Dos noticias, una buena y otra mala

 

Justo Fernández Rodríguez

 

De cuando en cuando, de forma interesada o no, se producen rumores sobre el regreso al escenario político español de Rodrigo Rato, actual director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los trabajadores, los pensionistas y los funcionarios recordamos la política económica que practicaba cuando era ministro de Economía y Hacienda, en los gobiernos de Aznar, lógicamente beneficiando los intereses empresariales a costa de los trabajadores.


No es el momento de realizar un análisis de su actuación como máximo responsable del FMI, pero parece claro que su voluntad para mejorar la situación de la pobreza mundial y los derechos de los trabajadores no ha sido una prioridad en su actuación. Lo mismo puede decirse del presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, que hace un mes presentó un informe ante el Gobierno de China, aconsejando no tomar demasiado en serio las "denominadas normas de trabajo", precisamente en uno de los países en que más generalizada está la represión del sindicalismo libre y la explotación de los trabajadores.


Una delegación sindical, con representantes de 35 países, ha mantenido sendas reuniones con los máximos ejecutivos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, con resultados que pueden considerarse importantes, si se cumplen.


Paul Wolfowitz anunció que el Banco Mundial, en todos los proyectos de infraestructuras que financie en el futuro, por un valor de alrededor de 558.000 millones de dólares, "deberán respetarse plenamente las normas fundamentales del trabajo de la Organización Internacional del Trabajo" (OIT) en cuanto a sindicación, negociación colectiva, no discriminación, trabajo infantil y trabajo forzoso.


Wolfowitz se comprometió a modificar la metodología del Banco Mundial, en lo referente a la recomendación que el despido fácil de los trabajadores se considere un elemento positivo de la reglamentación comercial. De igual forma, se comprometió a modificar los criterios de que toda forma de reglamentación -como la jornada laboral, los salarios mínimos, el preaviso de despido y la protección contra las prácticas discriminatorias- sea una dificultad para "hacer negocios".


En la reunión con el Fondo Monetario Internacional, los dirigentes sindicales plantearon su preocupación por la creciente influencia mundial de los fondos de contingencia y las inversiones probadas especulativas. Rodrigo Rato expuso su intención de incrementar la investigación sobre la repercusión de dichos fondos y de quienes toman las decisiones económicas.


Asimismo, los representantes sindicales hicieron referencia a la necesidad de cancelación de la deuda de los países con bajos ingresos, el respaldo a los programas de VIH/SIDA en los lugares de trabajo y la reducción de las condiciones en materia de política económica que imponen ambos organismos a sus préstamos, como privatizaciones, liberalización comercial, límite al gasto público y, especialmente, a los gastos sociales, que entran en contradicción con los planes de la ONU de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.


Esa es la buena noticia, con todas las reservas, para quienes han venido incumpliendo promesas y acuerdos, en beneficio de los intereses de las grandes multinacionales.


La mala viene reflejada en el documento "Tendencias Mundiales del Empleo 2007", de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): "Si bien hay más personas trabajando que nunca antes, el número de desempleados alcanzó una cifra récord: 195,5 millones de personas".


Según la OIT, se contemplan sólo modestos avances en los intentos de sacar de la pobreza. 1,37 mil millones de trabajadores que, si bien tienen empleo, viven con menos de dos euros por persona y día.


Juan Somavia, director general de la OIT, confirma que "el fuerte crecimiento económico registrado en los últimos cinco años ha tenido un impacto muy leve en la reducción del número de trabajadores que viven en condiciones de pobreza, junto con sus familias, y esa reducción sólo se produjo en unos pocos países".


El informe insiste en que para reducir las tasas de desempleo se debe fortalecer la relación entre crecimiento y creación de empleo, destacando que:


-Durante la última década el crecimiento se ha reflejado más en el aumento de la productividad que en el del empleo.


-La productividad aumentó un 26%, mientras el porcentaje de empleados sólo lo hizo en un 16,6%.


-El desempleo golpea más fuerte a los jóvenes entre 15 y 24 años, afectando a 86,3 millones de personas, equivalente al 44% de todos los desempleados del mundo en 2006.


-Persiste la brecha de empleo entre mujeres y hombres. En 2006, un 48,9% de las mujeres de 15 años o más, estaban trabajando, por debajo de los índices de 1996.


La disminución más importante del desempleo se produjo en las economías industrializadas y, sobre todo, en la Unión Europea. En Asia Oriental, la tasa de desempleo continuó siendo la más baja del mundo. Muy al contrario, Medio Oriente y África del Norte siguen ostentando el indeseable índice de las mayores tasas de desempleo.


En España, según la Encuesta de Población Activa (EPA), por primera vez se superaron los 20 millones de trabajadores, creándose 687.600 empleos en 2006. El número de trabajadores en paro se situó en 1.810.600, alcanzando una tasa de desempleo del 8,3%, el nivel más bajo desde 1979, pese al repunte producido en el último trimestre. Sin embargo, el nivel de desempleo de las mujeres casi duplica al de los hombres. La tasa de temporalidad, pese a la repercusión positiva de la Reforma Laboral, supera el 33%.


En Canarias, la EPA muestra que el desempleo alcanza a 115.000 personas, un 11,48% de la población activa, situándose en tercer lugar entre las distintas autonomías con mayores tasas de desempleo, después de Andalucía y Extremadura.