará a independizarse de los organismos internacionales representantes de paradigmas e intereses extranjeros, más aún cuando los créditos multilaterales y el financiamiento en general, son las nuevas formas de subordinar a nuestros países. Por otro lado, al mismo tiempo que los países latinoamericanos buscan financiamiento, la región tiene centenas de miles de millones de dólares en reservas invertidos en el primer mundo, lo cual constituye un verdadero absurdo. Por ello, el traer esas reservas a la región, juntarlas y administrarlas adecuadamente en un Banco del SUR, es decir, el inicio de una gran integración financiera, más que un imperativo económico, constituye un imperativo del sentido común y de soberanía. Para ello, por supuesto, deberá acabar ese sin sentido técnico de la autonomía de los bancos centrales, que, a espaldas de nuestros países, envían nuestras reservas fuera de la región.
El trabajo humano.
Como dice la encíclica Laboren Exercem de Juan Pablo II, el trabajo humano no es un factor
más de producción, sino el fin mismo de la producción. Sin embargo, el neoliberalismo redujo al
trabajo humano a un simple instrumento más que hay que utilizar o desechar en
función de las necesidades de acumulación del capital. Para esto, se generalizaron en América Latina
formas de explotación laboral bastante bien disfrazadas con eufemismos como “flexibilazación laboral”, “tercerización”,
“contratos por horas”, etc. Cabe indicar que, de acuerdo a múltiples estudios,
esta “flexibilización laboral” ha sido una de las reformas que menos resultados
ha dado en la región, sin que exista con ella mayor crecimiento, pero sí una
mayor precarización de la fuerza laboral, y con ello,
mayor desigualdad y pobreza. Pero incluso si la flexibilización hubiere dado
resultado, no podemos rebajar la dignidad del trabajo humano a una simple
mercancía. Ya es hora entiender que el principal bien
que exigen nuestras sociedades es el bien moral, y que la explotación laboral,
en aras de supuestas competitividades, es sencillamente inmoral. Uno de las
principales razones para la explotación laboral ha sido la falacia de la
competencia. Este es un principio ya
bastante cuestionado entre agentes económicos al interior de un país, pero es
un verdadero absurdo entre países, donde debe primar la lógica de la
cooperación, de la complementaridad, de la
coordinación, del desarrollo mutuo. Esta globalización neoliberal, inhumana y
cruel, que nos quiere convertir en mercados y no en naciones, que nos quiere
hacer tan solo consumidores y no ciudadanos del mundo, es muy similar en
términos conceptuales al capitalismo salvaje de
Eje
IV
En cuanto a nuestro IV Eje, la revolución en
las políticas sociales, partiremos del principio de que la inversión en el ser
humano, además de ser un fin en sí mismo, constituye la mejor política para un
crecimiento de largo plazo con equidad.
Sin embargo, Ecuador es uno de los cinco países latinoamericanos con
menor inversión social por habitante, siendo su gasto social per cápita aproximadamente la cuarta parte del promedio de
la región. Es necesario, entonces,
revertir esta situación, para lo cual se requiere liberar recursos de otras
áreas, y básicamente del insoportable peso de la deuda externa. Por ello,
iremos a una renegociación soberana y firme de la deuda externa ecuatoriana, y,
sobretodo, de las inadmisibles condiciones que nos impusieron en el canje del
año 2000. No obstante lo anterior, los países exitosos no solo han tenido un
alto capital humano, sino que también han sido sociedades motivadas, con
energías intrínsecas, mirando juntos hacia los mismos objetivos, socialmente
cohesionados, conjunto de características que se conocen como "capital
social". Lamentablemente, en las últimas décadas es claro el deterioro del
capital social del Ecuador, fenómeno que en gran medida puede ser vinculado a
una estrategia de desarrollo basada en el individualismo de mercado y a los
programas de estabilización y ajuste estructural frecuentemente diseñados en
función del cumplimiento de compromisos externos, obviando los grandes
compromisos nacionales y de esta forma fracturando la cohesión social. En consecuencia, nuestra política económica
integrará explícitamente sus efectos sobre el capital humano y social,
considerando su preservación como fundamental para el desarrollo y por encima
de temporales y muchas veces aparentes logros económicos. En este sentido, la
política social debe ser diseñada como una parte fundamental de la política
económica, y no simplemente con un criterio asistencialista
y como remiendo de esta última. Otro
costo desgarrador de la crisis:
Sectores vulnerables de la sociedad
Otro sector de enorme vulnerabilidad en
nuestra sociedad es el de la población carcelaria. Existe en ese laberinto de
culpabilidad una suerte de ciego rumor del que emergen dolor, soledad y
desamparo. Las leyes impuestas en los años noventa en
Discriminación.
De igual manera lucharemos contra la discriminación en todas sus formas, sobretodo la de género y étnica. Aunque todavía nos falta mucho por hacer, ya hemos dado los primeros pasos al contar por primera vez en la historia con un gabinete donde más del 40% de sus miembros son mujeres, así como al tener el primer ministro afroecuatoriano de la historia del país, nuestro entrañable poeta Antonio Preciado.
Grupos más vulnerables.
Finalmente, no nos olvidamos de los niños de
las calles, del trabajo infantil, de las madres solteras, de los enfermos
terminales, de los discapacitados, y de tantos grupos postergados de nuestra
sociedad. Para ellos, se creará
|
Yo conocí a Bolívar una mañana larga En la boca del Quinto regimiento Padre, le dije Eres o no eres o quién eres Y mirando el cuartel de la montaña dijo Despierto cada cien años cuando
despierta el pueblo
|
Y fue 100
años después de la gesta libertaria bolivariana que volvió a despertar el pueblo,
liderado por el General Eloy Alfaro -discípulo de Montalvo y amigo de Martí-,
para quien “en la demora estaba el peligro”. Ahora, a los cien años de última
Presidencia de Alfaro, nuevamente ese despertar es incontenible y contagioso.
Solamente ayer, en el páramo de Zumbahua, con
nuestros hermanos indígenas, se repetía aquel coral rebelde y cívico que inunda
las calles de América: “Alerta, alerta, alerta que camina la espada de Bolívar
por América Latina” Ahora nos toca a
nosotros, Señores Presidentes. Los pueblos no nos perdonarán si no logramos
avanzar en la integración de Nuestra América, para usar la entrañable
concepción de Martí. Por esta historia de sueños compartidos, el gobierno
ecuatoriano manifiesta a sus hermanos su compromiso profundo con la integración
de nuestros pueblos. Esperamos el
regreso de Venezuela a
Despedida
Queridos
ecuatorianos y ecuatorianas: Llegó la hora.
No hay que temer miedo. Aquel que caminó sobre
la mar y calmó tempestades, también nos ayudará a superar estos difíciles pero
esperanzadores momentos. No nos olvidemos que el Reino de Dios debe ser
construido aquí, en la tierra. Pidan por
mí para que el Señor me dé un corazón grande para amar, pero también fuerte
para luchar. Marthin Luther
King decía que su sueño era ver una Norteamérica
donde blancos y negros puedan compartir la escuela, la mesa,
Dios
bendiga al pueblo ecuatoriano.
Mashikuna
Ñami punchaka chayashka
Shuk shikan, mushk llaktata shaychinaka usharinmari
Ñukanchik gobiernoka tukuy runakunapa gobiernomi kanka.
Pi mana ñukanchikta atinkakunachu.
Fuente: Nacional&Popular
http://www.nacionalypopular.com/index.php?option=com_content&task=view&id=2632&Itemid=154