Divorcio en el acto
Alexandro Saco
Qué puede oponerse a que dos
adultos que deciden poner fin al contrato matrimonial lo hagan en un trámite
instantáneo: dogma, leguleyada o moralina de agentes descalificados
para asuntos personales. La libertad no está condicionada por la familia y su
significado, y menos por un trámite que a pesar de las leyes procesales
significa padecimiento ante el absurdo judicial peruano. A pesar de que dos
personas expresan su voluntad de disolver el contrato matrimonial, el Estado
les obliga a regresar en seis meses para ratificar esa intención. El acto
frente a un burócrata municipal que significa en contrato matrimonial no debe
ser protegido por la legalidad, por el contrario, debe ser desprotegido,
limitado a lo que realmente lo puede sostener: los sentimientos y los proyectos
de vida.
Una congresista plantea que
los divorcios de mutuo acuerdo sean resueltos municipalmente. Su razonamiento
es correcto. Dice
Dicho esto es propicio señalar
que el matrimonio no es un acto que se encuentre en
declive. Por el contrario existe toda una industria que responde a las
necesidades que la sociedad de consumo ha impuesto. Para casarse hay que
hacerlo de tal forma. Es casi imposible para una pareja que decide optar por el
matrimonio, evadir la avalancha de requerimientos y opciones del menú
matrimonial, en las que hay, no podría ser de otro modo, para todos los
bolsillos.
La gente se casa, mis
contemporáneos en una proporción de
Volviendo a la constatación de
que el matrimonio no está en declive y de que las parejas siguen optando por
esta extraña mezcla de unión civil y religiosa, es oportuno también comentar
que las separaciones aumentan drásticamente. Hablaré otra vez de mis
contemporáneos cercanos. Por lo menos la mitad de los que optaron por el
contrato civil y la unión religiosa, hace unos pocos años, hoy la desconocen y
encuentran en la legalidad que sostiene ese acto un escollo a su posterior
elección personal. Así como existe un porcentaje importante de gente que en el
matrimonio encuentra una opción de vida validada por las estructuras socio
políticas, existe otro porcentaje al que es obligación allanarle el camino para
que su decisión de separación legal sea automática.
La legalidad no debe sostener
creencias por las que un contrato pueda atar a una pareja, o la someta a lo
indigno de enfrentar un proceso judicial en nuestro país. Es inaceptable que
amparados en una serie de pseudo argumentos, dogmáticos y falsos defensores
sociales pretendan que muchos sigan atados con babas a una situación que en su
vida ha caducado.
Así como a algunos nos parece
algo alucinante comprometer legalmente nuestros sentimientos y proyectos de
vida ante a un funcionario municipal, nos parece también un abuso que la libertad
de decidir una opción de vida, expresada por la voluntad de separación de la
pareja, pueda estar en manos de un señor juez de la tremenda corte. La libertad
para unirse vía el contrato matrimonial existe, el acuerdo de una pareja para
desatar esa unión no admite nada en contra.
11 3 2007