DISTOPÍA
Teodoro Santana
C
uatro millones de videocámaras en las calles británicas no impidieron el atentado de Londres. Sólo sirvieron para determinar, a posteriori, quienes habían sido los terroristas (unos terroristas muy raros, que van a suicidarse y sacan antes el billete de vuelta en el tren que iban a volar).Sin embargo, el gobierno de Tony Blair ha conseguido el compromiso de la Unión Europea para modificar este año todas las legislaciones estatales de forma que se restrinjan cada vez más las libertades civiles. La policía tendrá acceso a los registros de llamadas telefónicas, mensajes de texto por teléfono móvil y correos electrónicos. Sin orden judicial podrá indagar que llamada ha hecho usted, a qué número, a qué hora y durante cuánto tiempo.
En España ya llevaban la cosa adelantada porque, a la zorruna, el pasado 15 de abril, y dentro de un Reglamento sobre comunicaciones electrónicas, se cuela la potestad gubernativa de "interceptación de las comunicaciones". O sea, la modificación de los artículos 18 y 81 de la Constitución por decreto ley. Se llega al extremo de crear los llamados "Centros de interceptación de las comunicaciones" y los "agentes facultados", en plan 007, licencia para interceptar.
En el Reino Unido ya está en vigor, además, una ley que permite detener a cualquier sospechoso y mantenerlo encerrado indefinidamente, incomunicado, sin abogado, sin notificarle los cargos, sin control médico y sin necesidad de decírselo a sus familiares. Una especie de desapariciones "legales". Como lo de Guantánamo, pero más frescos.
La utopía democrática europea se va disolviendo en una distopía que recuerda la de "1984" de Orwell o la de "The Matrix" de los hermanos Wachowski. En esta película, en un momento dado, Morpheo le ofrece a Neo, el protagonista, dos pastillas: con una, olvidará todo y volverá a un mundo feliz e inconsciente. Con la otra conocerá la verdad, que no es precisamente agradable.
Podemos afrontar la verdad de lo que está pasando. O podemos seguir alienados mientras la realidad no nos alcance. Decidan lo que decidan, no me lo digan por teléfono. Ni por e_mail.